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Vida y Lectura| Ángela Dorothea Kasner

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Marcela Eternod Arámburu

SemMéxico, Aguascalientes, 16 de octubre, 2021.- Dos periodistas colombianas que residen en Alemania desde hace ya muchos años se dieron a la tarea de escribir una biografía de Angela Merkel. Se trata de Patricia Salazar Figueroa y de Chistina Mendoza Weber que publicaron en 2019 “Angela Merkel: La Física del Poder”.

Las autoras explican que el libro es el resultado de 15 años de seguimiento periodístico y de tres años de investigación sobre la canciller alemana que en unos pocos días dejará su cargo para que una generación de reemplazo continue al frente del gobierno alemán.

Desde mi perspectiva, las biografías son interesantes porque nos permiten conocer más a fondo a las personas destacables. Algunas nos presentan aspectos que explican la formación de su carácter, otras abordan sus fortalezas y aciertos, sus debilidades y errores, o miedos y fantasías. Pero, en general, nos narran un conjunto de hechos que podemos constar, agradeciendo la generosidad de una explicación o un contexto.

Y eso es lo que ocurre durante los primeros cuatro capítulos que dan cuenta de la niñez, adolescencia y juventud de Angela Merkel, donde las autoras destacan algunas características de la personalidad de la que ha sido catalogada, en varias ocasiones, como la mujer más poderosa del mundo.

Su temperamento introvertido, silencioso, reservado, reflexivo y concentrado; su comportamiento dócil, disciplinado y ordenado; sus destacables y muy útiles dotes para la escucha, observación y análisis, así como su talento para reunir datos, construir escenarios de acción y sacar conclusiones sobre cuál es la mejor opción o la menos mala, siempre fundadas en hacer lo correcto.

El texto, desde el principio, está salpicado de datos interesantes de muy distinta naturaleza. Así nos enteramos de que, a diferencia de los muchos alemanes que a mediados de los años 50 querían salir de la Alemania del Este, la familia Kasner decidió mudarse de la Alemania Occidental a la Oriental. Otros sobre el clima político en que vivía la Alemania Oriental desde mediados de los años 50 hasta la caída del muro de Berlín permiten entender la contención, mesura y discreción en el comportamiento como única estrategia de sobrevivencia.

Seguramente no es fácil ser extrovertido y contestario, o rebelde y provocador, cuando se vive en un Estado dictatorial que ejerce un enorme control y alimenta toda clase de miedos. El texto es rico en explicaciones que dan cuenta del control y la represión que se sufría en la República Democrática Alemana; en particular el terror a la Policía Secreta (la STASI) que, con sus más de 90 mil agentes y sus cerca de 189 mil colaboradores, podían controlar (en un 95% según las autoras) a los 16.6 millones de habitantes de la Alemania Oriental.

Además, para mantener el interés, introducen datos que apuntalan y enriquecen la narración. Pintan un gobierno despótico, en crisis permanente, que requiere de apoyos cada vez más considerables de la Unión Soviética, dispuesto a aprovechar cualquier interés de la Alemania Occidental, sabiendo que diario se derramaban miles de lágrimas en la estación Friedrichstrabe, que permitía el paso hacia Berlín occidental.

Como de pasadita, nos cuentan que el bloque occidental invirtió una enorme cantidad de marcos (tres mil millones) para comprarle al gobierno de la República Democrática Alemana la libertad de miles de disidentes, críticos y opositores. Existen registros de los 33 mil presos políticos que el bloque occidental logró sacar, pagando dinero por ellos, del territorio comunista.

Lo que a todas luces se percibe es que en Angela se fusionó a lo largo de sus años de formación una profunda ética protestante; su padre era Pastor, con una sólida, sistemática y disciplinada formación científica. Según las autoras, todo mandatario debe tener a su lado el método, el pensamiento y los resultados científicos disponibles, pero si a eso se le agrega la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma, siguiendo a San Mateo, el resultado es Angela Merkel.

