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Apuntes teóricos en busca de un tratamiento comunicativo con perspectiva de género

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Laura Vichot Borrego[1]

SemMéxico/SEMlac, 11 de octubre del 2022.-  Los medios noticiosos constituyen una de las fuentes de información más importantes e influyentes en la actualidad; alimentan las ideas, los conceptos e interpretaciones colectivas del mundo, varias de las que se terminan por conjugar con el estilo de vida en sociedad.

Muchos, ya sean políticos/as, funcionarios/as o analistas, los toman como referencia para caracterizar ese supuesto sentido común u opinión pública. En estos convergen el espacio público y privado de las personas, las naciones y las sociedades, en la medida que reportan un mundo de noticias básicamente masculino, que refuerza la discriminación y violencia contra las mujeres y disidencias sexuales al interior de las naciones.

El informe preliminar, anunciado durante 2021 con motivo del Día de la Mujer, declaraba que “los medios de comunicación están lejos de ser espacios inclusivos para mujeres, mujeres vulnerables y grupos históricamente marginados.”[2]  

Aunque algunos aspectos destacados de los hallazgos preliminares de 2020 resaltaron que los últimos años vieron pequeños cambios incrementales hacia la paridad en asuntos y fuentes, particularmente en las noticias de radio, “el ritmo del cambio es tan lento que se podría hablar de un estancamiento.”

Mientras el informe presenta como un “progreso significativo” el equilibrio de historias reportadas por mujeres y hombres en televisión -actualmente el 48 por ciento de las noticias televisadas son reportadas por mujeres-, dicho dato se desmorona al penetrar las fronteras de países como México y Cuba, donde 21 y el 31 por ciento de los sujetos de las noticias respectivamente, son femeninas.

Esta situación explica que el hombre sigue siendo el sujeto del discurso y de la capacidad de ordenar simbólicamente el mundo en que vivimos.[3] Durante siglos, la mujer ha sido definida como lo otro, mientras el sujeto masculino es el ente configurador de la historia; “la Humanidad es macho”, decía Simone de Beauvoir,[4] porque el hombre define a la mujer no en sí misma, sino en relación con él: “la manera de plantear las cuestiones, las perspectivas adoptadas, suponen jerarquías de intereses; toda cualidad implica valores; no hay descripción supuestamente objetiva que no se levante sobre un segundo término ético.”

En este camino, ¿cuáles serían algunas dimensiones posibles para el estudio del tratamiento comunicativo de la información en la prensa, en tanto constructo social que genera inequidad? De acuerdo con Gayle Rubin,[5] el valor de esta reflexión radica en que el análisis de las causas de opresión de las mujeres constituye la base de cualquier estimación de lo que habría que cambiar para alcanzar una sociedad sin jerarquía por géneros.

Los nexos entre la Comunicación y los estudios de género Según Teresita de Barbieri,[6] las críticas y propuestas desde la academia deben girar en torno a la necesidad de producir una teoría o los conocimientos necesarios para liquidar la desigualdad y subordinación de las mujeres, que tenga referentes (más o menos inmediatos) para la acción política o transformación de su status. Para esta autora, el género como categoría de análisis crítico de las desigualdades sociales, supone una herramienta teórica/conceptual y un proceso reflexivo de producción de conocimiento.

El plantearnos como objeto de estudio los sistemas de género, prácticas sociales, normatividades, imaginarios que las sociedades humanas construyen, reproducen y transforman colectivamente, y dan sentido a la acción social a partir de las diferencias sexuales,[7] es el punto de partida para cuestionar los relacionamientos de poder desde los objetivos impulsados por este hasta sus formas de racionalización.

Es preciso entender el género como elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias percibidas entre los sexos,[8] devenido mecanismo de racionalización de las desigualdades entre hombres y mujeres a lo largo de la historia.

Por su parte la comunicación, es el canal fundamental de socialización de estos dos grupos humanos, en base a las prácticas y valores -díganse los códigos- que, arraigados en la cultura y la sociedad, preservan y reproducen dicho estatus. Como plantea Isabel Moya,[9] los medios de comunicación y la teoría de género se han convertido en elementos clave para explicar y explicarnos el mundo en que vivimos: “las confluencias entre ambas no se remiten a su condición de marginales para ciertos estudiosos, ni a la coincidencia temporal o al azar concurrente, sino que se constituyen en dos saberes que pretenden analizar la construcción social de sentido y que se interrelacionan en los ámbitos de las edificaciones simbólicas.”

