Bellas y AirosasCOLUMNASElvira Hernández Carballido

TERE ESTRADA: UNA SIRENA QUE CANTA Y ESCRIBE

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Elvira Hernández Carballido

“Juglar de las galaxias, viajera alucinada, esponja que se empapa de veneno o de elixir de amor, trovadora de leyendas callejeras, amante de los cantos nocturnos y de susurros de sirenas”.

(Encuentros cercanos conmigo)

SemMéxico. Pachuca, Hidalgo. 18 de abril 2021.- Nacida en 1967, Tere Estrada heredó la pasión por las palabras ya que su madre es la periodista Elsa Rodríguez Osorio que fue jefa de redacción de la revista Contenido y su papá, el conocido “Chava Chava”, don Salvador Estrada Castro, corresponsal de guerras en el noticiario de Jacobo Zabludowsky. Desde pequeña supo que la escritura formaba parte importante de su vida, pero al descubrir su bella voz, supo que la música lo era también por igual.

Entre textos y canciones

Para titulare en Sociología, licenciatura que Tere estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la UNAM, presentó la tesis titulada Lenguaje e identidad en el rock mexicano (1985-90) que fue el detonador para que se interesara por la presencia de las mujeres en la música al advertir que no se hacía referencia ellas ni como compositoras ni como voces representativas.  De esta manera, en 2001 dio a conocer Sirenas al ataque, donde escribe la historia de las roqueras mexicanas de 1956 a 2000. Tere en la obra denuncia las circunstancias que han enfrentado las mujeres mexicanas que han querido dedicarse al rock: La censura, el menosprecio y el olvido por parte tanto de las autoridades como de las industrias disqueras, los empresarios y los medios de comunicación. Esta lucha, señala Estrada, ha sido indiscutiblemente más difícil para las mujeres. Pese a tal situación, afirmó: “Algunas, se han mantenido presentes en pie de lucha, otras, han sucumbido ante sus roles tradicionales, y algunas más han compaginado la vida cotidiana con la vida del rock. Todas ellas de alguna manera u otra, se han atrevido. Sirenas es en mucho la historia de las ausencias, la historia no contada de las mujeres del rock en México

Además de hacer investigación, Tere Estrada forma parte del escenario de rock hecho por mujeres en México. Es compositora, guitarrista y cantante. Decidió ser solista en 1990 y dio a conocer su primer disco. Más que fama, popularidad o comercializarse ha decidido que sus escenarios no los marca un Top Ten, sino la pasión y la autenticidad. En un número representativo de las canciones de Tere Estrada existe una verdadera riqueza en temáticas y una gran pluralidad de visiones sobre la vida cotidiana y sobre las mujeres. Así, la autocontemplación, una conciencia de finitud, el rechazo social, así como la pasión y el deseo son una constante en sus letras. Ella misma reconoce que sus temáticas son el erotismo, la soledad y el hostigamiento sexual, así como cuestiones urbanas-eróticas. La certidumbre sobre ella misma y la búsqueda de su misma subjetividad es una preocupación o inspiración latente en sus canciones, donde intenta responderse quién soy y quién quiero ser.

Pero, además de la investigación y la música también estudió creación literaria en el Instituto Nacional de Bellas Artes y su maestra fue la escritora Rosina Conde. Una primera aproximación a este ámbito fue su libro La cueva de los susurros oxidados (1998), un cancionero que recopiló inspiraciones que ella ya había compartido y que dividió en tres momentos: Precipicios, Túneles y Refugios.  Primera novela

En 2018 dio a conocer Un blues en la penumbra, la historia de Joaquina Prado Ramírez, una cantante de voz cristalina que llevó el nombre artístico de Ámbar. A través de 20 capítulos vamos conociendo la historia de esta mujer nacida en el estado de Guerrero, cuyo mar acapulqueño seguramente la inspiró para cantar como una verdadera sirena.

La generosidad de Tere se extiende en más de doscientas páginas para explorar a su personaje, el origen verdadero de nacimiento y el descubrimiento desde pequeña de un destino musical. La forma en que gente querida la convenció de que su don era maravillo y tenía que compartirlo, que su voz permitía sensibilizar almas y creer en todos los cielos. Tímida e insegura, debe ser convencida de que estar en el escenario es una de las sensaciones más sublimes de la vida. El mejor argumento para convencerla de la belleza de ser iluminada por un reflector es pedirle que imagine al público como ese mar que ama y que la aquiete, la mece, la hace sentirse segura de sí misma.

Gozos y tragedias, inocencia y madurez, amores y desamores, Joaquina se va convenciendo que la música es ella misma, que cantar más que un oficio es su latir diario y su respirar constante. Pero entrar al mundo profesional no será nada sencillo. Es así como la ágil y sensible narrativa de Tere Estrada nos introduce con suavidad al mundo de Joaquina-Ámbar, a veces reaccionado como la joven sencilla y desconocida de Acapulco y otras como la artista que lucha por destacar en un oficio muy competido, muchas veces cruel e injusto, otras gozoso y espectacular.

Al empezar a leer el texto imaginé a nuestro personaje femenino muy parecido a la cantante llamada Sola, también de voz privilegiada y quien murió muy joven. Después advertí que podía ser cualquier mujer dispuesta a conquistar el mundo de la música, la misma Tere Estrada, quizá Nina Galindo, a lo mejor su maestra Rosina Conde, Emilia Almazán o Mayita Campos. Mujeres que han dedicado su vida al canto, sin esperar las grandes ventas ni la popularidad efímera. Mujeres que deben saber reconocer a un representante explotador y abusivo. Mujeres que debes escapar del hostigador y acosador. Mujeres que aceptan giras extenuantes con tal de subir al escenario a entregar su voz en cada canción.

La calidad literaria del discurso narrativo de Estrada permite construir un verdadero sentimiento de empatía por Joaquina-Ämbar, quien nunca deja de ser la mujer, pero tampoco la artista, la voz y la cotidianidad, las luces y las rutinas diarias. No es perfecta, simplemente humana. Es una mujer que debe esforzarse al doble para que alguien atrape y reconozca un solo rayito de su inmenso talento. Es una mujer enamorada que va construyendo sus romances como los libros rosas o las películas cursis le enseñaron. Es una madre con culpa y una madre con tripe jornada, debatiéndose entre su maternazgo y la figura de madre abnegada. Ama a su hijo, pero sabe que debe quererse a ella misma con esa misma fuerza. En el escenario se llega a amarla y admirarla, aunque cuando tiene una aventura erótica con el mismísimo Jim Morrison puede sentirse envidia de la buena. Ante una decepción amorosa, surge el sentimiento solidario de ayudarla, así como de defenderla cuando intentan abusar de ella y hasta de sacudirla para que se quiera un poquito más que a los demás.

El ritmo de la novela tiene tal dinamismo y sencillez que se corre el riesgo de querer y poder terminarla en un solo día. Es necesario convencerse a una misma de avanzar con calma, que pese al interés el libro debe cerrarse un lado y mañana descubrir lo que pasará con Joaquina-Ámbar, las dos tan diferentes, tan complementarias, amigas/enemigas, conocidas/desconocidas, transparencia/presencia, esencia/voz, ella/la otra, una muñeca que necesita cuerda/lunas de ámbar. “Podía estar borracha, nostálgica, deprimida… pero el color de su voz aún estaba ahí cuando empezaba a cantar”.

No queda duda, Tere Estrada es una sirena que canta y escribe.

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