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El último 25 de noviembre del 2020

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Por: Nuria Gabriela Hernández Abarca

SemMéxico. Morelia, Michoacán. 28 de diciembre 2020.- Dejar de escribir es fácil cuando la realidad es abrumadora y las letras se te atoran en el pecho y la garganta, cuando por más que quieras la realidad te alcanza y es a todas luces lamentable.

Este año 2020, sin lugar a dudas ha quedado marcado en la vida de todas las personas, algunas por temas personales, otros por temas económicos, laborales o profesionales, a todas las personas por el riesgo inminente de perder la salud e incluso la vida por el COVID 19, o por perder en este mismo camino a alguien que de manera repentina dejas de ver y no puedes despedir; simplemente ya no está en esta realidad, dejando inconcluso el proceso del duelo, ese que muchos tanatólogos nos explican muy bien.

A mí me queda clara la explicación que da Bucay en el “Camino de las lágrimas”, texto que a mí en lo personal me ha ayudado a caminar ese camino del duelo, si, con muchas lágrimas pero teniendo claro que la elaboración del duelo, ese que empieza con la negación, seguida de la rabia, y la negociación, para después pasar por la depresión y al final llegar a la aceptación; si que es un camino que se recorre con mucho dolor, por que hay que dejarlo claro, LOS DUELOS …DUELEN como dice Jorge.

Esa es la realidad que este 2020 nos regaló, una realidad que de manera directa y por resultado, generó otras pandemias, como la de la violencia contra las mujeres y la violencia al interior de los hogares, esa violencia que se esconde entre las frases que se nos han tatuado por generaciones en la piel, esas que te dicen que “los trapos sucios se lavan en casa”, esa que te dicen, generación tras generación que “esa es la cruz que te toco cargar”, y ahí están las frases y las realidades alimentándose unas de la otras.

Este año sin lugar a duda, quedará marcado también por el aumento desproporcionado de la violencia que se vive en los hogares, mayoritariamente contra mujeres, niñas y niños, exponencialmente aumentada en un 45% a partir de que se decretó el confinamiento por la pandemia, las causas son muchas; mayor convivencia de una relación toxica de antaño, escases de alimentos, falta de trabajo y oportunidades, normalización de la violencia, y mayor convivencia con el agresor, ese que ahora ya no salía de la casa, ese que demandaba mayor carga de trabajo y cuidados de las mujeres, ese que educado en una cultura patriarcal y misógina sigue pensando y alimentando su superioridad solo por el hecho de ser “el hombre de la casa”, entre otras realidades que hicieron que ese 45% representara de enero a noviembre del 2020 un total de 1,687,683 delitos cometidos contra mujeres a nivel nacional, a decir de los datos que arroja el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, es decir más de 153 mil delitos por mes, mas de 5114 por día.

De estos delitos a decir de las cifras del Secretariado Ejecutivo, el 2.97% corresponden a delitos contra la libertad y la seguridad sexual de las mujeres (Abuso sexual, acoso sexual, hostigamiento sexual, violación simple, violación equiparada, incesto entre otros), el 7.87% por lesiones dolosas, el 3.98% por delitos que atentan contra la integridad corporal, 1.57% por homicidio doloso y el .05%por feminicidio, seguido por el .03% por el delito de trata de personas.

¿Cómo procesar estos datos cuando son fríos? y no hablan de la historia de vida de cada una de estas mujeres, cuando no hablan de la historia de violencia que desde niñas aprendimos, de la normalización a la que hemos estado acostumbradas y que hoy se ve reflejada en una estadística mensual de cada 25 de noviembre. Cuando detrás de cada llamada pasaron meses para que, como el duelo, primero negáramos que la vivimos, después nos diera mucho coraje estar en esa realidad y que nuestros hijos la vivan también, para después intentar negociar con el agresor en eso que conocemos como la luna de miel en el círculo de la violencia, para después pasar por la depresión y repetir esta historia una y otra vez, hasta decidir hacer esa llamada al 911.

El reto aquí es claro y es la deuda que tenemos con las mujeres, el lograr que ellas finalmente la identifiquen a tiempo desde temprana edad, lejos de los mitos del amor romántico y decidan salir de ahí, que logremos que se sientan acompañadas, respaldadas y nunca solas.

EL ÚNICO CAMINO PARA SALIR DE LA VIOLENCIA ES IDENTIFICAR QUE LA VIVO Y DECIDIR DEJARLA ATRÁS, NADIE PUEDE RECORRER ESE CAMINO POR MÍ.

Este año nadie puede decir que es demagogia o discurso vacío el aceptar una realidad que nos arranca a miles de mujeres en todo el país, mujeres que tenían que seguir con nosotras, por que ellas no murieron por una enfermedad que de la nada apareció, por que ellas no tuvieron un accidente, por que ellas no se distrajeron y desaparecieron; ellas fueron víctimas de un delito por el solo hecho de ser mujeres, ellas fueron asesinadas, desaparecidas o violentadas; y ante eso, solo nos queda seguir luchando por ellas y por las otras, no importa que nos digan todos los días feminazis o demagogas, porque también por ellas que nos nombran así, nos paramos muchas todos los días a seguir trabajando y anhelando una realidad diferente para todas y porque aquellos que nos invisibilizan y hacen más difícil este camino y esta lucha, también merecen vivir en un país mucho mejor.

ADIÓS 2020

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