Los siguientes capítulos dan cuenta de sus estudios profesionales, su noviazgo con otro estudiante de física, su casamiento, su búsqueda de trabajo, su llegada a Berlín, su divorcio, sus estudios doctorales y su segundo matrimonio. Lo que no nos cuentan es por qué conservó el apellido de su primer marido, a lo largo de prácticamente toda su vida política.

La narración que describe la caída del Muro de Berlín en 1989 es simplemente emocionante. Y aquí, de nuevo, las autoras aportan hechos interesantes, desconocidos para mí, pero que describen esas hazañas valientes y anónimas. Destaco la insólita historia de las casi 10 mil personas que, desde la Alemania del Este, cruzaron hacia Hungría, meses antes de la caída del Muro e hicieron un recorrido de casi dos mil kilómetros para regresar a la otra parte de Berlín.

A la mitad del texto la historia es más conocida: los esfuerzos que exigió la reunificación de Alemania, los problemas de integración, la arrogancia de los occidentales, la irremediable desaparición de la Alemania Oriental y la apertura hacia la participación política y democrática que definiría a las y los representantes populares de la Alemania del Este en el nuevo parlamento alemán.

En esta parte, las autoras enfatizan un rasgo de carácter de Angela Merkel que se mantendrá a lo largo de toda su vida política: los errores, faltas, pecados y comportamientos incorrectos, así como la omisión de la verdad, no serían tolerados. La muerte política de muchas personas cercanas a Merkel debido a sus abusos no le causaba a ella sobresaltos, simplemente borraba sus nombres porque en su esquema ético-político faltar a la ley, a la verdad, a los compromisos y a los acuerdos, simplemente era imperdonable.

Eso fue lo que pasó con Schnur, Leister y con el mismo Helmut Kohl (cinco mandatos como Canciller de Alemania), padrino e impulsor político por años de Angela Merkel. Fue gracias a Kohl que el Parlamento Federal alemán recibió en 1991 a 102 parlamentarios del bloque oriental, entre las que estaba Angela Merkel. Fue Kohl quien la puso al frente del ministerio de asuntos de la mujer y la juventud y, gracias a Kohl, llegó a la vicepresidencia de su partido y a la cartera de medio ambiente.

Sin embargo, nada de eso impidió que, cuando Helmut Kohl fue acusado de recibir enormes donativos, Angela lo pusiera en el rincón del olvido y coadyuvó para que dejará la presidencia del partido. Igual hizo con muchas personas que la acompañaron a lo largo de sus diversos cargos y violaron la ley, aplicó el mismo rasero para colegas, amigas y colaboradores. En parte a esto se debe la etiqueta de implacable que con frecuencia se utiliza para describirla.

También aparece Beate Baumann como sólido brazo derecho de la ministra del medio ambiente y futura canciller. Baumann es catalogada como el alter ego de Merkel, su estratega y entrenadora personal en las lides políticas cuando las cosas exigen más fortaleza, más templanza, más esfuerzo, más reflexión y, aunque la llamen Rasputina, la Cobra Real o el Fantasma, siempre está a su lado.

A lo largo del texto vemos miedos, amarguras, dilemas y algunos graves errores que cometió la biografiada, así como sus aciertos en la recuperación económica de Alemania, y los cambios de paradigmas que realizó obligada por la realidad, donde destaca el problema del cambio climático y el abandono de la energía nuclear. Además, se narran muchas crisis que enfrentó, cuyos resultados le valieron el apodo de Domadora de Crisis (el caso de Grecia) y más tarde de La Maga y La Compasiva, este último por su política ante los refugiados sirios.

Con simpatía se explica cómo pasó a ser la famosa Angie y más adelante la querida Mutti; cuales fueron algunas de sus hazañas y descalabros; sus modos de contener a las fieras (Hugo Chávez o Donal Trump); su austeridad, su honradez y, en un anexo, un decálogo de lo que las autoras consideran las fórmulas de su éxito.

En suma, una biografía muy recomendable para conocer a quién fue considerada la mujer más poderosa del mundo contemporáneo, y quien no se propuso pasar a la historia sino hacer siempre un buen gobierno y dar un ejemplo de gobernanza democrática.

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