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Una mirada de género a los conflictos armados: mujeres, paz y seguridad

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  • La participación de las mujeres en los procesos de paz prevé mayores probabilidades de éxito y garantías en el cumplimiento de los acuerdos.

Andrea Sánchez

SemMéxico/AmecoPress, Madrid, España, 3 de noviembre del 2022.-  En los últimos diez años, solo tres de cada 10 procesos de paz han incorporado la voz de las mujeres durante las negociaciones. La dimensión de género también se aplica a los conflictos armados y las violencias específicas contras las mujeres son innumerables. Las vías que pueden combatir estas desigualdades son todavía poco eficaces y la participación de las mujeres en procesos de paz llega a ser insuficiente. Solo un 6 por ciento son mediadoras, a pesar de que la ONU defienda la inclusión de las mujeres, ya que con su presencia aumenta la probabilidad del triunfo de los acuerdos y su perdurabilidad en el tiempo. ¿Se conseguirá una paz feminista en algún momento? Esta y otras muchas cuestiones siguen sobre la mesa y la guerra en Ucrania no deja más que interrogantes.

El primer paso que se dio desde las Naciones Unidas para reconocer el papel de las mujeres en la resolución de conflictos se consolidó a través de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad (resolución 1325) del año 2000. Esta resolución fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, con el objetivo de incrementar la participación de las mujeres durante los procesos de prevención, gestión y solución de conflictos.

Además, pretende garantizar la protección de los derechos de las mujeres y las niñas en situación de conflicto armado. María Villellas Ariño, investigadora en la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona, explica: “esta agenda ha servido sobre todo para dar visibilidad y reivindicar el papel de las mujeres como sujetos políticos relevantes para la construcción de la paz”. También, añade: “los resultados reales han sido muy pocos y muy lentos, eso no quiere decir que la agenda no sea útil, sino que choca con la falta de voluntad de los gobiernos y de la comunidad internacional».

Desde la Escola de Cultura de Pau, centro de investigación para la paz, destacan algunos retos para conseguir que la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad continúe siendo una herramienta eficaz para construir una paz feminista. La reducción de los gastos militares debe ser primordial en la toma de decisiones, afirma el equipo de investigación. Según el SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) durante 2021 se ha producido un aumento de un 0,7 % del presupuesto militar a nivel mundial. Además, los países con mayor partida destinada al ámbito militar (Estados Unidos, China, India, Reino Unido y Rusia) representan el 62 por ciento de todos los recursos económicos globales para este sector.

La multipolaridad de las desigualdades se acentúa durante los conflictos armados

Otra de las vías que propone la Escola consiste en aplicar una visión ecofeminista, que considere también la diversidad de las personas. Las circunstancias relacionas con la identidad de género, la orientación sexual, la expresión de género o diversas características sexuales también deben ser tenidas en cuenta dentro de los conflictos armados, ya que estas personas tienen más probabilidades de sufrir violencias. Respecto a la visión interseccional en los análisis de conflictos armados, María Villellas destaca: “es muy importante que incorporemos y enriquezcamos nuestro análisis con otros ejes de desigualdad, entender la diversidad y la pluralidad de situaciones que atraviesan las mujeres tiene que estar presente en el análisis de los conflictos armados y en el diseño de herramientas de construcción de paz”.

Según un informe publicado por el blog del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) sobre la dimensión de género en los conflictos armados, las mujeres y niñas reciben violencias específicas tanto de manera directa como de manera indirecta en estos contextos. Ruth María Abril Stoffels, investigadora y experta de Derecho Internacional Humanitario de la Universidad CEU-Cardenal Herrera destaca: “las mujeres sufren violencias visibles como las violencias sexuales, esclavitud sexual, matrimonios forzados, prostitución forzada, embarazos forzados…”, añade: “también hay una violencia económica cuando la mujer no tienen medios para alimentar a sus familias y una violencia de tipo político, cuando no se reconocen los derechos de las mujeres a participar en los procesos de paz”.

