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Vida y lectura| TEMPORADA DE HURACANES

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Marcela Eternod Arámburu

SemMéxico, Aguascalientes, 30 de abril, 2022.- Fernanda Melchor Pinto publicó, a finales de 2017, una novela que en tan solo cuatro años se ha convertido en una de las novelas más relevantes de la prolífica literatura hispanoamericana. Se trata de “Temporada de huracanes” donde se desdobla y expande la violencia ontológica de este México nuestro, en todas sus vertientes, modalidades y crudeza. Una novela dura, atrevida, fuerte e inmisericorde, que increpa, página por página, al lector, a la lectora; sin darle cuartel, sin pausa, en un ritmo tan vertiginoso que sofoca, que inunda y marea, sumergiéndonos en un profundo pozo de sentimientos contradictorios e intensos.

Estoy segura que la lectura de esta insólita novela no dejará a nadie indiferente. Una vez que quien lee supera la sorpresa de sus primeras páginas y hace un esfuerzo para entender el ritmo y la enorme musicalidad que tiene el texto, ya no hay escapatoria, porque la trama atrapa y la polifonía de las voces hechiza. “Temporada de huracanes” es un relato circular que tiene en el centro a una bruja de pueblo: enigmática, terrible, repugnante y viciosa que fascina e intimida. Una bruja a la que se le encargan esos trabajos oscuros, producto de deseos inconfesos pero potentes. Una bruja que prepara brebajes, pociones, maleficios y hace un sinnúmero de trabajos para encauzar las pasiones a las que mueve la ignorancia, la desesperanza, la injusticia y la desigualdad, entre otras ignominias.

Alrededor de la Bruja, de su historia y de su asesinato, los personajes de Fernanda Melchor, todos entrelazados, danzan con un ritmo animal de deseos primitivos básicos y brutales, en un contexto social de insuperable pobreza y marginación; misoginia y homofobia; de drogas, alcoholismo y corrupción, salpicado de creencias religiosas contradictorias y sincréticas, inmersas en una realidad cotidiana de hechicería y superstición. Vaya trama.

Lo increíble es que esa atrevida mezcla de características y la velocidad de la narrativa, presentan la realidad de la miseria en la que se encuentran miles de personas, miseria económica, intelectual, afectiva, social y ética. Una miseria que explica porque no hemos encontrado la salida, porque no hay soluciones y tampoco salvación, sumergidos como estamos en la indiferencia. Una miseria confrontadora que se hereda de padres y madres a hijos e hijas, que se reproduce con fuerza y se adereza con nuevos elementos de perversión y horror. Una miseria que tememos ver y por eso enmascaramos, porque si la dimensionamos corremos el inmenso riesgo de conmovernos y de tratar de erradicarla.

Dijo Melchor Pinto en una entrevista que ella quería ponerle por título “Domingo7”, pero que fueron sus editores los que sugirieron “Temporada de huracanes”. Me parece un acierto. Una vez que se lee la novela, el desconcierto que provoca ese mar de sucesos, emociones, repulsiones y cuestionamientos es de tal envergadura, que parece un huracán. Es quien lee, quien se sumerge en el huracán, quien tiene que enfrentar la ficción novelística, intuyendo que ésta es tan real como la realidad misma. Fernanda Melchor no acalla ninguna voz en su narrativa, ni evade las confusiones, titubeos e inconsistencias que acompañan las percepciones de los sucesos cotidianos.

“Temporada de huracanes” es una novela polifónica, no solo por sus múltiples personajes (Maurilio, Yesenia, Norma, Luismi, Doña Tina, Brando, la Bruja, Chabela, Munra, las Güeras, la Negra, la Bola, la Picapiedra, etcétera), todos relacionados entre sí, sino, además, por las voces omnipresentes —a lo largo de todo el texto— de la gente con sus muy diversos matices. Sus opiniones permean todo el relato, lo que dice la gente acompaña a los personajes, interviene en las historias individuales; así como lo que dicen que dice la gente y lo que dice la gente que dicen los personajes en un pueblo chico, pobre, olvidado y miserable. Y, a esas voces anónimas, siempre presentes, las acompaña la densa voz de un narrador atípico, que a veces está distante observando y relatando lo que pasa; y a veces se mezcla con la voz de cada uno de los personajes, jugando con el espacio y con el tiempo. Es el narrador quien lleva del presente al pasado, quien interrumpe y se transforma de ser un observador a formar parte de la voz que habla, como una especie de co-relator que enfatiza, destaca o muestra alguna arista que permite profundizar en motivos, intensiones, sentimientos y contextos.

En suma, con “Temporada de huracanes” Fernanda Melchor Pinto sorprende de muchas maneras y muestra la perversa convivencia de las muchas violencias que nos consumen como sociedad, con un marcado énfasis en la que se manifiesta contra las mujeres y las niñas, convencida de que cualquier persona es capaz de hacer cosas terribles si las circunstancias son propicias y los contextos hacen pensar que no hay salida o que así es la vida, en un ambiente tan sórdido y tan real donde todo lo malo puede ocurrir y ocurre.

Por favor, no se deje amedrentar por la crudeza de la narración, ni por la estructura de la novela, ni por su estilo, ni por la sintaxis, ni por los soeces borbotones verbales; ni tampoco porque sienta que el texto lo confronta, cuestiona, perturba, o sencillamente lo agrede. Déjese llevar por este huracán, sorpréndase ante cada hallazgo, ante cada pieza nueva que va redondeando una historia que se enlaza con otra historia, respire hasta el final de cada capítulo y disfrute de esta poderosa y brutal novela.

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