Día Internacional de la Mujer RuralMujeres

Sin tierra ni poder mujeres rurales producen el 50 por ciento de los alimentos

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  • Representan la cuarta parte de la población femenina, el 90 por ciento hace trabajo no remunerado
  • Padecen discriminación, violencia y grandes cargas de trabajo, transparentadas por el Covid 19
  • 15 de octubre: Día Internacional de las Mujeres Rurales: fundamentales para la conservación de los recursos naturales

Libertad López

SemMéxico, Cd. de México, 15 de octubre, 2021.- Las mujeres del campo participan activamente en la promoción del desarrollo agrícola, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, en el país 27.4 millones de personas viven en zonas rurales, definidas como localidades de menos de 2 mil 500 habitantes, el 50.7 por ciento son mujeres y 75 por ciento de ellas, más de un millón tienen más de 12 años.

Estadísticas del Instituto Mexicano para la Competitividad IMCO y del INEGI, señalan que una de las funciones más importantes de las mujeres rurales, casi una cuarta parte de toda la población femenina del país, es la de conservar los recursos naturales.

Todo ello al recordar que la Organización de las Naciones Unidas ONU estableció hace 13 años, el 15 de octubre de 2008, el Día Internacional de las Mujeres Rurales para reconocer su   función y contribución decisivas en el mundo.

Las mujeres rurales constituyen casi una cuarta parte de la población femenina nacional.  De 61.5 millones de mujeres, el 23 por ciento habitan en localidades rurales y el 75 por ciento de ellas son mayores de 12 años.  

A pesar de su importancia   tienen menos oportunidades en comparación con las mujeres de zonas urbanas. 

Así lo señala el IMCO que   presenta un breve diagnóstico de las condiciones que viven estas mujeres, así como algunas propuestas para responder a sus necesidades.

Dice que buscando   un país más competitivo en el que las mujeres de zonas rurales tengan más oportunidades, es necesario implementar políticas públicas que fomenten su autonomía económica.

Esto se puede lograr con mejores estadísticas que capten la situación de las zonas más alejadas, inversión en infraestructura básica y acciones para involucrar más a las mujeres en la toma de decisiones de sus comunidades.  

La CIM llama a considerarlas

Por su parte la Comisión Interamericana de Mujeres, CIM, en información difundida por este día, señala que las mujeres rurales han sido históricamente invisibilidades, especialmente en los espacios de poder. Aún en la actualidad, las mujeres rurales siguen enfrentando desigualdades socioeconómicas que limitan el reconocimiento y la plena valoración de su trabajo reproductivo, productivo y comunitario.

Advierte, refiriéndose a las américa, que se atraviesa por un momento coyuntural en donde la labor y el activismo de las mujeres rurales es clave e indispensable.

Los impactos de la pandemia por el COVID-19, sumado a todo lo que conlleva el cambio climático, han profundizado las desigualdades y ha puesto en evidencia la importancia de la preservación del medio ambiente, la producción de alimentos y la organización comunitaria, roles asumidos históricamente por las mujeres rurales.

Participación económica en zonas rurales

La participación económica de las mujeres en México es baja.  A nivel nacional, en 2019, cuatro de cada 10 mujeres participaban en el mercado laboral.  Sin embargo, en las localidades rurales esta tasa es aún menor:  menos de dos mujeres de cada 10 (18 por ciento) tienen un trabajo o están en búsqueda de uno.  

Con esta cifra, la brecha entre sexos de las tasas de participación económica en zonas rurales es de 46 puntos porcentuales (ppm), mientras que a nivel nacional es de 35 pp. 

En zonas urbanas, la diferencia entre las tasas de participación de hombres y mujeres es de 29 ppm, 17 ppm menor a la brecha en las zonas rurales, según la   Encuesta Interesal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El análisis del IMCO del año pasado considera que a las zonas urbanas como las localidades con más de 100 mil habitantes. 

Al mismo tiempo, el porcentaje de mujeres que habita en zonas rurales y se encuentra fuera del mercado laboral es alto, 8 de cada 10 mujeres no tiene un trabajo, mientras que 3 de cada 10 hombres se encuentran económicamente no activos. 

En las zonas urbanas estas cifras son menores:  el 59 por ciento   de las mujeres no se encuentra económicamente activa, mientras que para los hombres este porcentaje representa el 30 por ciento   Los hombres que habitan en zonas rurales representan el 77 por ciento   de la población ocupada, mientras que las mujeres representan únicamente el 23 por ciento.

Mujeres rurales, clave para un mundo sin hambre ni pobreza: ONU

Conseguir la igualdad de género y empoderar a las mujeres no solo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la desnutrición.