Las violencias sexuales supondrían ataques directos a las mujeres que viven en las zonas de conflicto, de hecho, estas agresiones han sido consideradas un instrumento más para ejercer la guerra, según las Naciones Unidas. Otra de las agresiones directas correspondería con las muertes y heridas, así como la posterior dificultad y desigualdad en el acceso a la asistencia en salud. Además, estos ataques no se detienen aquí, ya que llegan a trascender a la vida cotidiana, depositando en ellas una carga más. Esta podría ser la asunción de los cuidados familiares y diversas responsabilidades marcadas por los roles de género.

¿Qué ocurre cuando existe un contexto donde impera el militarismo patriarcal?

Algunos de estos cometidos hacen que menos del 20 por ciento de las mujeres tengan la posibilidad de acceder a un trabajo remunerado, en los países donde los conflictos se prolongan en el tiempo, frente al 69 por ciento de los hombres. Además, más del 21 por ciento de las niñas en edad de escolaridad primaria no asisten a la escuela, mientras el porcentaje en los niños es del 15 por ciento, según datos del blog de CIRC. Estas son algunas de las cifras más alarmantes que se estudian desde el organismo. Sin embargo, denuncian la invisibilidad histórica de las mujeres en la recopilación de información y apuestan por una calidad de los datos que incluya la perspectiva de género.

Los centros de investigación resaltan la importancia de reunir estudios que contemplen estereotipos, normas sociales y otros factores que introduzcan sesgos de género, para así cubrir puntos ciegos en la toma de decisiones. María Villellas afirma: “no podemos entender los conflictos armados en toda su dimensión si no tenemos en cuenta la perspectiva de género”, añade: “hay muy pocas mujeres que participen en las negociaciones, esto es un primer factor de desigualdad, además en muchas ocasiones no se incluyen en las negociaciones de paz cuestiones que tienen un impacto grande sobre las mujeres”.

La brecha de género continúa presidiendo las desigualdades sufridas en la mayoría de los conflictos armados. Según datos proporcionados por el Índice Mujeres, Paz y Seguridad 2021/2022 del Georgetown Institute for Women, Peace and Security, las mujeres refugiadas presentan un mayor grado de dificultad a la hora de encontrar trabajo en el país de acogida. Además, son ellas las que se concentran en sectores no cualificados y mal pagados. A estas limitaciones en las oportunidades económicas, se suman las barreras del idioma, las tasas de alfabetización más bajas y los cuidados no remunerados.

También son las mujeres las que tienen mayor riesgo de sufrir inseguridad alimentaria y de recibir violencias machistas. Estas situaciones no se ven cubiertas en la mayoría de los contextos de conflicto, debido a la interrupción o restricción de los servicios de asistencia, por lo tanto, se ve reducido el apoyo frente a posiciones de vulnerabilidad tan graves. Todas estas consecuencias se están viviendo en los conflictos abiertos y actuales que ocurren en el mundo, incluida la invasión militar de Rusia contra Ucrania.

Las mismas dinámicas en la guerra ruso-ucraniana

El 24 de febrero de 2022 comenzó la invasión rusa contra Ucrania. Esta guerra ha provocado un desplazamiento forzado de la población civil ucraniana, mayoritariamente mujeres, niños y niñas, así como personas mayores. Ucrania se encontró bajo el mandato de una ley marcial, impuesta desde el primer día de la invasión y cuya vigencia se prolongó hasta el mes de mayo. Esta ley prohibió a los chicos jóvenes y hombres de entre 18 y 60 años salir del país, considerando algunas excepciones. A esta situación tan escalofriante se suma el importante número de desplazamientos que se produjeron desde el comienzo de la invasión.

Son 8,4 millones de personas refugiadas, de las cuales 3 millones han vuelto a Ucrania, según datos proporcionados por ACNUR. La organización ACNUDH también registró 3.924 víctimas mortales civiles (1.519 hombres, 985 mujeres, 98 niños y 95 niñas y 1.227 personas sin datos de género) y 4.444 heridos (907 hombres, 604 mujeres, 126 niños y 104 niñas y otras 2.703 personas sin datos desagregados).

