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Vida y Lectura| ¿Estará por ahí nuestra Emmeline Goulden Pankhurst?

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Marcela Eternod Arámburu

SemMéxico, Aguascalientes, 4 de septiembre, 2021.- Aún tenemos esperanzas de que en México surja muy pronto un liderazgo como el que tuvieron las feministas inglesas en la persona de Emmeline Pankhurst a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un liderazgo cuyo propósito fue acceder al voto y reivindicar algunos de los más básicos derechos civiles para las mujeres. Necesitamos que los múltiples esfuerzos realizados para alcanzar la paridad en los marcos normativos del país y en las instancias de decisión política se traduzcan en logros, avances y oportunidades para las mujeres y las niñas mexicanas, y eso requiere que alguien de las que ya están ahí, en el Congreso, el Gabinete o en cualquier puesto de responsabilidad pública, en un acto de valentía y lealtad hacia las mujeres, levanten la bandera de la igualdad.

Los movimientos, enroques y ajustes en las altas esferas de la política nacional son una oportunidad para pasar de la colaboración con un proyecto transformador, a portar el estandarte de la igualdad entre mujeres y hombres. La agenda está ahí, los problemas, las políticas públicas, las acciones, los avances, los retrocesos y las muchas acciones pendientes se conocen. El Plan de Acción está plasmado en la Plataforma de Acción de Beijing, los avances han sido reportados cada vez con mayor precisión ante el Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres y en los informes entregados a las Naciones Unidas cada quinquenio.

Necesitamos -como lo hizo Emmeline Pankhurst- conformar una Liga en Favor de los Derechos de las Mujeres y salirnos de la siempre equivocada y patriarcal posición que afirma que la igualdad entre mujeres y hombres será una consecuencia lógica de la igualdad en general, de reducir al mínimo la desigualdad entre grupos sociales. Sabemos que eso no es ni verdadero, ni real, ni una solución para nosotras.

Pankhurst hoy puede ser un gran ejemplo para todas esas mujeres mexicanas que hoy están detentando el poder público, el poder político, mujeres que llegaron gracias a otras mujeres que desde hace muchos años dieron la batalla para que estuvieran ahí y que, obligadamente, tienen una responsabilidad para con las demás.

Así como Emmeline Pankhurst enfrentó a los partidos políticos y al parlamento inglés, necesitamos que las políticas feministas en funciones enfrenten sus temores y cumplan sus compromisos con el movimiento amplio de mujeres. Así como la Pankhurst se radicalizó ante la contundente represión, la cárcel, la alimentación forzada y la constante vituperación pública, necesitamos que las mujeres mexicanas en el poder político se comprometan con la agenda de la igualdad, abandonando las tibias posiciones que han mantenido y la sumisión que han mostrado.

Los recientes ajustes en el poder legislativo se ven como una gran oportunidad para impulsar la agenda y eliminar de la lista de pendientes temas urgentes como el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la eliminación del IVA en productos sanitarios, o la inaplazable necesidad de contar con mecanismos e instancias con presupuestos generosos para prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres.

A diferencia de la brutal resistencia y la excesiva fuerza pública que enfrentó Emmeline Pankhurst y su amplio movimiento para alcanzar derechos elementales, hoy tenemos la certeza de que la igualdad es el verdadero motor hacia un cambio profundamente civilizatorio, hacia la inclusión, el respeto a la diversidad y el bienestar integral sin abnegaciones impuestas.

No queremos “viernes negros” como los que sufrieron las sufragistas inglesas: violencia, represión, detenciones y encarcelamientos; no queremos seguir en este marasmo de apatía y resignación, esperando tiempos favorables, más comprensivos y afines. Necesitamos las voces y los compromisos de las y los feministas, y necesitamos entender que, ante la simulación y la tibieza, ante la sumisión y la supuesta disciplina partidaria, ante la cobardía para consolidar la agenda de la igualdad, se irán intensificando y diversificando las voces de las mujeres y, muy probablemente irá subiendo el tono ante la sordera y cerrazón de los que no consideran a las mujeres como interlocutoras.

Y siguiendo a Pankhurst, ante la negación de la agenda de la igualdad, el silencio presupuestal y el arcaico humanismo patriarcal que pretende esperar que todo se resuelva antes de impulsar acciones urgentes para las mujeres, es ético, categórico y justo alzar no solo la voz, sino con pasión luchar por ser escuchadas, atendidas, consideradas, contempladas e incluidas.

Emmeline Pankhurst afirmó hasta el cansancio: “No queremos violar la ley, queremos redactarla para que sea una ley justa para las mujeres.” Nosotras necesitamos que las leyes que hoy garantizan la igualdad y la eliminación de la violencia contra las mujeres en México cuenten con los mecanismos, instancias y presupuestos que les permitan operar e instrumentalizar esas leyes. Ya van tres años de sumisión presupuestal y legislativa, es hora de asumir, con templanza y fortaleza, el compromiso feminista que suscribieron.

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