En promedio, las mujeres representan algo más del 40 por ciento de la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo, pudiendo llegar a más del 50 por ciento en determinadas partes de África y Asia. Cifras contrastantes con México, donde, según IMCO, donde 8 de cada 10 mujeres no tienen trabajo.

Y ONU dice, que aún con su función fundamental para la conservación y la producción de alimentos, se enfrentan a una discriminación significativa en lo que respecta a la propiedad de la tierra y el ganado, la igualdad de remuneración, la participación en la toma de decisiones de entidades como las cooperativas agrarias, y el acceso a recursos, crédito y mercado para que sus explotaciones y granjas prosperen. 

Todo ello se traduce no solo en el empeoramiento de su calidad de vida, sino en un obstáculo mundial para acabar con la pobreza y el hambre ya que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos, la producción agrícola en los países en desarrollo aumentaría entre 2,5 y 4 por ciento y el número de personas desnutridas en el mundo disminuiría aproximadamente entre un 12 por ciento y un 17 por ciento (FAO, 2011).

Este Día Internacional, bajo el tema «Las mujeres rurales cultivan alimentos de calidad para todas las personas», apreciemos la labor de estas heroínas en la lucha contra el hambre, tal cual marca el reto 2 de nuestros Objetivos de Desarrollo Sostenible (Hambre Cero), y reivindiquemos unas zonas rurales en las que estas agricultoras y ganaderas, muchas de ellas parte de la economía informal y simultáneamente mantenedoras de sus hogares, puedan contar con las mismas oportunidades que los hombres. 

Buscan difundir tecnologías y buenas prácticas para disminuir cargas de trabajo de las mujeres rurales.

Desde abril pasado, hace 5 meses se lanzó la Campaña #MujeresRurales, #MujeresConDerechos Capítulo México, con un llamado para identificar tecnologías y prácticas ahorradoras de tiempo en áreas rurales.

Las mujeres rurales tienen hasta una triple carga de trabajo: en la producción de alimentos, en los cuidados dentro del hogar y en las diversas tareas comunitarias. Datos de la Comisión Económica para América Latica y el Caribe (CEPAL), con anterioridad a la crisis sanitaria del COVID-19, ya mostraban que las mujeres destinaban a las actividades de trabajo doméstico y de cuidados entre 22 y 42 horas semanales.

En las zonas rurales en México, las mujeres dedican hasta 33 horas a la semana al trabajo no remunerado del hogar (trabajo de cuidados) y los hombres solo 6: una diferencia de 27 horas por semana, mayor que en zonas urbanas, donde la diferencia es de 19.2 horas semanales (Pacheco y Florez, 2014).

El confinamiento por la pandemia de la COVID-19 ha aumentado más las cargas de trabajo de las mujeres como principales encargadas del cuidado y a su vez ha aumentado el riesgo de ser víctimas de violencia de género. Además, debido al cierre de las escuelas, ha recaído en ellas la atención directa en la educación de niñas, niños y adolescentes.

Por ello, el objetivo de la campaña es identificar tecnologías y buenas prácticas de producción, comercialización y de autogestión que disminuyan las cargas de trabajo y reduzcan esfuerzos físicos y el tiempo que invierten para desarrollar sus actividades productivas y de cuidados, promoviendo así el empoderamiento de las mujeres rurales.

La campaña busca sistematizarlas y difundirlas, para que puedan replicarse y escalarse, mejorando el acceso a infraestructuras, tecnologías y buenas prácticas productivas y de cuidados ahorradoras de tiempo, que permitan a la vez mejorar los rendimientos en la producción agroalimentaria y diversificar sus medios de vida.

Diagnóstico del IMCO

¿CÓMO SE DISTRIBUYEN LAS MUJERES SEGÚN EL TIPO DE OCUPACIÓN?

El porcentaje más alto de mujeres ocupadas (26 por ciento) se ubica en actividades de apoyo o servicios elementales.  Esta clasificación se refiere a las trabajadoras que auxilian en los procesos productivos, realizando actividades sencillas y rutinarias que implican básicamente esfuerzo físico, destreza motriz y conocimientos básicos que se aprenden en la práctica.  Incluye a las trabajadoras en actividades agropecuarias, forestales, de pesca, caza, apoyo en la minería, construcción e industria.  Por ello, las mujeres juegan un rol clave en la seguridad alimentaria.

 La segunda ocupación con mayor porcentaje de mujeres en zonas rurales es el comercio y ventas (16 por ciento).  Según el Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones, en esta división se clasifican las mujeres que se encargan de la compra-venta de bienes y servicios; así como de realizar actividades de promoción, exhibición y acomodo de mercancías y la atención a clientes en servicios de alquiler.  Incluye a los dueños, supervisores y encargados de establecimientos comerciales.  