Esta guerra ha provocado un incremento de la violencia sexual contra mujeres que viven en la zona del conflicto, según un análisis publicado por ONU Mujeres y CARE. Además, señalaron que se había producido un aumento de las violencias machistas sufridas en el ámbito doméstico, una situación que no se consigue paliar debido a dificultades a la hora de acceder a servicios de apoyo, pérdidas de medios de vida y obstáculos para socorrer necesidades básicas de personas dependientes. Otro de los puntos que define la clara desigualdad de género en el conflicto corresponde a la agravación de discriminaciones ya existentes con anterioridad, abarcando también una magnitud racista y homófoba.

El aumento de las cifras de violencia sexual también es potencialmente peligroso. La ONU ha confirmado un incremento en las denuncias y ha facilitado datos recogidos por el Equipo de Observación de Derechos Humanos del Alto Comisionado de Naciones Unidas. Este organismo ha verificado 28 casos, incluyendo violación, violación en grupo, tortura, desnudos forzados y amenazas de violencia sexual. ACNUDH también confirmó que la mayoría de las violencias sexuales dentro del conflicto habían sido llevadas a cabo en las áreas bajo el control de las fuerzas armadas rusas y algunos casos en zonas controladas por el poder ucraniano.

La seguridad sexual no está garantizada, ni si quiera en los países de destino y tránsito de mujeres desplazadas ucranianas y de otros orígenes. Algunas organizaciones de Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Hungría dedicadas al campo de los derechos sexuales y reproductivos denunciaron esta situación. Un contexto de máxima gravedad, en el cual medidas como la anticoncepción de emergencia, el acceso al aborto, la atención prenatal o el tratamiento para enfermedades de transmisión sexual no están garantizadas.

El Índice Mujeres, Paz y Seguridad 2021/2022 sitúa a Ucrania en el puesto 66 dentro de una clasificación global de 170 estados, que mide la inclusión, la seguridad y la justicia para las mujeres. Todavía la participación de las mujeres durante los procesos de paz y las mediaciones en el conflicto de Rusia y Ucrania ha sido bastante débil. Las mujeres y las organizaciones de la sociedad civil han sido excluidas como negociadoras durante los encuentros oficiales.

Entre los años 2014 y 2019, Ucrania mandó al menos a diez hombres, pero solo a dos mujeres, mientras que Rusia no envió a ninguna. Iryna Gerashchenko, la enviada humanitaria del gobierno de Ucrania y Olga Ajvazovska, líder de la sociedad civil, son aquellas que han formado parte de las conversaciones de paz como delegadas. También, se sitúa Heidi Tagliavini y Heidi Grau, diplomáticas que representan a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, ejerciendo de moderadoras principales del Grupo de Contacto Trilateral. Todavía el 80 por ciento de los embajadores siguen siendo hombres, poniendo en clara evidencia la masculinización de este sector.

Los medios de comunicación y su responsabilidad como altavoz

La sociedad civil no se detiene y es importante tener en cuenta la diversidad de puntos de vista, las aportaciones que realizan, las respuestas que aplican frente a las guerras… En líneas generales, la sociedad no se presenta como actor dentro de las negociaciones y los acuerdos de paz. No se contempla la visión de las personas como una herramienta útil y necesaria para construir la paz y solucionar situaciones de conflicto armado.

Manuela Mesa, codirectora del Instituto Universitario de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y no violencia (DEMOSPAZ-UAM) y directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ), afirma: “la sociedad ucraniana tiene derecho a decidir cómo quiere defenderse de una agresión como la que está sufriendo (…), por ello hay que dar voz para apoyar una salida negociada, teniendo en cuenta las necesidades de la sociedad ucraniana”. Es decir, plantea la importancia de tener en cuenta “cuál es su visión y cómo querrían salir de todo esto”.

Por ello, es muy relevante el papel que juegan los medios de comunicación en cuento a la pedagogía para los acuerdos de paz. Además, son los responsables de incluir los testimonios de las personas involucradas, no solo desde su postura como víctimas, sino como demandantes de derechos y participantes del contexto. Para María Villellas es fundamental la responsabilidad que tienen los medios de comunicación: “no dar solo visibilidad a los actores armados, sino que dando visibilidad a las personas que trabajan por la paz, se consigue transmitir que la paz es posible”.

