Mujeres

Utópica autonomía económica de las mexicanas, son desalentadas por el machismo

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  • Crece su dependencia de las transferencias económicas de la 4T, afirman centros empresariales
  • Estudios arrojaron que persiste: trabajo informal, no acceso a seguridad social, sujetas a violencia y discriminación en centros de trabajo

Sara Lovera

SemMéxico, Ciudad de México, 30 de mayo, 2022.- En condiciones de desventaja, desalentadas por el machismo, discriminadas, sin seguridad social y sobrecargadas por el trabajo de cuidados, las mexicanas desaceleraron su incorporación al mercado laboral en los últimos tres años en 10 por ciento, de acuerdo con estudios de centros empresariales.

Significa su pérdida de autonomía económica, por tanto, su libertad, aseguró Fernanda García, coordinadora de Sociedad Incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Asimismo, el 57 por ciento no tienen acceso a un crédito, carecen de seguridad social y sobreviven por el trabajo informal.

Las trabajadoras, además, viven procesos de discriminación si están embarazadas, acoso y violencia laboral sólo por ser mujeres, afirmó Early Institute.

En los últimos tres años vieron ensancharse la brecha salarial frente a los hombres, hasta en 15 por ciento, y sin recursos propios representan “un lastre” que frena el potencial económico de México, precisó García, que contribuye a que existan más mujeres dependientes de fuentes de ingresos externas, de su parejas, familiares o transferencias por parte del gobierno.

Los estudios de estas organizaciones coinciden en que es urgente poner en marcha el Sistema Nacional de Cuidados, una demanda hisórica del feminismo ya con un cambio constitucional que ahora duerme el sueño de los justos en el Senado de la República. Fue aprobado sin recursos, por lo que, opinan no funcionará.

Las profesionistas no tienen oportunidad de ascenso subrayó Rodolfo de la Torre, director de Movilidad Social del Centro de Estudios Espinosa Iglesias CEEY.

Las mujeres perdieron dos millones de empleos remunerados en los últimos tres años, estableció el último boletín del CEEY. En este sentido, la Comisión Económica para América Latina CEPAL destacó que se redujo la tasa de participación económica femenina en 10 por ciento, mientras que ONU Mujeres detalló que 52 por ciento de las y los más pobres en México son mexicanas mayores de 15 años.

El IMCO aseguró que se paralizó el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo y han visto reducidas sus posibilidades de autonomía económica, una de las banderas levantadas por la actual administración. Sin ingresos propios representan cinco veces más que los hombres.

Centro de Estudios Espinoza Yglesias

Rodolfo de la Torre, director de Movilidad Social del CEEY, coordinador de la investigación, explicó que “el principal obstáculo a la movilidad laboral de las mujeres es su exclusión del mercado de trabajo, sin reconocimiento ni remuneración alguna, labores domésticas o de cuidado de otras personas”.

El documento del CEEY analizó la movilidad laboral de hombres y mujeres desde 2006 a la fecha. En él, destacan las diferencias en la movilidad social en el mercado de trabajo entre hombres y mujeres. Establece que las bajas participaciones de las mujeres en actividades remuneradas se asocian con el elevado trabajo de cuidados que realizan dentro y fuera del hogar, lo que las mantiene fuera de la Población Económicamente Activa (PEA) o en trabajos de baja remuneración con limitadas posibilidades de desarrollo laboral.

En el periodo 2006-2019, las mujeres tuvieron menos posibilidad, que los hombres, de transitar del desempleo o del trabajo no remunerado hacia un empleo remunerado, por lo que tampoco accedieron a servicios de salud. Ello, implica que no tengan movilidad social ascendente.

Se encontró, además que abandonen empleos de altos ingresos. En el cuarto trimestre de 2019, la población económicamente activa era de alrededor de 22.2 millones de mujeres y 35.1 millones de hombres. Cayó drásticamente a 18 millones de mujeres y 30.4 millones de hombres para el segundo trimestre de 2020, y regresó a un nivel y composición semejantes a los previos a la pandemia en el segundo trimestre de 2021 (22.7 millones de mujeres y 35.2 millones de hombres). Lo anterior significa que al final de 2019 al primer trimestre de 2020, 8.3 millones de personas pasaron de la PEA a la inactividad económica. De estas, alrededor de 3.7 millones fueron mujeres.

Es verdad que, la llegada del COVID19 agudizó más dicho escenario: “la pandemia trajo como consecuencia un agravamiento de la desventaja inicial de las mujeres en el mercado de trabajo. Tras un año de pandemia, se redujo en más de dos millones el número de mujeres con un trabajo remunerad”, subrayó Rodolfo de la Torre.

La pandemia también amplió la desigualdad en salud para el sector femenino, ya que para el primer trimestre 2020, el 28.6 por ciento de los hombres mantenía u obtenía acceso a los servicios de salud ligados a su empleo, mientras la cifra para las mujeres era de 17.8 por ciento. Al cierre de 2021, en la fase de recuperación, se mantuvo la baja movilidad laboral relativa de las mujeres respecto a los hombres.

CEPAL                                                    

En México 29 por ciento de las mujeres de 15 años y más no reciben un ingreso propio, en contraste con el 8 por ciento de los hombres, de acuerdo con la CEPAL. El organismo internacional expuso que las mujeres sin ingresos propios aumentaron 15 por ciento entre 2018 y 2020, escenario que colocó a México en el octavo país en América Latina con mayor porcentaje de mujeres sin ingresos propios y el segundo con la mayor brecha de género, solo después de Bolivia.