Así el sector servicios y de comercio son los tipos de actividades con mayor porcentaje de mujeres ocupadas (53 por ciento).  En las zonas rurales, el 48 por ciento de las mujeres ocupadas se encuentra en el sector servicios, mientras que el 20 por ciento trabaja en alguna actividad de comercio. 

La situación de los hombres es distinta, el 52 por ciento trabaja en el sector agropecuario, ganadero y de caza.

El involucramiento de las mujeres rurales en la economía puede ser trascendental para una familia y su comunidad.  Aunque no hay cifras agregadas, existen diagnósticos locales que ofrecen datos alentadores.  Por ejemplo, Alternare A.C.  estima  que  la  capacitación  en  producción agroecológica  para  la  seguridad  alimentaria  de  10  mil  200  mujeres  en  la  Reserva  de  la  Biosfera Mariposa  Monarca  ha  representado  un  50 por ciento  de  ahorro  en  el  gasto  familiar  a  través  de  la producción  para  el  autoconsumo,  un  aumento  en  la  productividad  de  su  parcela  de  entre  50 por ciento  y 60 por ciento  y  una  disminución  del  30 por ciento   en  los  costos  de  producción  derivada  del  ahorro  en  la  compra de  agroquímicos.

 Población mayor a 12 años por condición de trabajo no remunerado

 De acuerdo a la Encuesta Interesal del Inegi 2015, en las zonas rurales, el 48 por ciento   de los hombres mayores a 12 años realiza trabajo no remunerado, mientras que, para las mujeres, este porcentaje asciende al 90 por ciento. 

El 45% de los hombres no realiza trabajo del hogar y cuidado infantil.  Únicamente el 9.5 por ciento de las mujeres mayores a 12 años no dedica tiempo al trabajo del hogar y cuidado infantil.

Cifras   similares en las zonas urbanas, donde el 89 por ciento de las mujeres mayores a 12 años realiza trabajo no remunerado, en contraste con el 57 por ciento   de los hombres.

El 40 por ciento de los hombres no realiza trabajo del hogar y cuidado infantil y solo el 10 por ciento de las mujeres mayores a 12 años no dedica tiempo al trabajo del hogar.

Propietarias de tierra, apenas un millón

Indujeres reporta que a pesar de que las agricultoras producen la mitad de los alimentos, la tenencia de la tierra representa una de sus mayores dificultades. 

De acuerdo con datos del Registro Agrario Nacional (RAN), del padrón de 4.9 millones de personas que poseen núcleos agrarios en todo el territorio, más de 3.6 millones son hombres y únicamente 1.3 millones son mujeres (26 por ciento).

Los datos por entidad federativa muestran una diferencia significativa entre mujeres y hombres propietarios de ejidos y comunidades existentes en el país.  Tabasco es el estado con mayor porcentaje de mujeres propietarias de tierra con 35 por ciento de las mujeres ejidatarias, comuneras, posesionarias y avecinadas certificadas. 

Por el contrario, Yucatán es la entidad federativa con menor proporción de mujeres propietarias de tierra, donde el 12.6 por ciento   son mujeres, según datos al corte del   31 enero de 2020 y considera a las personas ejidatarias, comuneras, posesionarias y avecinadas certificadas. Indujeres explica que ser propietarias de tierra es fundamental para acceder a los beneficios de éstas. 

En numerosas comunidades rurales e indígenas, cuando los hombres emigran a Estados Unidos las mujeres son las que trabajan las tierras, pero no se les reconoce los derechos sobre ellas, aún si los dueños no regresan.  Al no ser propietarias de la tierra, las mujeres no pueden recibir apoyos de programas de equipamiento, de infraestructura ni créditos o apoyos económicos por pago de servicios ambientales.

Mujeres sin poder ejidal

Mujeres a cargo de los órganos ejidales Existen historias, como las documentadas por Adriana Navarro Ramírez y Roxana Chávez Elorriaga en Mujeres del SAM (Sistema Arreciar Mesoamericano), que reflejan cómo mujeres líderes se han convertido en agentes de cambio positivo para sus comunidades.

 En 2016, se reformó la Ley Agraria para que las candidaturas a puestos dentro del comisariado ejidal y el consejo de vigilancia tuvieran al menos 40 por ciento mujeres (artículo 37).  Sin embargo, al cierre del año pasado de los 14 mil 531 ejidos y comunidades con órganos de representantes solo el 7.4 por ciento fue presidido por una mujer, mientras que el resto por hombres, según cifras del RAN.   Esta distribución desigual está presente en todas las entidades federativas, ya que el porcentaje máximo de mujeres presidentas de los ejidos es únicamente el 20 por ciento en la Ciudad de México. Yucatán es la entidad federativa con menor participación de las mujeres en la toma de decisiones.

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