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Proyecto cubano forma embajadoras para promover copas menstruales

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Apenas empieza a difundirse en el país el empleo del dispositivo, creado en los años 30 del siglo pasado.

Redacción 

SemMéxico/IPS, La Habana, 20 de agosto, 2022.-  Una joven adquirió una copa menstrual on line. Al recogerla, solo le dijeron: dura 10 años. No buscó otro detalle y, tras el primer uso, no la retiró, pensando que duraría esa década, puesta. La información y el acompañamiento son una necesidad para el uso del accesorio que hasta hoy no se comercializa de manera oficial en Cuba.

Para promover una menstruación sostenible, la reducción de desechos sólidos, el empoderamiento de personas menstruantes y la utilización de otros métodos de protección, el proyecto Copas para Cuba forma embajadoras que mediante una metodología especial puedan compartir información y aclarar inquietudes.

La viabilidad del uso se defiende desde el punto de vista ambiental, económico y del empoderamiento y el conocimiento del cuerpo, como primer territorio y espacio de soberanía.

Copas para Cuba

El proyecto desarrollado por las iniciativas La Mina y Tercer Paraíso Cuba persigue promover el uso de la copa menstrual en el país, una alternativa que no solo se enfoca en el beneficio ambiental al evitar los desechos derivados de las almohadillas y sus envoltorios.

Según destacó en uno de los talleres de formación de embajadoras, Laura Salas, coordinadora general de Tercer Paraíso en Cuba, se trata también de dialogar sobre temas que no se tocan, por tabúes persistentes en la cotidianidad, el cuerpo y la menstruación, entre ellos.

En medio de las carencias cotidianas que limitan el acceso a almohadillas –hoy su comercialización es preferentemente en moneda libremente convertible, a no ser algunas escasas ventas subsidiadas para mujeres entre 14 y 55 años, que no cubren los 12 meses del año–, las copas constituyen una opción, pero no se venden en tiendas, entran al país mediante donaciones, por pedidos a familiares y amigos. Algunas personas las importan para su comercialización privada.

Por su ausencia dentro del sistema de salud, no existe hasta ahora un protocolo oficial para el uso de este accesorio, brecha que se busca disminuir con talleres para la formación de embajadoras y entregas gratuitas de copas, recibidas de una donación procedente de Alemania.

A algunas mujeres, la copa les cambió la vida; a otras, les permite reconciliarse con la menstruación y vivir esos días sin el estrés de antes, mientras no faltan quienes con síndrome de ovarios poliquísticos perciben menos dolores bajo vientre.

Casi todas coinciden en la necesidad de acompañar a quienes no tienen acceso a Internet y a residentes en las provincias fuera de La Habana, donde es mucho más difícil el acceso a las toallas higiénica.

Al respecto, Salas destacó que el nombre Copas para Cuba enfatiza ese mensaje: la necesidad de compartir la información y donar esos dispositivos también fuera de la ciudad, algo que ha impedido la escasez de combustible para la movilidad en el país.

A la medida

Sin ser una fórmula acabada, la metodología para que las embajadoras promuevan el uso de la copa en talleres se basa en los preceptos de la educación popular, la cual defiende que todas las personas, sus cuerpos y experiencias son diferentes. Además, propone escuchar y respetar todos los criterios.

Las coordinadoras de los talleres no son expertas, sino que tienen una experiencia práctica en el uso de las copas menstruales.

Para la facilitadora Marbelis González, la copa no es la solución para todas las personas menstruantes, pues existen alternativas respetuosas con el medio ambiente, como las almohadillas de tela, lavables, una versión mejorada de los habituales “trapitos” usados por generaciones ante la carencia de almohadillas sanitarias.

En uno de los talleres se aclaró que no solo las mujeres menstrúan, lo hacen también hombres trans, personas no binarias, de género fluido e intersexo. Por otra parte, algunas mujeres no menstrúan: trans, aquellas con desórdenes hormonales, quienes pasaron la menopausia y las que fueron sometidas a histerectomías.

Uno de los ejercicios en los encuentros consistió en calcular la cantidad de toallas íntimas o tampones utilizados en un día de menstruación, multiplicarlos por los días que dura el período, luego por 12 meses y por 6 y 10 años. El resultado evidenció cuánto desperdicio se genera.

Otro ejercicio invitó a calcular el gasto monetario que representa adquirir las toallas higiénicas para los 10 años que puede durar una copa.

Con marcas comerciales, las almohadillas, por lo general, contienen tela no tejida, polietileno, gel absorbente, pulpa celulosa y adhesivos. Pueden incluir perfumes y cintas siliconadas, aunque se desconoce el contenido de algunas.

Entre las necesidades de quienes se inician o desean iniciarse en el uso de las copas está la aclaración de dudas y el acompañamiento de las coordinadoras de los talleres ante situaciones probables.

La práctica del proyecto ubica entre las preguntas más frecuentes las relacionadas a quiénes pueden usar esos dispositivos, sus tallas –se recomienda S para menores de 30 años sin haber parido y M para madres mayores de esa edad–, cómo ponerlos y quitarlos, cuánto tiempo se puede dejar puesto, su higienización fuera de casa y cómo reconocer copas auténticas y falsas, ante testimonios de la presencia de estas últimas en el país. (2022) 

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