Mujeres

Estigma del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Su distancia y rechazo a las mujeres lo ha desprestigiado internacionalmente

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Sara Lovera López*

SemMéxico/Cuadernos Feministas, 21 de octubre, 2021.- La conflictiva relación del presidente Andrés Manuel López Obrador con las mujeres, es un hecho indiscutible. A 2 años y medio de su mandato en México, en el mundo se dice, con más frecuencia de lo que imaginamos, que hoy en el país se gobierna de espalda a la condición de las mujeres, que estamos en presencia de un mandatario que está construyendo en México un nacionalismo autoritario,12 que repercute en la manera como concibe y trata la desigualdad entre hombres y mujeres.

Se dice y se documenta en numerosos análisis, artículos, estudios, incluso libros, que estamos en presencia de un gobernante que tiene un proyecto concentrador de poder, por tanto machista y patriarcal. Un gobernante no sólo megalómano, sino indiferente y con una profunda distancia frente a la protesta feminista, que en los últimos años ha tenido una expresión mundial, múltiple y potente, masiva y expansiva.

En México esta nueva expresión feminista es una respuesta a una situación gestada por años de injusticia e impunidad ante problemas como el de la violencia contra las mujeres, la condición de las trabajadoras, la exclusión de las más pobres y el desprecio a sus demandas específicas cimentadas en la diferencia sexual y el género.

Examino, no todo el conjunto de esta inquietante y compleja situación, hecho imposible para un texto en donde apenas se asoma la punta del iceberg. Me centraré en dos puntos de análisis necesarios: el discurso del presidente de la República, que con frecuencia incide en grandes auditorios, pero que no tiene las repercusiones materiales propias de un régimen dictatorial, como sería la respuesta represiva directa, pero si una represión simbólica e ideológica, al difundir ideas distorsionadas de lo que es, significa y está diciendo al movimiento de mujeres y feminista. Este discurso está ligado, sistemáticamente, a que se trata de un complot contra él y su proyecto.2

Lo que es cierto es que este personaje –un animal político extraordinario– cree, sostiene, piensa, considera a la revuelta femenina, de múltiples colores, orígenes y móviles, que fue puesta en escena para oponérsele. Con un reduccionismo ofensivo, resultado o de una profunda ignorancia o un profundo desdén.

Este discurso sistemático, que aparece como respuesta a las protestas en fechas precisas –8 de marzo o 25 de noviembre–, o cuando se difunden datos incontrovertibles, o se presentan hechos muy visibles –la valla levantada en Palacio Nacional días antes del 8 de marzo– o aquella reacción desmesurada contra las mujeres que tomaron la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que, por sólo mirarse a sí mismo, no tardó en conectarlos con los llamados factureros, equivocando la estrategia para contenerlo o desautorizarlo. Señalando y poniendo en riesgo a una mujer militante, sólo por laborar en una empresa que se dijo y nunca se demostró, era defraudadora fiscal.

El discurso se caracteriza –y con frecuencia sus acciones de gobierno– por una catilinaria confrontativa sin ambages, que se presenta cada mañana en todos los medios de comunicación gubernamentales y otros privados, por las redes sociales y en numerosos comunicados de prensa. Las mujeres encapuchadas, las madres hartas de la impunidad y sus legítimos reclamos, principalmente de las jóvenes,3 son hechos polvo en las palabras presidenciales.

Lo hace también sobre otras muchas mujeres que se apostan cotidianamente en los linderos del Palacio Nacional, donde el presidente vive y despacha. Llegan ahí con la esperanza de ser escuchadas, para reclamar sus derechos laborales, sociales o de justicia, de cara a la violencia in crescendo.4

Apenas el 21 de mayo 2021, ante la denuncia de cómo usos y costumbres han generado en Guerrero la venta de niñas, el presidente responde que los pueblos originarios son buenos, y él tiene otra información, afirma que se exagera, para decir enseguida que se informa con “amarillismo” sobre hechos que no existen, por ejemplo. Esta es su forma de hablar, siempre con la seguridad de que sólo pasan o se dicen cosas falsas, porque él gobierna y los asuntos están organizados por sus detractores.

Uno de los primeros desencuentros con el discurso de López Obrador, fue cuando de las cifras oficiales de su gobierno sobre el aumento desmedido de la violencia en los hogares como resultado del comienzo de la pandemia y por el confinamiento, señaló que el 90% de las llamadas de auxilio eran falsas. De ahí nació probablemente el primer encontronazo. Las feministas formaron el grupo “Nosotras tenemos otros datos”, que semana a semana muestra cómo lo que dice el presidente, no corresponde con la realidad.

