Mujeres

Décadas de progreso podrían desaparecer en América Latina, donde las mujeres son las primeras afectadas: PNUD

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Informe sobre Desarrollo Humano: el trabajo no remunerado y el cuidado pone a las mujeres en un permanente  juego desigual 

Ser mujer afrodescendiente o indígena en Brasil, Ecuador y Guatemala tiene menor probabilidad de salir de la pobreza, sentencia 

Elda Montiel, II parte 

SemMéxico, Cd. de México, 25 de junio 2021.- Los países de América Latina y el Caribe se encuentran atrapados en un círculo vicioso entre una alta desigualdad y un bajo crecimiento económico exacerbado por la pandemia del COVID 19, donde las mujeres son las primeras afectadas. 

Más allá del ingreso, otras formas de desigualdad persisten obstinadamente, como las brechas de género en participación laboral y horas de trabajo no remunerado, dedicadas a actividades de cuidado, continúan poniendo a las mujeres en un campo de juego desigual. 

Las personas LGBT+ continúan sufriendo discriminación en el colegio y en el mercado laboral y son víctimas de violencia más frecuentemente que personas de otros grupos. 

Las minorías étnicas continúan sin reconocimiento como agentes económicos y políticos activos y rezagadas en el acceso a los servicios básicos, incluida la salud y la educación.

Advierte el Cuarto Informe Regional de Desarrollo Humano 2021 “Atrapados: Alta Desigualdad y Bajo Crecimiento en América Latina y el Caribe”, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dado a conocer esta semana. 

El Informe detalla que décadas de progreso podrían desaparecer, ya que una larga lista de “buenas políticas” adoptadas por los países dan lugar a políticas fragmentadas con perspectivas a corto plazo, que en algunos casos profundizan las distorsiones existentes.  

Aunque la reducción generalizada de la desigualdad de ingresos (medida por las encuestas de hogares) a principios de la década de 2000 es de celebrar, esta tendencia se estancó en la década de 2010 y había comenzado a revertirse en algunos países incluso antes del inicio de la pandemia del COVID 19.

Brecha salarial de género

Las brechas de género en la oferta de trabajo vienen disminuyendo. Este informe no ignora que se ha avanzado y que las mujeres participan actualmente en el mercado de trabajo mucho más que hace tres décadas. Como región, sin embargo, América Latina y el Caribe están lejos de avanzar para estar donde debería estar. 

La participación laboral de las mujeres es en promedio 32 por ciento menor que la de los hombres, pero para las mujeres que se encuentran entre el 20 por ciento más bajo de la distribución del ingreso, es 42 por ciento menor. 

Del mismo modo, las mujeres dedican en promedio 16 por ciento menos horas semanales que los hombres al trabajo remunerado, pero las que se encuentran en el 20 por ciento más bajo de la distribución del ingreso dedican un 24 por ciento menos. 

Las mujeres participan menos que los hombres en la fuerza laboral y, cuando lo hacen, trabajan menos horas remuneradas que los hombres, pero dedican mucho más tiempo por semana que los hombres a tareas domésticas y de cuidado. 

Además de la dependencia económica y la mayor exposición a la violencia doméstica que conlleva la baja participación laboral de las mujeres y el menor número de horas de trabajo remunerado implican un enorme desperdicio de capital humano, costoso para la sociedad.

Las brechas de género en el desempleo son las mayores. El desempleo de las mujeres es, en promedio, un 36 por ciento mayor que el de los hombres. Sin embargo, las mayores brechas no son las del 20 por ciento más bajo de la distribución, sino las del 20 por ciento siguiente, y disminuyen con los ingresos a partir de ese momento.

Del Informe destacan datos como:  

Las brechas de género en participación laboral disminuyen con la educación y son mucho menores para las mujeres que han completado educación terciaria. Las brechas en horas de trabajo remunerado también disminuyen con la educación, aunque no tanto como la participación laboral, y la formalidad aumenta.

Las mujeres tienen mayores tasas de desempleo que los hombres, además si cuentan con mayor nivel de educación es mayor que para las personas que han completado solo la primaria. 

No todas las encuestas nacionales de hogares contienen información sobre las horas dedicadas al trabajo no remunerado.

En el caso de Colombia y México las encuestas nacionales de hogares muestran similitudes.  En Colombia, las mujeres dedican en promedio 3,9 horas de trabajo no remunerado a la semana por cada hora que dedican los hombres. 