En el proceso que permite a las personas, como productos sociales, comprender lo que se considera realidad, juega un papel indispensable la lengua. Da fuerza y sentido a patrones de comportamientos y a las representaciones socio-simbólicas que circulan y se reproducen al interior de las mentalidades, y se exteriorizan con el intercambio.

De acuerdo con Catala, “el sistema de género social-sexo es el más amplio contexto sociocultural presente en todo proceso comunicativo, y la memoria enciclopédica está, consecuentemente, teñida de ideología sexista, de androcentrismo.»[10]

Entre los autores que mejor ha explicado la violencia simbólica se encuentra Pierre Bourdieu, quien asegura que la visión dominante de la división sexual se encuentra tan naturalizada y asegurada en las instituciones sociales “como para no requerir justificación: puede limitarse a ser y a manifestarse en costumbres y discursos que enuncian el ser conforme a la evidencia, contribuyendo así a ajustar los dichos con los hechos”[11]

Los sistemas de comunicación institucionalizados, con sus formas especializadas de comunicar, alimentan las dicotomías, separaciones, jerarquías, la exclusión, opresión y desigualdades que definen a varones y mujeres, por medio de una violencia simbólica con repercusión física. Esas instituciones funcionan mediante la “censura” (que “excluye”) y la “selección” (que “sanciona”).

La violencia de los medios de comunicación reproduce relaciones sociales asimétricas naturalizadas cuya práctica cotidiana incita, reflejo en grado variable de las rutinas productivas. Ya específicamente en el campo del periodismo, los temas institucionalizados en la prensa obedecen a una valoración de relevancia por parte del sistema de medios de comunicación, en función de las necesidades del sistema político.[12]

Esa estructura de temas por la que también se entiende opinión pública se erige como un supuesto “sentido común” que irradia al conjunto de clases subalternas que integran la sociedad, y que en última instancia expresa la hegemonía de la fracción de clase o élite al interior de la clase dominante. Pero aquí estamos hablando a partir de la “clase”, que organiza las distancias como parte de la distribución desigual de los recursos materiales. ¿Qué impacto tiene este proceso si partimos del género que organiza todas las distancias a partir de las diferencias corporales, de la división sexual, no sin tener efectos en la distribución/concentración de los bienes materiales?

El sexismo afecta los criterios de trascendencia social dentro de la prensa para originar dos grandes consecuencias: la distribución desigual de las fuentes narrativas, y el tratamiento desigual de hombres y mujeres.

Los contenidos que se publican no ofrecen respuesta a las inquietudes de todos, ni les representa por igual. La distribución desigual de las fuentes narrativas, la disparidad en la consulta a actores sociales masculinos y femeninos, así como en los contenidos que abordan la realidad de las mujeres respecto a la de los hombres, ha originado que “algunas personas no pueden adaptar o controlar los materiales que les permitirían dar razón de sí mismas”, lo cual “representa una profunda negación de la voz” y una “forma de opresión.”[13]

El desigual tratamiento, se traduce en la falta de visibilidad para la actuación de las mujeres que trabajan en el espacio público y de los problemas que enfrentan en el privado, el doble rasero para informar de los currículos de ellas y la difusión de modelos que atentan contra su dignidad. Factores estructurales y rutinas productivas entran en juego con los valores de la noticia para otorgarle el grado de event public a aquello que amerite ser publicado (pues uno de los elementos necesarios para la construcción de la noticia es su publicación).

Ante ese carácter negociado del proceso de conformación de la agenda mediática, cabe hacer otra pregunta, ¿qué tan representada llega a estar la realidad de las mujeres en un sistema de comunicación que privilegia las áreas en que se organiza la tarea gubernamental, específicamente el ámbito político-administrativo y económico?

No puede estarlo por cuanto esta peculiaridad del sistema de comunicación pública obedece a un orden patriarcal donde el trabajo doméstico (reproductivo) de las mujeres se ve como una extensión de su fisiología, al aparecer recogida su esencia en el vientre, mientras el concepto de trabajo se reserva para el trabajo productivo (público), excluyendo la posibilidad de reconocer y remunerar actividades básicas como la crianza de los hijos y las faenas domésticas.

La categoría de análisis tratamiento comunicativo es una teoría en construcción que ofrece un referente teórico para denunciar los relacionamientos de poder dentro de la prensa y sus formas de racionalización. Se trata de una actividad que excluye, selecciona, jerarquiza, enfatiza y elabora mensajes que proponen representaciones hegemónicas sobre el acontecer. Se desarrolla en virtud de la política editorial del medio, y del lugar que esta ocupa como forma concreta y pública de una organización social.

Así, incita a una lectura jerarquizada de la información que, al proponer conceptos e interpretaciones, estimula relaciones y formas de intercambio entre los ciudadanos.

