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Vaginas Dentadas/Violencia y Feminicido Político

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Desobediencia

Olimpia Flores Ortiz

“El feminicidio es la forma más extrema de terrorismo sexista motivado por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad”.

SemMéxico. Zaachila, Oaxaca. 31 de mayo 2021.- Así definió Diana Russell, activista originaria de Ciudad del Cabo, Sudáfrica en 1976 al femicidio ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra la Mujer celebrado en Bruselas. Y que Marcela Lagarde retomara para México a raíz de la ola de feminicidios desatada en Ciudad Juárez desde la década de los años noventa. 

A la definición de Russel yo añado el miedo como causa de ese terrorismo sexista. Resulta que el miedo a la castración es un común denominador en las culturas y de ahí la necesidad de someter a las mujeres.  El mito de la vagina dentada se expresa en muchas culturas, incluyendo Mesoamérica.

Por ejemplo, Tlaltecuhtli (nombre masculino) es una deidad dual de la cultura mexica, descubierta apenas en 2006. Leonardo López, arqueólogo del Templo Mayor la describe terriblemente como un monstruo del caos cósmico y la fertilidad vegetal y humana, que una vez que muere resurge violentamente a la vida como un (una) devoradora de sangre y de cadáveres.

La negación de las mujeres en la vida pública y su persecución en la cristianización europea que diera lugar al orden falogocéntrico hegemónico (una falta y un logo generalizados) y que en el Renacimiento llegó al ginecocidio porque consideraron brujas o poseídas por el demonio a las mujeres comadronas, médicas naturales, a las líderes comunitarias…

…tal cual en estos tiempos de México 2021 en proceso electoral, se asesina candidatas del ámbito territorial por el hecho de ser mujeres de vagina dentada. Mismo miedo ancestral subyacente a cualquier motivación que dé lugar a la violencia y el asesinato político.

Es la falta que desde la visión masculina del mundo coloca a la Mujer en el lugar del Otro no semejante y amenazante…desde Eva, la mujer encarna la pregunta, la crítica, la desobediencia.

Tlaltecuhtli

En el proceso electoral por el que transitamos, se han asesinado a 88 contendientes, 14 eran mujeres, buscando un puesto a elección, desde sindicaturas, hasta presidencias municipales en sus estados de origen. Siete de ellas ni siquiera lograron alcanzar la candidatura ante los órganos electorales. Ningún partido político ha quedado exento de sufrir estos asesinatos que se generan a causa del crimen organizado participando activamente en el proceso electoral de esta manera, de la confrontación entre diversos intereses locales, o incluso por diferencias intrapartidarias. Es característico el acoso, la descalificación, la difamación moral, las amenazas a sus familias, actualmente hoy todo catalizado por las redes sociales; es decir recurriendo a violentarlas en tanto su vulnerabilidad como mujeres. La semana que pasó fue la del feminicidio político de Alma Barragán, candidata de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Moroleón, Guanajuato.  Este es el clima en el que contienden las mujeres.

Del ámbito de lo simbólico del fenómeno es la inoperatividad del Estado ante los sucesos, las instituciones no reaccionan o lo hacen muy lento y sin eficacia.

Pero de lo simbólico también es el que las mujeres asediadas políticamente para coartar sus aspiraciones no denuncian a tiempo ni se protegen, porque no asumen que la atmósfera de animadversión que se cierne en su derredor y cuya presión no pueden afrontar o lo hacen a costa de su vida, se inscribe en una ideología patriarcal, un sistema organizado para darle estructura y una sociedad de discriminación sexual.

Los medios de comunicación acusan una violencia hacia las mujeres en la política territorial que se ha exacerbado en este proceso electoral tan amplio y en el que la paridad se pone a prueba. La legislación ha avanzado, en 2014 fue elevada a rango constitucional la paridad de género electoral; en 2019 se tipificó a la violencia política de género con sanciones de hasta siete años y se aprobó la paridad en todos los ámbitos de decisión del Estado. Pero las violentan y las matan más, parece que en correlación directa. A mayor conquista de derechos, más violencia. Autonomía financiera, libertad sexual y participación política parecen ser los detonantes de la reacción.

Encontremos los orígenes de la violencia política de género en la relación desigual de poder entre hombres y mujeres; en que han sido relegadas históricamente del lenguaje y del espacio público. Y es a ello que responden las instituciones y organizaciones del poder político, sus dinámicas, sus códigos, sus normas.

La violencia letal hacia las mujeres y en este caso el feminicidio político, se va convirtiendo en un dispositivo de disciplinamiento ante la flexibilización de las leyes y de ciertos niveles de la estructura social, económica y del poder político. El panóptico de la vigilancia, la sujeción y el castigo que nos propuso Foucault se desplaza, se reacomoda y lo hace con violencia.

Pretender compartir el poder es una desmesura, tal cual la de las temidas diosas de la vagina dentada.  

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Twitter: @euphrasina (amor por la elocuencia)

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