También el nacimiento original del desencuentro, fue la emisión de la circular número uno de febrero de 2019, que prohibió, de tajo, dar recursos a proyectos de cualquier organización de la sociedad civil, cuya inmediata consecuencia fue borrar del Instituto Nacional de las Mujeres el PROEQUIDAD, un programa de apoyo a las organizaciones más pequeñas que trabajaban con mujeres en los sitios más apartados del país, recursos insignificantes y poco apetecibles para cualquier otra organización.

Este discurso de toma de distancia, frecuentemente sin sustento ni estadístico ni científico, que ofrece como verdad indiscutible, el presidente de la República lo ha desarrollado sin miramiento. Ello ha generado molestia, protesta, disgusto y movilización, tanto como críticas nacionales, manifiestos y argumentos. Peticiones de diálogo inútiles. A ello se han sumado críticas de todo tipo en medios de comunicación extranjeros de Estados Unidos, España e Inglaterra, pasando por Uruguay, Chile y hasta Corea.

Es el discurso, la narrativa presidencial lo que ha vuelto mediática la idea de que en México gobierna un misógino, defensor de las ideas liberales del siglo XIX, cuando los liberales juaristas crearon el símbolo de la reina del Hogar. En el periódico Washington Post abrieron espacio a periodistas capaces de analizar, seriamente, la conducta presidencial, frente al fenómeno internacional de las jóvenes contra las violencias feminicidas. Y diarios como El País, dio seguimiento puntual a las decisiones electorales, para el próximo gobierno en Guerrero.

El discurso y los hechos de este gobierno ya le produjeron al primer mandatario un enorme desprestigio y una confrontación con el feminismo nacional e internacional. Un discurso de la catilinaria a los hechos fue el de Félix Salgado Macedonio. La defensa activa, irracional, ilegal y ofensiva de este personaje, un político de perfil machista, atrasado, abusador y acusado de violación, con más de una investigación penal, al cual se le consideró, antes de las elecciones de junio, como el elegido por “el pueblo”. ¿Era deseo, capricho o compromiso presidencial? no está claro. Lo cierto es que este personaje era el elegido para la candidatura del partido del presidente, Morena, para encabezar el gobierno de Guerrero, una entidad pobre y marginada, entre las más deprimidas en economía y educación de todo el país. Una circunstancia insólita lo eliminó de la contienda, pero impuso a su hija, quien será la gobernadora del estado, según las elecciones del junio pasado.

La narrativa presidencial sobre el caso de Salgado Macedonio, produjo una respuesta inimaginable, con la gran campaña “Rompe el pacto”. A ésta se sumó hasta la locutora más tradicional y antifeminista de la radio y la televisión nacionales. Y él, que para victimizarse enjuta las cejas y pone una mirada lastimera, dijo en una mañanera que no sabía de qué se trataba y empuñó la daga, como a un toro, señalando que son ideas extranjerizantes –todo lo internacional es pecado para el señor presidente– acusando a las mujeres movilizadas de ser parte de una postura electorera. Demoliendo cualquier otro argumento.

El costo del discurso antifeminista, hecho mediático, será el signo de su paso por la historia, será el estigma de su gobierno. Hay quien afirma que la oposición feminista es la única que ya ha empañado su mandato, considerando que sus estocadas a los dueños del país sólo quedarán en eso, porque aún cuenta con una amplia aprobación de la ciudadanía mexicana. Conté 3 mil 500 textos acusatorios. Se diría oportunistas, tema que trataré en la última parte de este artículo.

Los hechos

A la personalidad, ¿misógina?, se añaden los hechos. López Obrador, convencido –no le falta razón–, de cambios de maquillaje al sistema mexicano/capitalista. Su política ha derruido decenas de programas e instituciones. Sabemos, estamos ciertas, que muchas han sido inútiles en el pasado, pero en la mente y proyecto de López Obrador, queda en una narrativa demagógica. Eso, a la luz de los datos, no está a discusión.

Al presidente no le falta razón en el embate a las Organizaciones No Gubernamentales que sí hacen política, y las califica como cómplices de las élites, identificadas como “poderes fácticos” en la administración de Enrique Peña Nieto. Lo grave es que no matiza, ni distingue. Él fue actor en el proceso que llamamos “transición a la democracia”, donde el reclamo de la sociedad por acotar el poder presidencial5 era legítimo y se desarrollaron acciones, en las que estuvo, para lo que al final fue una tentativa por “democratizar” a la administración pública y propiciar el equilibrio de poderes. De esa tentativa nació el Instituto Nacional Electoral, como un mecanismo ciudadano que diera fin al manejo, desde el partido de estado (PRI) de las elecciones.6

En los hechos, AMLO ha desconocido el diagnóstico de una multitud de Organizaciones Sociales Feministas, institucionales o independientes, autónomas o sujetas al sistema, incluso aquellas que la historiadora Gabriela Cano llama feminismo de Estado , acordes con la política internacional del capitalismo para aprovechar, se dice, el talento de las mujeres, necesario para la acumulación de la riqueza. Las últimas dos propuestas son la paridad y el sistema nacional de cuidados.