La relación entre las horas de trabajo no remunerado de las mujeres y los hombres es mayor para las mujeres que se encuentran en la cola inferior de la distribución del ingreso y disminuye a medida que el ingreso es más alto, tal vez porque las mujeres de los hogares más ricos pueden disponer de ayuda remunerada. Para México, la relación es ligeramente inferior, pero la historia es la misma. 

Las brechas de género son menores a mayor nivel de ingreso de los hogares, y las mujeres más pobres se enfrentan a las peores desigualdades.  

Las brechas en horas de trabajo remunerado también aumentan con el número de hijos Esta es una de las razones por las que el acceso a servicios de cuidado de calidad es fundamental y debe ser una prioridad de la política pública.

Personas LGBT+

Medir el tamaño de la población LGBT+ es difícil, pero las estimaciones disponibles sugieren que entre el 11 por ciento y el 19 por ciento de la población se considera parte de ella. Aunque no hay estudios de este tipo para la región, está claro que los países no podrán poner fin a la desigualdad e impulsar el crecimiento económico sin erradicar la marginación de sus personas LGBT+.

42 millones de indígenas en América Latina

Las mujeres indígenas y afrodescendientes por lo general no están bien cubiertas por los sistemas de protección social y tienden a recibir beneficios de pensión más bajos o a no recibirlos en absoluto. Experimentan una mayor vulnerabilidad económica y exposición a las crisis, muestran niveles más bajos de acceso a la educación y logros educativos, y suelen habitar los territorios más empobrecidos y subdesarrollados institucionalmente.

En América Latina, el PNUD ha determinado que ser una persona afrodescendiente o indígena en Brasil, Ecuador y Guatemala está relacionado con una menor probabilidad de salir de la pobreza. Lo que es peor, las poblaciones indígenas y afrodescendientes de la región han sido durante mucho tiempo objeto de invisibilidad estadística.

El Banco Mundial estimo que en 2010 América Latina albergaba aproximadamente 42 millones de indígenas pertenecientes a 780 grupos étnicos diversos, y representaba el 8 por ciento de la población. Las mismas estimaciones sugieren que el 14 por ciento de los que viven en la pobreza y el 17 por ciento de los que viven en la pobreza extrema son indígenas.

134 millones de personas afrodescendientes

América Latina es el hogar de aproximadamente 134 millones de personas afrodescendientes, que representan el 21 por ciento de la población, y también experimentan adversidades significativas.

Este grupo de la población sufre las privaciones más severas en términos de acceso a los servicios del Estado y en las condiciones básicas de vida, y es más vulnerable a la mortalidad infantil y materna, al embarazo adolescente, a las enfermedades de transmisión sexual y a otras afecciones de salud, que dan una pista acerca de las dificultades devastadoras que han enfrentado estas comunidades durante la pandemia del COVID-19.

En cinco (de seis) países latinoamericanos con datos disponibles para 2018, la pobreza y la pobreza extrema eran más frecuentes entre la población afrodescendiente, afectando especialmente a quienes vivían en zonas rurales y a las mujeres.

Brechas de género en la informalidad 

Las brechas en informalidad son las menos relevantes de las brechas de género en el mercado de trabajo. No porque la informalidad laboral no sea relevante, sino porque es un fenómeno tan extendido en la región que sobrepasa la dimensión de género.

La brecha de género en informalidad es pequeña y, en promedio, a favor de las mujeres. También muestra que las condiciones cambian a lo largo de la distribución del ingreso y que las mujeres que se encuentran entre el 60 por ciento más bajo, en promedio, trabajan en condiciones ligeramente más informales que los hombres. 

Las múltiples crisis de la pandemia del COVID-19 han pesado más sobre los que ya se habían quedado atrás, exacerbando aún más las desigualdades a lo largo de 2020 y 2021.

Paridad en educación inicial

La educación en América Latina se ha convertido en una historia de igualdad de género, más que de desigualdad. Los hombres y las mujeres han accedido a la escolaridad a ritmos comparables en América Latina. Las mujeres tenían una pequeña desventaja en las cohortes más antiguas, pero alcanzaron la paridad en la década de 1970 y superaron a los hombres en la década de 1980.

La investigación ha documentado el cierre de la brecha de género en América Latina en los niveles iniciales de educación desde la década de 1980 y el cambio a favor de las mujeres a partir de ese momento. Sin embargo, el análisis detallado por país muestra considerable heterogeneidad entre países. 

Bolivia muestra una brecha persistente que favorece a los hombres en todas las cohortes, y Brasil presenta una ventaja creciente entre las mujeres desde las cohortes de 1940.

Consulta la primera parte:

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