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PRIDE. Todos los derechos para todas las personas

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Yaneth Tamayo Ávalos

SemMéxico, Querétaro, Qro., 29 de junio, 2021.- En México los evidentes rasgos de diferenciación basados en prejuicios sociales han menoscabado la dignidad de algunas personas, excluyéndolas de la esfera pública; estas practicas socio culturales reflejan un impacto negativo y diferenciado entre estas y los individuos con los que comparten el espacio social. Generando situaciones que impiden condiciones de igualdad, equidad y justicia, propiciando a su vez opresión y exclusión social que se va heredando conforme pasa el tiempo.

En la actualidad, uno de los principales problemas socio culturales que aquejan a la humanidad tiene que ver con las categorizaciones de género; en dónde los atributos asignados a cada sexo se encuentran determinados por un valor desigual.

Esto es, el sexo funciona como una práctica regulatoria que producen cuerpos que gobiernan; es decir, su fuerza se manifiesta como una especie de poder que controla e impone mediante ciertas prácticas la forma en la que se construye culturalmente el género.

En donde las personas asumen, se apropian y adoptan una norma corporal “de lo que deben ser” según su sexo, asumiendo con ello una identificación binaria, la cual se manifiesta como un imperativo heterosexual para permitir ciertas identificaciones sexuadas y excluir y repudiar otras.

Con lo anterior, hemos de preguntarnos cómo es que en una sociedad moderna en la que existe legislación que prohíbe ese trato diferenciado, aun se siga perpetuando conductas o ideas que parten de prejuicios y estereotipos que diferencian y segregan a las personas. 

La respuesta resulta algo compleja, por ello trataré de explicarla de manera simple; las construcciones sociales son el resultado de la función psíquica mediante la cual una persona incorpora a su estructura mental y emocional los elementos del ambiente familiar y social en el que le tocó vivir.

Estos elementos suelen ser idearios, formas de conducta y definiciones implícitas del ser humano y de sus relaciones interpersonales, las cuales al ser adquiridas de forma inconsciente y a lo largo del tiempo, producen relaciones de poder que encuentran su espacio en estructuras de posiciones o puestos y cuyas propiedades depende de su posición en dichos espacios.

Lo anterior produce que las sociedades se compongan de estructuras originadas por representaciones, percepciones y visiones que en conjunto permiten el surgimiento de sistemas simbólicos que contribuyen a construir un mundo y dotarlo de sentido y significación.

Sin embargo, cuando estos sistemas simbólicos se construyen bajo la ignorancia y el error, se refuerzan las relaciones de opresión, explotación, segregación y discriminación ocultándolas bajo el manto de la naturaleza y benevolencia.

Dicha construcción de la realidad influye socialmente pero no se percibe como tal, de ahí que estos esquemas clasificatorios (prácticas culturales, sexuales, políticas) desempeñen un papel decisivo en la consolidación de nuevas formas de dominio, en virtud de la correspondencia oculta que los vincula a la estructura del espacio social.

Es por ello que estas relaciones al construirse con estructuras mentales dominadas por percepciones, patrones históricos, costumbres y creencias culturales basadas en una diferenciación sexual y estereotipada, propician, aunque en algunos casos de forma inconsciente, la distinción, exclusión, restricción o preferencia a un determinado grupo.

Lo anterior, es lo que ha propiciado que en México no se superen las situaciones socioculturales en las que aún existe una brecha de desigualdad y discriminación, esto a pesar de la existencia de un sistema jurídico regulador.

La falta de empatía y corresponsabilidad por parte de la sociedad, para generar un proceso de transformación se ve abrumado por la costumbre, el estigma y el prejuicio.

Si bien, como individuos no podemos controlar la primera inclinación si podemos alterar la percepción de la situaciones y con ello la reacción frente a estas (se genera desde lo interno al externo), solo basta la necesidad de una historia crítica, que cuestione lo dado y rechace los fundamentos universales, sustituyéndolos por una red de aspectos históricos concretos, en donde sea posible identificar los discursos verdaderos de los falsos, esto es destruir los mitos que ocultan el ejercicio del poder y la perpetuación de la dominación.

Terminando, basta decir que es necesario que las personas seamos conscientes que los roles de género y la discriminación son un constructo social que aumentan los prejuicios y la intolerancia y que estos conducen a la discriminación y a la violencia.

Por ello, estos deben ser deconstruidos para evitar que se sigan perpetuando, pero además se debe tomar las medidas necesarias para prevenir y contrarrestar todas las formas de promoción que constituyan incitación a la violencia, hostilidad y discriminación que se base en razones de género, identidad de género, orientación sexual y/o expresión y diversidad corporal.

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