El CEEY encontró que siete de cada 10 mujeres en la PEA mantienen un empleo remunerado durante un año, mientras que nueve de cada 10 para los hombres.  Solo 16 millones de mujeres alcanzan un empleo remunerado continuo, mientras casi el doble de hombres lo logra.

Antes de la pandemia, un porcentaje similar de hombres y de mujeres alcanzaba una ocupación con acceso a servicios de salud (31.9 % y 31.4 % respectivamente) y una mayor proporción de mujeres (3.7 %) recibía capacitación laboral que de hombres (3.1 %). La pandemia afectó principalmente a las mujeres.

 Del primer trimestre de 2020 al mismo periodo de 2021, se observó una pérdida de movilidad laboral general, sobre todo de las mujeres respecto a los hombres. Antes de la pandemia, la reducción en la movilidad de ingresos fue casi tres veces mayor en 2021. Sin embargo, se recuperó la movilidad en acceso a empleo remunerado, acceso a servicios de salud en empleo y capacitación.

Embarazarse es una desventaja adicional

De acuerdo con un estudio de Early Institute las trabajadoras mexicanas, para acceder a un empleo deben someterse a la prueba de embarazo; 860 mil 547 trabajadoras tuvieron que hacerlo. Mientras que 277 mil 792 fueron despedidas por haberse embarazado y cerca de 24 millones de mujeres que trabajaron en los últimos cinco años dijeron sufrir discriminación laboral por embarazo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de los Hogares (ENH) del Inegi.

Por embarazo sufrieron, despido, hostigamiento laboral, se las obligó a negociar sus ascensos o vieron reducidos sus salarios; así como permisos para ir al baño o sentarse; sufrieron descuentos salariales por ejercer licencias médicas. Lo más grave, según testimonio de Early Institute, muchas de ellas, son obligadas a trabajar en periodo de incapacidad por maternidad, les interrumpieron su contrato de honorarios en el periodo de incapacidad y encima reciben órdenes de realizar labores que ponen en riesgo su salud.

Desde 2012, el embarazo ha sido una de las cinco primeras causas de segregación contra las trabajadoras. Entre enero de 2012 y julio de 2021, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), recibió nueve mil 191 quejas de mujeres que fueron discriminadas por distintos motivos, 894 casos correspondieron a personas discriminadas por razón de su embarazo y, de estos, 825 asuntos ocurrieron en el ámbito laboral.

No importa la historia

Roberto Vélez Grajales, director ejecutivo del CEEY, señaló que: “por muchos años, las colectivas y otras organizaciones conscientes de esta problemática impulsaron cambios que se traduzcan en instituciones del Estado mexicano, para actuar y romper con estas barreras añadidas a la movilidad social de las mujeres”.

Como es el caso de la creación y consolidación de un sistema nacional de cuidados, así como la instrumentación por parte de las empresas de esquemas de flexibilidad laboral sin menoscabo de opciones de trayectoria y ascenso.

El Boletín de Movilidad Social en el Mercado de Trabajo el CEEY, destacó que es indispensable recuperar las políticas que alivian esta carga, como las estancias infantiles o escuelas de tiempo completo, en esta administración en claro descenso.

Las mujeres no pueden desarrollarse en el trabajo, afirmó el CEEY porque enfrentan desventajas muy graves: la principal es cuidado de otras personas o labores domésticas que propician la falta de movilidad laboral de las mujeres.

Una vez empleadas las mujeres pueden enfrentar menores salarios, escasas oportunidades de ascenso y falta de prestaciones sociales, en comparación con los hombres, la mayor desventaja para su movilidad laboral es pasar del trabajo en el hogar, el desempleo o las tareas no remuneradas a tener uno remunerado. Este obstáculo se acentuó durante los dos últimos años con la pandemia de la COVID-19.

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Personas con ingresos continuos en un año.

2006 – 2018 (promedio) Mujeres: 3.3 millones Hombres: 5.4 millones

4T 2019 Mujeres: 3.8 millones Hombres: 6.0 millones

1T 2020 Mujeres: 3.4 millones Hombres: 3.9 millones

1T 2021 Mujeres: 1.7 millones Hombres: 2 millones

4T 2021 Mujeres: 2.6 millones Hombres: 1.7 millones

El IMCO precisó que la familia “tradicional” está en transición. La estructura en la que el hombre fungía como proveedor y la mujer era solo responsable de las labores del hogar y de cuidados ha cambiado, y cada familia tiene su propio concepto, sin un modelo fijo ni reglas preestablecidas. Pero todavía casi cuatro veces más mujeres mexicanas que hombres carecen de autonomía económica

Lamentó que a pesar de que vivimos en un país con menos embarazos, donde 94% de las niñas de 6 a 14 años asisten a la escuela y cada vez más mujeres alcanzan mayores niveles educativos, muchas de ellas no reciben una remuneración. ¿Por qué las mujeres en México enfrentan una mayor desigualdad para alcanzar una independencia económica? Cuestiona.

Los cambios son lentos, subrayó, y la participación de las mujeres en el mercado laboral aún es baja. Únicamente cuatro de cada 10 mujeres de 15 años o más forman parte del mercado laboral, a diferencia de 7 de cada 10 hombres. La participación laboral femenina está por debajo del promedio mundial y de la región latinoamericana.

Las mujeres dedican en promedio 2.2 meses más al año que los hombres a tareas como limpiar, cocinar o cuidar las infancias, entre otras. Esta carga desproporcionada, ante el arraigo de los roles de género en nuestro país, reduce el tiempo disponible que tienen ellas para dedicarse a otras oportunidades económicas. Esto es un lastre que frena el potencial económico de México y contribuye a que existan más mujeres que dependen de fuentes de ingresos externas, ya sea de su parejas, familiares o transferencias por parte del gobierno.

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