¿Qué avances hay en las noticias 25 años después de Beijing?

Proyecto de Monitoreo Global de Medios. Manuel Martin Serrano coloca el ejemplo de lo que puede suceder a raíz de la narración de un cuento infantil como La Cenicienta, donde se reitera una representación cultural de las madres, esposas, novias e hijas deseables e indeseables, la cual puede ser interiorizada por algún niño/a como imagen conformadora de su propia visión subjetiva de la mujer: “…algunas veces los comportamientos de ese actor pueden estar orientados, en alguna medida, por esa representación interiorizada; eventualmente, cuando llegue la ocasión en la que deba de elegir su pareja y cuando organice sus relaciones en el seno de la propia familia.

Esos comportamientos de cada Actor, a la larga, tienen consecuencias que mantienen o cambian el orden establecido. A través de un recorrido que pasa por la conciencia de los sujetos y luego por sus actos, es posible que una narración llegue a tener alguna influencia real en el estado de la sociedad.”[14]

En el contexto actual de los medios que se circunscriben a la tradición occidental, el esfuerzo por adaptar los tópicos a las esferas públicas político-administrativo, ha relegado a un segundo plano problemas sociales, salud, educación, familia, medio ambiente, sexualidad, etc.

A menudo estos temas se trasladan a otras escalas por su condición de escándalos o de incidentes –dos categorías distintas- por los rasgos transgresores del evento social o por patrones impuestos por la cultura de masas (por ejemplo, un homicidio como crimen pasional; la nueva cepa de un virus, desde un punto de vista científico y no desde la educación sexual, si fuera el caso).

Es preciso dimensionar el análisis del tratamiento comunicativo de forma tal que desmonte la visión del mundo presente en el acontecimiento noticia. El estudio del contexto socio-histórico permite comprender la forma subyacente y declarada de la política editorial, y las formas de generar posicionamiento ante situaciones específicas. Los liderazgos de opinión estructuran los criterios de los restantes actores comunicantes y proponen valores y actitudes de rechazo o afirmación.

Los géneros periodísticos son muestra de las jerarquías y asimetrías dentro de la prensa.

Las líneas temáticas principales invisibilizan las facultades de las mujeres, mientras se apoyan en fuentes, normatividades, roles y estereotipos que alimentan un tratamiento desigual. La información encubre relaciones sociales y por tanto las principales desventajas de las mujeres en la sociedad, mediante la legitimación, la disimulación, la fragmentación y la reificación de un estado de cuestiones normativo.

Los recursos lingüísticos enfatizan situaciones como eslabones inseparables del tratamiento de una información que reproduce, naturaliza y propone interacciones entre los sujetos en estados de inequidad.


[1] Periodista y profesora de la Universidad de Matanzas

[2]  GMMP. (2020). ¿Qué avances hay en las noticias 25 años después de Beijing? Proyecto de Monitoreo Global de Medios

[3] Molina Petit, C. (1994). Dialéctica feminista de la Ilustración. Barcelona: Anthropos.

[4]  De Beauvoir, S. (2017). El segundo sexo. Ediciones Cátedra

[5]5 Rubin, G. (1996). “El tráfico de mujeres: Notas sobre la ‘economía política’ del sexo”. En M. Lamas, El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. (págs. 35-96). México: PUEG. PERSPECTIVAS Género y Comunicación

[6] De Barbieri, T. (s.f.). Acerca de las propuestas metodológicas feministas. M6 De Barbieri, T. (s.f.). Acerca de las propuestas metodológicas feministas. México: UNAM

[7] .  Idem

[8] Wallach Scott, J. (2008). Género e Historia. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México

[9]  Moya, I. (2010). El sexo de los ángeles. Una mirada de género a los medios de comunicación. La Habana: Centro Félix Varela

[10] Catala, A. (1995). Ideología sexista y lenguaje. Valencia: Galaxia.

[11]  Bourdieu, P. (2006.). La dominación masculina. Colección Argumentos. Barcelona: Editorial Anagrama.

[12] 12 Wolf, M. (1987.). La investigación de la comunicación de masas. Buenos Aires: Ediciones Paidós. En: https://catedracoi2.files.wordpress.com/2014/05/wolf-mauro-investigacion-de-la-comunicacion-demasas.pdf 1

[13] GMMP. (2020). ¿Qué avances hay en las noticias 25 años después de Beijing? Proyecto de Monitoreo Global de Medios. 

[14] Serrano Martin, M. (1993). La producción social en comunicación. Madrid: Alianza Editorial.

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