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Soledad Jarquín Edgar: “Las mujeres somos el botín de una guerra no declarada que vivimos en México”

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  • Esta madre, periodista y defensora de derechos humanos, ha venido a Europa para denunciar al Estado Mexicano ante la ONU por falta de justicia en el asesinato de su hija María del Sol Cruz Jarquín, ocurrido hace cuatro años.
  • “Desde finales del siglo pasado las madres nos hemos convertido en un actor político    en México”: Jarquín Edgar

Gloria López

SemMéxico/AmecoPress, Madrid, 08 de julio del 2022.- Por muy sereno que sea el relato de una madre acerca del asesinato de su hija, conmueve. Por mucho que el caso particular represente el contexto estructural de un país en el que anualmente se reporta el asesinato de 3000 mujeres, el testimonio no deja de sentirse dramáticamente único. Por mucho que se conozcan las altas tasas de impunidad (97 por ciento) en feminicidio en México y seamos conscientes de la complejidad de un entramado político, económico y social que justifica la violencia y obstaculiza el acceso a la justicia, la historia de esta madre, peleando y buscando condena y reparación, genera tanta indignación como empatía. Esta madre, periodista y defensora de derechos humanos, es Soledad Jarquín Edgar. Ha venido a Europa para denunciar al Estado mexicano ante la ONU por falta de justicia en el asesinato de su hija María del Sol Cruz Jarquín, ocurrido hace cuatro años.

María del Sol Cruz Jarquín fue asesinada en la población Juchitán de Zaragoza, en el estado de Oaxaca, con armas de alto calibre junto a la candidata local del PRI Pamela Terán y su asistente Adelfo J.G. a la salida de un restaurante. Sol estaba cubriendo la campaña electoral de Hageo Montero López. Tenía 27 años.

Cuatro años más tarde, el feminicidio político que fue el asesinato de Sol Cruz sigue sin resolverse y el caso se ha sobreseído, tras un proceso cargado de irregularidades, en el que se falsificaron y se hicieron desaparecer pruebas y se inventaron testigos. “Flojera mental” por parte de las instituciones y una buena dosis de corrupción empañan el acceso a la justicia en un país peligroso para ejercer el periodismo y especialmente peligroso para las mujeres: en lo que va de año ya son 12 periodistas asesinados, 150 desde el año 2.000, según Reporteros sin Fronteras, y se producen más de 10 feminicidios al día.

Soledad Jarquín, Premio Nacional de Periodismo en México en 2006 y defensora de los derechos humanos prosigue con calma la descripción de un acontecimiento que cambió su vida y la de su familia para siempre. «En el caso de mi hija María del Sol se cometieron tres delitos: un delito electoral, por enviarla de forma ilegal a una comisión electoral, siendo ella una funcionaria. El delito de feminicidio de ella y de la regidora que murió en el mismo ataque, y el robo de su equipo, imagino que para borrar evidencias.»

Desde ese día, el empeño de esta madre por sentar en el banquillo a los responsables materiales e intelectuales del asesinato de su hija la ha llevado a enfrentarse al Estado mexicano, incluso con grandes riesgos para su propia vida, por lo que se ve obligada a llevar escolta. “Desde finales del siglo pasado las madres nos hemos convertido en un actor político en México”, explica la periodista. Son ellas quienes protestan en calles y plazas y quienes golpean puertas de instituciones exigiendo justicia para sus hijas.

Y es que a pesar de que México cuenta con un “andamiaje jurídico y legal impresionante”, no hay voluntad política de cumplir lo que recogen las leyes. “La justicia, la seguridad, el progreso, el desarrollo de las mujeres sigue estancado” y los Gobiernos “no hacen su trabajo”. “El sistema de impartición de justicia sigue atravesado por el machismo y sigue juzgando sin perspectiva de género”, sentencia la defensora.

La impunidad lanza el mensaje de que “no pasa nada por ejercer la violencia contra las mujeres” y también elude la reparación para las víctimas y sus seres queridos. Jarquín reconoce que “no estaría aquí si no fuera por la presencia de otras mujeres”, organizaciones feministas, amigas, y también gracias a la organización que le ha acompañado en el proceso dándole apoyo integral, Consorcio Oaxaca.

