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Ráfaga| Con la salud no se juega, señor Presidente

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• Entienda es más que un ciudadano común. Gobierna a un país mundialmente importante. Tampoco le interesa la seguridad personal


Jorge Herrera Valenzuela
SemMéxico, Ciudad de México, 14 de octubre del 2022.- Hace un año bajaron a Colón desaparecieron los cuatro evangelistas.


Minimizar, con un “ya lo sabían”, la serie de enfermedades que padece el Presidente de México, es exactamente igual la irresponsabilidad de afirmar que no necesita guardias de seguridad “porque el pueblo me cuida”. Desde el momento en que le ponen, sobre el pecho, la banda presidencial, protesta guardar y hacer guardar la Constitución Política y se le saluda con 21 disparos de cañón, el hombre deja de ser un ciudadano común y corriente.


Desde el día que lo conocí, en persona, al presidente Adolfo Ruiz Cortines, advertí por su recia personalidad, su personalidad y su hablar, que siempre sería –yo—el primero en exigir que al Presidente de México se le respeta.


Es el mexicano encargado, responsabilizado por los electores, de mantener la unión de sus gobernados/as, el ejecutor de programas para el progreso nacional. Velar por la estabilidad social, política y económica del País. Por ello el Presidente de México contaba con una ayudantía civil y el resguardo militar.


El Estado Mayor Presidencial, tuvo como principal responsabilidad cuidar la seguridad, durante las 24 horas del día, los seis años, del hombre que los electores/as llevaron a la Presidencia de la República. Mantener vigilancia, sin restarle privacidad, en todos los sitios donde estuviese el Primer Mandatario y Comandante de las Fuerzas Armadas. No atendían a un ciudadano común y corriente, porque dejó de serlo al asumir la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos.


No me importa de qué partido político sea. Tampoco me opondré a su ideología. Durante el siglo pasado fueron presidentes “emanados de la Revolución”, unos militantes del PNR y del PRM, de 1929 a 1946. Los últimos 9 fueron postulados por el PRI.


En este siglo de la inmediatez cibernética, las y los mexicanos no hemos sido afortunados/as.

Comenzaron dos presidentes PANistas que “no dieron pie con bola”, siguió un PRIista fabricado por la televisión y en 2018 un tabasqueño arrasó en las urnas, sentó un record al obtener en las urnas un triunfo multimillonario de votos.


Dieciocho años de campaña le antecedieron. Postulado por el PRD en 2006 perdió con mínimo porcentaje, pero no lo admitió. Seis años después no ganó y en la tercera, la vencida, cumplió su sueño de ocupar el despacho presidencial de Palacio Nacional.


Con anticipación descartó la permanencia del Estado Mayor Presidencial, porque elementos de dicha corporación lo mantuvieron a raya durante años. No tuvo acceso a Palacio Nacional ni a la residencia de Los Pinos. El hijo de Macuspana incumple su promesa de campaña no solo incumplió retornar al Ejército y a la Marina a sus cuarteles. Militares y Marinos estarán en la calle hasta 2028 como policías, además de realizar muchas actividades ajenas a sus funciones específicas.


Irresponsable, no cuida su salud
El Presidente de la República es un ser humano, cuyas funciones lo requieren de tiempo completo durante seis años. Cierto, los señalamientos constitucionales enmarcan, jurídicamente, sus actividades y su observancia no implica que trabaje 16 horas continuas los siete días de la semana.


Tampoco respeta los horarios normales de un ser viviente: 8 horas laborables, otra tantas para ejercicio y tomar los alimentos y las restantes ocho del día para descansar, distraerse y dormir. El hombre que decidió vivir en Palacio Nacional, en un departamento que dice construyó el presidente Calderón, no vacaciona ni una semana.


Al darse a la publicidad documentos confidenciales que estaban en la Secretaría de la Defensa Nacional, el Presidente de México tomó con humor negro el suceso. “El que nada debe, nada teme. No tenemos nada que ocultar. Lo de mis enfermedades ya lo sabían”. No comparto esas ideas, como tampoco millones de mexicanas y mexicanos.


Es muy grave que los delincuentes cibernéticos tengan en su poder información que puede ser usada contra el mismo gobierno y su presidente. El “hackeo” tiene una finalidad, que desconocemos. No lo hicieron por que se les ocurrió, al fin que ya habían consumado en otros países. Me importa lo que pasa en mi casa, no en la ajena.


(Recuerdo que el presidente Luis Echeverría Álvarez desde su campaña, en 1970, acostumbró realizar sesiones, convenciones y reuniones de trabajo por largas horas. En su función, los salones de la residencia presidencial de Los Pinos siempre estaban ocupadas por funcionarios/as, empresarios/as, dirigentes campesinos/as, líderes sindicales. No había descanso. Vivió más de cien años).


El creador y la naturaleza
El sábado 8 de este mes en Tula, Hidalgo, el tabasqueño habló al término de su recorrido por las refinerías. En la de tierras hidalguenses supervisó los trabajos de rehabilitación para reducir y eliminar “la región más contaminada del mundo”, según sus propias labras.


Esto declaró:
“Va a seguir habiendo trabajo, mientras estemos con vida, porque yo estoy seguro que vamos a terminar nuestro Gobierno, porque nos va a ayudar el Creador y nos va a ayudar la naturaleza y nos va a ayudar la ciencia“.


En su discurso dirigido a las y los trabajadores manifestó: “Y ya me faltan dos años, pero es muchísimo, muchísimo tiempo, porque yo no trabajo ocho horas, trabajo 16 horas diarias, los siete días de la semana, por eso es como si me faltaran todavía cuatro años”.


Exactamente eso es lo que el Jefe del Ejecutivo Federal no entiende. Considera que el esfuerzo sobrehumano se lo aplaudirán, cuando ocurrirá todo lo contrario.


Sus constantes viajes aéreos y los recorridos terrestres, trastornan y desequilibran el organismo humano, al sufrir constantes cambios de presión. El sábado pasado viajó de la Ciudad de México a Salamanca, de ahí a Tula y retornó a su casa-oficina, en la Capital Mexicana. No olvide su mal cardíaco y la edad que tiene.


Los fines de semana el tabasqueño viaja en aviones comerciales o militares. Ahora, inclusive, usa helicópteros. Recientemente fue de la Ciudad de México a Colima, después de ahí a Baja California, luego, en el mismo día, a Nuevo León. Tres vuelos “cortos”.


En fin, las subidas y bajadas de las aeronaves le pueden afectar en cualquier momento, pues padece “angina (de pecho) inestable de grave riesgo”, además de gota e hipotiroidismo y sufrió un pre infarto cuando andaba en su terruño natal. Eso se llama jugar a morir, retar a la muerte. Es populismo para ser mártir.


Señor Presidente de México:
Deseo con toda sinceridad y respeto que el Creador lo ayude y le cuide su salud.


En la etapa final acepte sus errores, reconozca que en aras de su egolatría, viola los preceptos constitucionales. Vivimos un clima de violencia en el que debe respetarse a los delincuentes porque “también son humanos” y la política de “abrazos no balazos” es proteger a los narcotraficantes.


Tenemos un México que, desgraciadamente, desde sus “mañaneras”, Usted lo ha dividido, repercutiendo hasta en el seno familiar y distanciando a viejos amigos/as.


No queremos vivir, dramáticamente, presenciando la disputa de los arribistas que ansían el poder para satisfacer sus ambiciones o abrir las puertas, del poder público, a la delincuencia organizada.
jherrerav@live.com.mx

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