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Cándidos o desalmados, vínculos perversos cotidianos

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Norma G. Escamilla Barrientos

SemMéxico/La Cadera de Eva, 16 de diciembre 2020.-En las relaciones de manipulación se puede expresar “pobre” de la persona que “aguanta” dichos tratos, ¿en realidad que complejidad hay detrás de esta persona?

La complejidad emocional y constitutiva del ser humano es muy compleja y fascinante cuando la vemos desplegarse en la clínica. En la vida cotidiana, de pronto es difícil entender que hace que las personas permanezcan en una relación, en un vínculo, o en un ambiente laboral y hasta en una sociedad donde se le lastima, humilla, utiliza y maltrata. De alguna manera, en el efecto espejo el lugar donde permanecemos es el reflejo de lo que somos internamente.

En este tipo de relaciones o vínculos, regularmente una puede expresar “pobre” de la persona que “aguanta” dichos tratos. Sin embargo, en la clínica podemos ver que detrás de esa personalidad aparentemente subordinada, pasiva y “vulnerable” también hay ciertos rasgos perversos, y de pronto no es tan diferente a su perverso/a. De hecho de alguna manera lo requiere para vivirse de esta forma, y de algún modo encuentra un gozo y una ganancia inconsciente, por eso “no puede irse” y se engancha como decimos, algo similar a lo que vive un adicto/a.

Relaciones sadomasoquistas

Es algo muy parecido a las relaciones sado-masoquistas, donde uno existe a partir del otro, coexistiendo ambos todo el tiempo. Si bien preexiste una predominancia en los roles de quien goza maltratar y quien goza sufrir, también se realiza el intercambio de estos roles dentro del vínculo. Y de ser agredida/o, se pasa a ser agresor/a con un monto de odio, frustración y rabia por haber sido agredida y así dialécticamente hablando se alimentan y recriminan al mismo tiempo. En realidad esta es una relación “ideal” donde las partes se dan lo que necesita para estar “bien” claro, estamos en el plano de una relación patológica pero funcional para este tipo de estructuras.

Los motivos por los cuales se permanece en este tipo de relaciones, pueden ser diversos y tienen que ver con la estructura mental e historia de cada persona, sin embargo, podemos nombrar algunos como el masoquismo, el sadismo, la perversión, el narcisismo, la personalidad maquiavélica, la baja autoestima, la autodestrucción, el no merecimiento, el castigarse, entre otras.   

Mecanismos de manipulación

Podemos identificar algunos mecanismos de manipulación en este tipo de relaciones tales como la escisión de la mente, es decir, no integra la emoción y su racionalidad, niega todo el tiempo la realidad, en su comunicación siempre confunde ya que no habrá coherencia entre lo que dice y hace, proyecta todo el tiempo en los otros sus defectos, cubre su agresividad a través del humor, y siempre culpara a los demás. Regularmente tienden a formar parejas clandestinas, ocultas, basadas en el engaño, la mentira y la manipulación. Esto mismo en el ámbito social lo podemos observar en algo que hemos naturalizado como la corrupción.

En la vida cotidiana podemos observar muchos ejemplos, miremos primero a nuestro alrededor, a nuestra familia, amigas, amigos, vínculos laborales, de pareja,

etc., ¿cómo son estos vínculos?, ¿cómo nos hacen sentir? ¿Qué de esos otros comparto yo? De nuestros vínculos más cercanos ¿cómo los miramos? Como gente creadora, creativa, abierta, ensimismada, melancólica, alegre, malhumorada, déspota, que se protege todo el tiempo, omnipotente, mentiroso, desconfiada, obsesiva, tramposa, fiable o apática. Ahora bien, miremos de todos estos vínculos cuál lleva la batuta y pensemos en ello, qué tanto es el reflejo de mí y cuál es mi ganancia inconscientemente hablando.

Cómo es el personaje del perverso o perversa

Esto mismo, también lo podemos mirar desde un personaje ficticio, me encanto la triada principal puesta en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, del escritor García Márquez, más allá de ser una obra premiada, la leí nuevamente intentando ubicar algunas características perversas de los personajes, que son maravillosamente descritos por el autor, desde la literatura y su trama, no así desde la clínica claro.

En dicha trama, el personaje de la abuela desalmada, quien encubierta bajo el velo de la bondad “cuida” a su única nieta. Tiene el tinte de una mujer manipuladora, controladora, perversa, que sujeta, humilla y condiciona todo el tiempo a Eréndira a quien utiliza y prostituye para obtener privilegios y dinero que ella misma no podía proveerse.

Eréndira una niña de catorce años, lánguida, delgada, y muy “mansa”, sin padres. La cual atiende a su abuela a cambio de que ésta se haga cargo de ella, estableciendo un vínculo de “subordinación” total y “agradecimiento”, ambas eran lo único que quedaba de su familia de origen, que por cierto se dedicaba al contrabando. Por otro lado, Ulises es el hijo de un contrabandista, adolescente, solitario, considerado un ángel furtivo, quien se enamora de Eréndira una vez que vive su primer experiencia sexuales con ella. A partir de ahí Ulises se convierte “por amor” en el instrumento de Eréndira para saldar y verter todo su odio, frustración y rabia acumulada hacia su abuela. Su personaje tuvo varias posibilidades de irse y tener otra vida, sin embargo, siempre regresaba, de manera inconsciente ella gozaba y obtenía una ganancia y desde ahí establece un vínculo perverso con su abuela. Antes de irse tenía que dar la estocada final sin “mancharse” las manos, usando a un tercero y poder seguir su camino. ¿Les suena esto familiar a alguna historia real en los diferentes ámbitos? Y tú, ¿quién podrías ser la abuela, Eréndira o Ulises? 

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