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Marcela Eternod Arámburu

SemMéxico. Aguascalientes. 11 de Septiembre 2021.- Año con año y con cada vez mayor presencia, participación y cobertura, las feministas conmemoramos diversas fechas: el Día Internacional de las Mujeres (8 de marzo); el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres (25 de noviembre); el Día Internacional para la Salud de las Mujeres (28 de mayo); el Día Internacional de las Mujeres Indígena (5 de septiembre); el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar (30 de marzo), o el Día Mundial de Prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes (26 de septiembre), por destacar las más relevantes.

A lo anterior se agregan: el Día Internacional de las Niñas, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el Día Internacional de las Niñas en las TIC, el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina y un creciente etcétera cuyo propósito es que al menos por un momento, unas y unos cuantos tengan presente lo mucho que falta por hacer en México en temas relevantes para alcanzar la igualdad en el marco de la exigibilidad de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Durante años estuvimos conmemorando, seguimos conmemorando y lo seguiremos haciendo porque es una, entre muchas otras formas de evidenciar desigualdades, injusticias y violaciones de los derechos humanos de las mujeres. Una vez al año, un grupo alza la voz, llama la atención, pide un espacio, hace una reflexión, organiza un seminario o presenta una investigación que -frecuentemente- flota en ese mar de indiferencia y desdén en el que navegan hoy gran parte de las políticas públicas, los presupuestos y las consignas de las y los tomadores de decisiones.

En ese contexto, se acordó que el 28 de septiembre de cada año era el día que debíamos recordar -con mucho mayor énfasis- la urgencia de avanzar, de realizar acciones para atender un problema de enormes consecuencias para diversos grupos de mujeres, que afectaba injusta y desproporcionadamente a los grupos más vulnerables y desprotegidos: la interrupción de un embarazo.

Se trata del Día de Acción Global por el Acceso a un Aborto Legal y Seguro cuyo propósito es evitar la muerte de muchas mujeres y riesgos de salud innecesarios y dolorosos. Dos textos, de hace ya algunos años, pero vigentes en sus argumentos, ayudan a tener una mejor idea del complejo problema que se enfrenta desde la esfera pública: “La interrupción voluntaria del embarazo: reflexiones teóricas, filosóficas y políticas” coordinado por Patricia Castañeda Salgado y “El aborto, acciones médicas y estrategias sociales” de Graciela Freyermuth y Erika Troncoso.

En el primero se reúnen un conjunto de textos de connotadas feministas que destacan por su activismo político en favor de la interrupción voluntaria de un embarazo de manera medicamente segura y socialmente legal en el marco de las políticas públicas centradas en los derechos de las mujeres: Marta Lamas, Consuelo Mejía, Marcela Lagarde, Graciela Hierro, Teresita de Barbieri y Gabriela Delgado, entre otras, escriben sobre este tema.

En el segundo texto, la perspectiva contextual se inscribe en el área de la salud, particularmente de la salud sexual y reproductiva, con especial atención en las políticas públicas como garantes de los derechos de las mujeres en esta área, en el marco de los esfuerzos para lograr una maternidad elegida, consentida y sin riesgos.

En los dos libros se aborda la importancia que conlleva la despenalización del aborto que, como bien señala Patricia Castañeda, debe “ser legal, social y cultural.” Por eso es tan trascedente lo sucedido este 7 de septiembre cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación señaló en un comunicado de prensa que “El día de hoy, la Suprema Corte resolvió por unanimidad de diez votos que es inconstitucional criminalizar el aborto de manera absoluta, y se pronunció por primera vez a favor de garantizar el derecho de las mujeres y personas gestantes a decidir, sin enfrentar consecuencias penales.”

Aún hay muchos retos por superar, objetivos por alcanzar y acciones de política pública por realizar, para garantizar el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo, llanamente porque éste es no deseado. Pero este año, ya podemos reportar en el marco del Día de Acción Global por el Acceso a un Aborto Legal y Seguro, que en México se ha logrado la despenalización del aborto y que el movimiento amplio de mujeres con las feministas al frente han ganado una larga batalla social y política.

Es cierto que hay una clara diferencia entre la despenalización y la legalización, como lo señaló años atrás Gloria Elena Bernal; es cierto que falta mucho por hacer, pero es un hecho que en el maro jurídico-normativo se dio un paso trascendente que debemos volver irreversible. Así que, celebremos compañeras, no minimicemos lo logrado y agradezcamos que pudimos ver la concreción de una meta que en muchas ocasiones pensamos que era muy lejana.

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