Yo, devanándome los sesos, tratando de explicarme si Andrés Manuel López Obrador es un simple macho misógino, un inocente personaje sin cultura de género, o se trata de un hombre con un problema muy profundo de rechazo a las mujeres, concluyo que simplemente es un político que hizo un proyecto, donde no consideró, ni de chiste a las mujeres y en su cruzada contra la corrupción, la reivindicación de los pobres y la familia, no quiere, no puede, no es capaz de comprender la desigualdad entre los hombres y las mujeres. Le parece irrelevante, la desdeña y cree efectivamente que ese problema no es fundamento, precisamente de aquello que dice que tanto le preocupa: la injusticia contra los pobres y desamparados, ni afecta al “pueblo bueno y sabio”, donde los hombres, efectivamente, también víctimas de la explotación, no podrían, según su creencia ser “malos” “machos” o feminicidas y lo resuelve todo con un pensamiento binario, incapaz de ver la diferencia.

Por eso dice, con cara de inocente y víctima “yo no soy macho”, es más “en mi gobierno los programas sociales han beneficiado mucho más a las mujeres”. Eso en la práctica administrativa y gubernamental, ha desdibujado la política de género, desmantelado programas tan urgentes como el de los cánceres femeninos, las agencias estatales para apoyo a víctimas, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el anexo 13 del presupuesto con recursos etiquetados, y como buen sofista, cree que de esas acciones, todo mundo se aprovechó. Cuidémonos si descubre que algunas ONG feminista, durante lustros han recibido fondos de ONG estadounidenses o alemanas o de la cooperación internacional, de esos gobiernos.

Andrés Manuel López Obrador no comprende y no le interesa la crisis de confrontación con las mujeres, de las jóvenes hartas de la impunidad y el feminicidio, de las madres buscadoras y desesperadas por la justicia por años y años; de las especialistas que han sustentado cómo hay una relación entre la desigualdad entre hombres y mujeres y muertes evitables por diabetes, en razón de la mortalidad materna, los cánceres femeninos o el agotamiento femenino por dobles o triples jornadas de trabajo. Su desdén no solamente es discurso político. En la práctica considera todos esos proyectos, programas o políticas dirigidas a las mujeres, como solamente un asunto de “fifis”, superfluos e innecesarios, si es al pueblo donde todo debe dirigirse. Un día, entre tantas cosas que ha dicho, manifestó claramente que la protesta no tiene fundamento, “que nos quede claro: primero los pobres”.

Por ello todo reclamo, inconformidad, crítica –porque podría antes de destruir mejorar o reestructurar– está dirigido contra él y por la destrucción de su propuesta,7 esa que busca acabar con la corrupción, existente y comprobable. Y está convencido que a la hora de desarrollar las políticas públicas dirigidas a mitigar la pobreza, lo que se propuso, hizo, promovió, con o sin demagogia, durante décadas fueron/son, fuente de enriquecimiento ilícito o mecanismos de soporte al capital. Sin duda.

Tampoco, ni siquiera siendo restaurador del capitalismo de la Revolución Mexicana –según cree saber– está minando las bases del sistema. No ha propuesto, por ejemplo, una reforma hacendaria, que cómo los socialdemócratas, haría posible que paguen más quienes más ganan. Digamos un tímido maquillaje. No, para nada, ante el fenómeno mundial de la pandemia, se negó a pensar en el ingreso mínimo vital, y confundió a las microempresas como las grandes corporaciones restauradas por el Fobaproa que restituyó a los bancos las pérdidas por el error de diciembre (1995), dejando a millones de mujeres sin medios de subsistencia. Inegi señala que hay 2 millones y medio de mujeres desempleadas, como consecuencia de la pandemia. ¿Le importan? no, no las ve. Ni a ellos, ni a las familias de ambos.

La contradicción

Estoy convencida que la confrontación con el movimiento –que ya era, existía, tenía reflejos mediáticos como nunca en la historia– le dio al discurso feminista una visibilidad nunca vista. Los señores de los poderes fácticos, empresarios, medios de comunicación, y hasta la iglesia, activos opositores al régimen, abrieron sus espacios, sus discursos, muchas acciones a las mujeres.

