Mujeres

Creadoras de ocho etnias mexicanas piden alto al plagio y piratería

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La Ley de patrimonio cultural, incompleta, imprecisa y no refleja la voz de las mujeres bordadoras y tejedoras del país

Sara Lovera/enviada

SemMéxico, San Cristóbal de las Casas Chiapas, 12 de marzo 2022.- La Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas es una ley imperfecta, hecha de prisa, incompleta y difícil de entender.

Vigente, plantea más dudas que soluciones a los problemas de plagio de las creaciones artísticas de las indígenas, y a lo que se llama piratería artesanal, concluyeron aquí mujeres de 8 etnias y 10 entidades de la República.

San Cristóbal de las Casas se inundó de sabiduría e intercambio de experiencias, de llamados para un cese al plagio y a la piratería, y así salvaguardar la cosmovisión y el conocimiento ancestral, durante el II Encuentro Latinoamericano de Bordadoras y Tejedoras.

Consideraron que esa ley, promulgada el 17 de enero de 2022 tendrá que reformarse si en realidad se quiere proteger el patrimonio cultural, ya que tiene vacíos, confusiones, y en suma, un enredo burocrático. En el último tramo, cuando se aprobó, había prisa política, ya que no se incorporaron las propuestas de cientos de mujeres indígenas que han visto cómo se les expropian sus creaciones en el ramo textil, principalmente.

Aunque es un avance, en realidad no resuelve cuestiones fundamentales. Es urgente cambiar la denominación del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas -concepción antigua- por el de Instituto Nacional de Pueblos Originarios y Afromexicanos y de profundizar la comprensión de la cosmovisión de los pueblos, reconocer sus saberes   y de su expresión cultural, sobre todo de las mujeres.

Toda ley es perfectible, modificable, y capaz de hacer estrategias de cambio, y buenas políticas públicas, expresaron las oradoras, entre ellas Cristina Solano Díaz, Celerina Ruíz Núñez, NamyYavy, Ita Yuyu Sierra Mendoza, Rosalinda Santíz Díaz y otra decena de participantes. A esta ley definitivamente le falta.

Demandaron difundirla y no tenerla como secreto: para este encuentro, ninguna autoridad pudo proporcionarla y tuvieron que buscarla para su trabajo de análisis.

En este encuentro se anunció la ampliación de la Red de Cooperativas del Sur (RECOSUR) a una nacional, puesto que por ejemplo están los pueblos desplazados al norte como en Baja California y en otras entidades no sumadas a estas cooperativas.

Los días del encuentro -del 8 al 11 de marzo- intensos, llenos de pasión, fueron convocados por Recosur, K’inal Antsetik en su centro de capacitación situado en San Cristóbal de las Casas, que encabeza Yolanda Castro.

Sus diálogos fueron un intercambio de cómo las tejedoras y bordadoras con sus obras de arte a través del tiempo, no buscan “un precio”, sino el reconocimiento de que esas blusas, bordados, huipiles, están reflejando lo que son y lo que aportan a la vida cultural de México.

Analizaron con autoridades la ley. La habían leído, concienzudamente, y parece que hay prisa para catalogarlas, quieren armar un registro -ahora ni siquiera hay un censo-, cuando cada comunidad, pueblo, grupo, en colectivo tienen diferencias que no se pueden entregar para que libremente el Estado, se apropie de esas obras.

Lo que denunciaron repetidamente en sus mesas de trabajo, es que se omitió realmente la consulta a que obliga hoy la Constitución y a pesar de que ellas promovieron la ley cansadas del plagio, y la utilización industrial y comercial de sus modelos de vestimenta, no se las escuchó.

Tras el encuentro en que participaron bordadoras y tejedoras de los pueblos Ñuu Savi, Tojolabal, Purépecha, Tseltal, Tsotsil, Chol, Zoque, Kaqchikel, de Guerrero, Oaxaaca, Baja California, Chiapas, Michoacán, Puebla, Ciudad de México, Quintana Roo, Yucatán y Campeche,  hicieron una declaración política en la que demandan revisar la ley, abrir un proceso de consulta real, antes de obligarlas a entrar a un proceso burocrático como el que plantea esa legislación.

Hubo en el encuentro momentos muy emocionantes, de reconocimiento a las maestras bordadoras; en que se compartieron las experiencias del aprendizaje y las trasmisiones de generación en generación; de los cambios ocurridos especialmente por los procesos, interculturales; de la pérdida de modelos ancestrales, las desviaciones de su vestimenta original. Cosas que suceden.

Realizaron varias ceremonias tradicionales, con copal y veladoras; recibieron mujeres originarias de Colombia y Guatemala, vendieron algunos de sus productos y convivieron en el Centro de Formación y Capacitación para las mujeres de K’inal Antsetik.

Dialogaron, para tratar de entender esa ley con la senadora Susana Harp Iturribarría, promotora comprometida de la Ley, pero cuya propuesta no fue la aprobada; con Eréndira Cruz Villegas Fuentes, jefa de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Cultura del gobierno Federal y con Marco Antonio Morales Fuentes del Instituto Nacional de Derechos de Autor (Indautor). Funcionariado que insistió en que ya es hora empiecen a realizarse los catálogos de obra, cuando, dijeron las participantes, ni siquiera hay un censo, ni se conoce a fondo la inmensa riqueza del arte indígena, de todas las etnias del país.

Lo que no es posible es admitir que se quiera regular sin considerar a las mujeres en todo lo que aportan; sin que se regule debidamente el plagio, -millones han acumulado algunas empresas-, se negaron a sólo mirar su vida y cultura, como riqueza económica.

Demandas

Plantearon 8 puntos, de demandas y consideraciones precisas, entre las cuales destacan: Si reconocer que la ley puede significar un avance, pero hay que profundizarla, reformarla, ya que no logra reconocer saberes, cosmovisión y expresión cultural, sobre todo de las mujeres.

Es necesario que a esta ley -vigente- se le incorporen leyes secundarias, protocolos, procedimientos que contribuyan a que las mujeres tejedoras, bordadoras y creadoras de expresiones culturales accedan de manera ágil, sencilla y no burocrática a la protección y respeto de sus obras. Ahora para este encuentro, ninguna autoridad pudo proporcionarla y tuvieron que buscarla para su trabajo de análisis. Cambiar el nombre del INPI y que las mujeres sean escuchadas.

Urgente es difundir la ley. Misma a las que ellas tuvieron acceso limitado. Anunciaron que iniciarán, ellas mismas, el proceso de difusión de la Ley, y de cambios a la ley, antes de que se opere nacionalmente. Plantearon, incluso, no adoptarla por ahora. Sem/SL/mrm

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