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Violeta del Anáhuac| ¿Demonios sueltos?

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Isabel Ortega Morales

SemMéxico, Chilpancingo, Gro. 9 de mayo 2022.- La noche del 1 de abril del año en curso, dos mujeres periodistas hacían un recorrido escoltadas por elementos de la Policía Ministerial para salir del Municipio de Cruz Grande, donde fueron agredidas por “el Chato”, José Lorenzo Hernández, comandante regional de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), que actúa como policía comunitaria, quien luego de jalonearlas y golpearlas, junto con otros elementos de esa organización, las amenazaron con desaparecerlas y matarlas si se sabía de ese “incidente”.

Parecía un despropósito la denuncia y se vino una defensa a favor de la actuación de la UPOEG en la región de la Costa Chica, donde tienen Casas de Justicia y retienen a quienes no se ajustan a los Usos y Costumbres que aplican como ley. Aunque, dicho sea de paso, la única autoridad reconocida como Policía Comunitaria es la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias- Policía Comunitaria (CRAC-PC), que surge en 1995 y actúa en regiones con población indígena como la Montaña y Costa Chica, como un sistema de justicia alternativo.

El pasado miércoles 4 de mayo, elementos de la UPOEG retuvieron a integrantes de la Marina luego de que estos conminaron a un joven de esa organización a no portar uniforme que está destinado para uso exclusivo de las fuerzas armadas. El comentario despertó indignación de esta organización que retuvo con cuatro camionetas las dos en las que se desplazaban los efectivos de la SEMAR y fueron acusados de “hostigamiento” y los amenazaron con sus armas.

La intervención del presidente municipal de Marquelia, Lincer Casiano Clemente, que medió para la liberación de los elementos de la SEMAR, evitó una tragedia.

En ambos casos, de las periodistas y de los elementos de la SEMAR, existe evidencia de la forma en que se conduce la UPOEG en la Costa Chica del estado donde ocurrieron estos hechos y se revelaron para conocimiento ciudadano y defensa de la integridad personal. ¿Y dónde no hay evidencia?

En estos casos la amenaza es directa, con uso de fuerza verbal que indica saben que son intocables por parte del gobierno. En ambos casos están armados, amagan, amenazan, vejan, se burlan, atemorizan.

“La verdad te pensaba manear -amarrar- y ponerte en el puente carnal, pero por el Presidente Municipal que es nuestro amigo, y de nuestra banda, vamos a dejar esto así”, dicen con convencimiento de su fuerza y poder al comandante de la SEMAR que encabeza el grupo que, en voz del alcalde de Marquelia, estaban a petición de él como operativo de seguridad por la Feria, misma prepotencia usada contra las dos periodistas que fueron agredidas y el riesgo de que fueran raptadas a los elementos ministeriales, era real y cobra mayor dimensión ahora con esta agresión.

Parece que en Guerrero los demonios andan sueltos. Y se presentan con diferente rostro.

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