Soledad llega a Madrid después de viajar por medio mundo para que se haga justicia. Ha visitado la ONU, la Comisión Europea, se ha entrevistado con autoridades y organizaciones sociales en Ginebra, Berlín, París, Barcelona y Madrid. Aunque no va a recuperar a su hija, quiere que su asesinato no quede en el olvido, que se reabra la investigación, que se sepa que en México se puede asesinar sin que nadie responda por ello. “Tenemos un 97 por ciento de los casos de mujeres asesinadas que nunca son aclarados. Estamos hablando de más de 3.000 mujeres asesinadas por año en México. Eso es escandaloso. El 50 por ciento de esas mujeres son asesinadas en la casa por una persona conocida, pero a la otra mitad las asesinan en la calle. “Las mujeres en la calle nos hemos convertido en el botín de una guerra no declarada que vivimos en México”.

El crimen organizado y los cárteles de narcotráfico se extendieron por todo el país en 2018, con la connivencia de los poderes públicos, explica la periodista. “Matar es muy fácil y hay sicarios montados en motocicletas capaces de acabar con la vida de una persona por 150 euros”.

Cuando la periodista expresa estos datos ante un auditorio europeo los gestos de sorpresa son frecuentes. “Quiero recordar que México es el país que más llamamientos de las Naciones Unidas recibe por este tipo de violaciones de derechos humanos”. México ha firmado todos los tratados, convenios y acuerdos internacionales para proteger la vida de las mujeres, “los organismos que los han promovido, tendrían que exigirle que los cumpla”, subraya.

Tribunal Feminista

En noviembre de 2021, el asesinato de María del Sol Cruz Jarquín fue incluido en un tribunal feminista, formado por organizaciones de la sociedad civil, que realiza propuestas en cada caso para sortear el bloqueo de la justicia y reparar a las víctimas. «Invitamos a cinco expertas mexicanas, algunas de ellas habían tenido que ver con exitosos litigios internacionales como el del Campo Algodonero y el caso Digna Ochoa. En ese tribunal hubo una sentencia sobre los siete casos presentados. Y en el caso de mi hija María del Sol concluyeron que la única vía posible para acceder a la justicia era la vía internacional”. Por eso Soledad Jarquín ha venido a Europa.

«Esperamos que la CEDAW acepte el caso e investigue y pueda hacer recomendaciones a México. Tal vez no pase nada, pero por lo menos habremos puesto el dedo en el renglón y ello nos sirve de reparación. Que la CEDAW haga un llamado de atención y recomendaciones al Gobierno mexicano, para mí es un acceso a la justicia.”

“Desde que existe el Instituto Nacional de las Mujeres, hace 22 años, es decir, desde que se crea y oficializa la política pública en México, no ha habido una sola campaña permanente y sistemática, por todos los medios, que diga que la violencia contra las mujeres es un delito que cuesta la cárcel”, lamenta. “Educar es muy importante”, sentencia, y “crimen que no se castiga, crimen que se repite”.

Semillas de cambio

Este fenómeno de las violencias tan cotidianas y normalizadas fue, según la activista, lo que en México “metió a las chavas (las jóvenes) en el movimiento feminista, que en 2019 salen a las calles y lo rompen todo”. Jóvenes, feministas históricas y ese nuevo sujeto que son las madres, trabajan juntas frente a los feminicidios, las violencias sexuales, el acoso… y son también las que llevan la agenda feminista a los medios de comunicación, ese terreno en el que Soledad Jarquín Edgar plantó tantas “semillas de cambio”: el periodismo con perspectiva de género.

“Para la sociedad de hace 30 años en México ser feminista era lo peor que te podía pasar”, asegura, recordando el esfuerzo que una generación de mujeres periodistas como la suya tuvo que realizar al “mirar de frente temas que pasaban inadvertidos para los medios”: el aborto, la anticoncepción, el lenguaje inclusivo, la violencia. Con su modo de entender el periodismo, Soledad dio voz a las mujeres que defienden una vida libre de violencia de género y demandan justicia después de sufrir violaciones a sus derechos humanos. Hoy es su voz la que se escucha.

SEM/MG

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