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Vida y Lectura| EL CISNE NEGRO DE CRISTINA RIVERA GARZA

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Marcela Eternod Arámburu

SemMéxico, Aguascalientes, 14 de enero, 2023.- Narra Nassim Nicholas Taleb, en su libro “El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable” que, las sociedades están expuestas a permanentes e imprevisibles cisnes negros. Cuenta que la historia de la humanidad se explica por enormes saltos imprevisibles y que los cisnes negros explican “casi todo lo concerniente a nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal”.

Aunque Taleb se centra en el impacto imprevisible, impredecible y con frecuencia inesperado de muy diversos hechos, a los que conceptualiza como cisnes negros, aporta suficiente evidencia para afirmar que la causalidad está sobre valorada por nuestra estupidez e ignorancia, la cual abarca a las y los expertos, (economistas, historiadores, científicos, políticos, sociólogos y una larga lista de farsantes) que se esfuerzan en predecir lo impredecible: el futuro.

Este concepto del cisne negro es perfectamente aplicable a lo que viven las personas en su día a día; siempre expuestas a sucesos, generalmente externos, extremos, impensables, inimaginados y sorpresivos que, de pronto, trastocan todo el orden cotidiano de la vida, provocan sucesos incomprensibles y reacciones incluso más desconcertantes aún.

Cuando leía el libro de Cristina Rivera Garza, “El invencible verano de Liliana”, no podía dejar de pensar en ese momento cuando Cristina se enteran de la muerte de Liliana, su hermana. Una llamada que le informa de su muerte y su causa: asesinada. Estupor, pánico, angustia ante lo inimaginable. Ella ya no está, murió por la mano de un feminicida. Ese enorme cisne negro que impactó y destruyó los sólidos cimientos de la hermandad y a toda la familia. Ese cisne negro que aparece y trastoca las vidas de manera imprevisible, brutal y despiadada.

El 16 de julio de 1990, Liliana Rivera Garza, única hermana de Cristina —la voz que narra esta historia con maestría— murió presumiblemente en manos de su exnovio, Ángel González Ramos. Liliana conoció a Ángel en 1984 y mantuvo una relación (con ese primer amor de preparatoria) por varios años caracterizada por el control, la dominación, el acoso y la violencia por parte de él. Relación que terminó en feminicidio cuando la jovencita Liliana (20 años) decidió que ya no, y trató de alejarse de la toxicidad de ese exnovio, con el que reincidía, bravucón, irracional y, finalmente, feminicida. Cristina Rivera aporta evidencias, extraídas de los propios textos de su hermana, de la decisión de terminar con su asesino y concluye que Ángel decidió que “ella no tendría una vida sin él”.

El libro, escrito 30 años después del feminicidio, fue el tiempo que le tomó a Rivera Garza procesar a ese enorme cisne negro que la privó de una hermana y de la justicia que exigía su muerte. Fue el tiempo que necesito la escritora para abrir las cajas que guardaban los recuerdos de Liliana. Fue el tiempo que le tomó a la sociedad mexicana entender que los feminicidios son una de las expresiones más brutales del patriarcado. Y fue, también, el tiempo que se necesitó para construir un andamiaje conceptual y jurídico que permitiera identificar la violencia contra las mujeres en sus múltiples formas y construir la tipología penal del feminicidio.

“El invencible verano de Liliana” es una odisea, la de Cristina, inmersa en complejidades que se diseccionan con bisturí y que sorprenden por su estulticia y crueldad. Todo el texto está marcado por la ausencia, no de Liliana que es obvio, sino por la ausencia de un compromiso del Estado mexicano para investigar el feminicidio, de mecanismos para entender quiénes son realmente las víctimas, para saber interactuar con sus familiares. Falencias, mentiras, valemadrismos e inercias que aún hoy impiden identificar a esos miles de machitos depredadores.

La odisea de Rivera Garza implicó investigar, revisar, documentar, entrevistar, reconstruir, imaginar y completar todo el suceso y su entorno, para enfrentar a su cisne negro y tratar de entender. La búsqueda del expediente de su hermana, desaparecido hasta hoy, es un ejemplo de esa larga, penosa e infructuosa tarea que le permitió entender, como historiadora que es, que hay fuentes que ya no existen, que hay evidencias que desaparecen y que solo la narrativa puede reconstruir. Y es ahí, en la manera en que narra y da voz a los otros (sus padres, las y los amigos, la voz de los recuerdos) para explicar lo que pasó, donde el libro adquiere su verdadera dimensión, su densidad ontológica y su conmovedora fuerza.

No es una novela, no es una crónica, no es un ensayo. Es todo eso y más, entretejido con respeto, ponderación, elegancia y sensibilidad. Es un complejo andamiaje de hechos, presentados desde el dolor de la ausencia, acicateados por un básico deseo de justicia, destacados con maestría para prevenir y denunciar lo que ocurrió, con el propósito de que no se repita. Es una fuerte llamada de atención sobre los cientos de casos de feminicidios que ocurren en México y que no se investigan. Es un lamento profundo y legítimo ante la impunidad, pero también un yo acuso directo a los responsables de garantizar la seguridad, a quienes tienen la obligación de procurar e impartir justicia, y ante una sociedad adormecida que todavía se pregunta qué es el feminismo.

Mi sugerencia es que se lea con la misma generosidad fraterna con que fue escrito, aunque duela, conmueva y cause desasosiego. Es una posibilidad real de que aprendamos y que tanto sufrimiento devenga en una pequeña luz de esperanza y un amplio, rabioso y estridente reclamo ante la violencia contra las mujeres en todas sus formas: ¡YA NO MÁS!

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