El tratamiento que reciben los conflictos armados tiende a ofrecer una visión propagandística de los hechos. Esta opinión es apoyada por Tica Font, experta en economía de defensa e investigadora del Centre Delas d’Estudis per la Pau, al hablar sobre la guerra de Ucrania: “estamos viendo un periodismo de emoción, que intenta que vivas la solidaridad hacia las víctimas, porque de esta manera vas a dar apoyo a las decisiones que vaya a tomar el gobierno”. Además, añade: “existe un periodismo de emoción y no de reflexión, yo no he visto ninguna entrevista a personas intelectuales ucranianas, no se favorece ninguna opinión crítica al gobierno ucraniano”.

La movilización de mujeres ucranianas en el ámbito comunitario, incluyendo la evacuación de civiles y el apoyo a personas desplazadas, debe ser reconocida y valorada. También han colaborado en la recogida y distribución de ayuda humanitaria, así como en las redes de apoyo a mujeres de violencia de género, violencia sexual, en la generación de refugios, la recogida de información para localizar a personas desaparecidas y la documentación de vulneraciones de los derechos humanos, entre otras cosas. La heterogeneidad de esta participación es muy amplia, ya que también se encuentran muchas mujeres que se han sumado a las fuerzas armadas y a las unidades de defensa territorial.

La sección ucraniana de La Strada (organización para los Derechos Humanos) critica el papel de los medios de comunicación y rechaza la victimización pública que están sufriendo las mujeres ucranianas. Otra posición que afecta al periodismo de guerra es aquella dada por la co-fundadora de la Asociación de Juristas Ucranianas (JurFem), Larisa Denisenko. La representante reclamó un tratamiento de la información siguiendo criterios de información con un enfoque de género, para no agravar los daños ya existentes. También, se ha exigido desde órganos de la sociedad civil, prestar especial atención a paliar el perjuicio y el estigma que recaen sobre personas refugiadas, pero también sobre la población rusa que no apoya la invasión.

Tica Font: «Solo hablan las armas y los hombres»

Una posible vía para reducir el impacto negativo de análisis públicos y privados en la guerra se podría basar en la inclusión de evaluaciones con perspectiva de género. Este abordaje podría ser canalizado, según el CIRC, a través de políticas y prácticas incentivadas por el vector de ONU Mujeres, así como la implicación del resto de Estados en esta materia. La organización señala que la incorporación de un enfoque de género en sus respectivas obligaciones del Derecho Internacional Humanitario, revertiría en una mejora de la calidad de las informaciones. Pero como explica Tica Font, respondiendo a una posible aplicación de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad en la invasión rusa contra Ucrania: “cuando las cosas están tensas, de esta agenda se prescinde totalmente, volvemos a lo de siempre, los hombres se sitúan con valores muy masculinos abordando las situaciones, sin dejar espacio a las mujeres, con otra clase de visión y partiendo desde otros valores”.

Todos los esfuerzos por combatir la vía militar y el estallido de guerras recalcan que “la guerra en sí no arregla los problemas, los acrecienta”, “para defender la vida, la guerra no sirve”, como mencionaba Tica Font en su entrevista con nosotras. Además, no podemos olvidar que “a lo largo de la historia, militarismo y patriarcado han ido siempre de la mano y se han reforzado mutuamente”, palabras de María Villellas. Estos mensajes de paz y feminismo son las verdaderas herramientas para alcanzar realidades mejores y sostenibles, que incluyan la diversidad presente en todas las sociedades.

Fotos: archivo AmecoPress, cedido por la Web Naciones Unidas.

Pie de foto: 1) Cartel ONU Mujeres; 2)La gente en Kyiv, Ucrania, abarrota las estaciones de tren tratando de salir del país durante la invasión rusa, pero los trenes de evacuación no son suficientes para todas las personas. 1 de marzo de 2022. Foto: Sebastian Backhaus / Agentur Focus / Redux; 3)ONU/Loey Felipe Una amplia vista de la sala del Consejo de Seguridad mientras el Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy (en la pantalla), se dirige a la reunión del Consejo de Seguridad sobre la situación en Ucrania; 4)Voluntarios de la JCI Ungheni repartiendo bolsas de comida a las personas refugiadas que pasan por la aduana de Sculeni. Fotografía: ONU Mujeres Moldova

SEM/MG

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