¿Quién no recuerda? la suma de empresas, instituciones privadas, fundaciones, asociaciones, partidos políticos de la derecha tradicional a la social democracia, que se sumaron al paro histórico de marzo de 2020.

De pronto la violencia contra las mujeres se convirtió en una noticia cotidiana; bueno hasta las más tradicionales comentaristas y los omisos periodistas de siempre, se han unido a la protesta, han desplegado campañas contra el feminicidio y la injusticia contra las mujeres. Algo increíble, una nueva narrativa recorre el mundo. En México saltaron a la escena los y las oportunistas. Andrés Manuel López Obrador no supo diferenciar. Acusó al movimiento de estar manipulado, un día dijo textual: “esas manifestaciones no sucedían antes”, porque ahora las propician los “conservadores”, o sea, los conservadores y todos los movimientos y críticas a su estilo de gobernar y a los cambios que empiezan a afectar múltiples intereses.

El genio político del presidente de la República no ha conseguido matizar. Pero, en virtud de su fuerza y popularidad, también sumió a sus colaboradoras y colaboradores que defienden, supongo que en algunos casos con convencimiento de causa y otros por miedo, el proyecto de López Obrador de extremo a extremo. La Secretaría de Gobernación y la de la Función Pública, sostienen que estamos viviendo el gobierno más feminista de todos los tiempos.

La contradicción está ahí. En una ceguera fenomenal. Con todo y los oportunistas, que finalmente suman a la narrativa feminista, sobre todo cuando algo dice el presidente contra ellas, seguramente están contribuyendo a la expansión de la cultura feminista. Considero que no podemos hacer conclusiones ahora, pero el tiempo mostrará si ello es así. Miles de miles de personas han perdido totalmente el miedo para nombrar al feminismo o los feminismos, como acotarían las académicas. No sabemos cuánto está pasando en el sentimiento de la gente cuando se habla de los feminicidios; no sabemos las consecuencias sociales que vendrán a causa de la confrontación y la apertura de espacios.

En estos dos años y medio, además, las ONG ricas, apuntaladas por el capital, han documentado “espantadas”, dado que no les interesó antes, con los datos contundentes de la violencia contra las mujeres, de qué manera está incidiendo en las subjetividades colectivas, el discurso de aceptación para la incursión de las mujeres en la política; no sabemos cuántas y cuántos maestros, ahora mismo se están interrogando sobre la discriminación; no sabemos cómo esta cruzada confrontativa, donde el presidente, su administración y sus hechos, de indiferencia a la desigualdad entre hombres y mujeres, está calando en la colectividad. Sabemos que ello puede tardar décadas, pero lo cierto es que el discurso y los hechos de esta administración, abrieron causes inesperados para poner en debate público la condición social de las mujeres.

Colofón

Nada de lo que he escrito hasta ahora, lo comprendo y lo digo, hubiera sucedido sin el cambio tecnológico de los medios de comunicación, si no fueran fuente de poder las redes sociales, que han acortado el tiempo para conocer las diversas realidades de las mexicanas.

Es verdad que no sabemos tampoco la hondura de esa difusión. Ni podemos, como se dice, adelantar vísperas, pero lo cierto es que, como diría la directora de Cuadernos Feministas, Josefina Chávez, el influjo de esta nueva etapa del feminismo, las mujeres están encabezando la lucha social en buena parte del mundo. Eso sí, que es irreversible.

* Periodista. Directora del Portal Informativo semmexico.mx, integrante del consejo editorial de Cuadernos Feministas. Feminista.

Notas a pie

1 Como lo desarrolla Roger Bartra en su libro Regreso a la Jaula, Planeta, 2021, pp. 11.

2 Habría que explicar en otro espacio los detalles de ese diagnóstico presidencial, porque que no está dirigido específicamente contra la mitad de la población, sino contra lo que llama “los conservadores”.

3 Movimiento que Cuadernos Feministas ha documentado, descrito y analizado, tanto por académicas, escritoras o analistas, cuestión que no forma parte de este artículo.

4. Voz italiana que se usa internacionalmente en el lenguaje musical para indicar que el pasaje al que se refiere debe ejecutarse aumentando

5 Muy estudiado por diversos intelectuales, tanto que Enrique Krause le llamo la Presidencia Imperial.

6 Imposible aquí abordar la efectividad del INE, lo único posible es decir que sin el INE, Andrés Manuel López Obrador, candidato varias veces por el Partido de la Revolución Democrática, jamás hubiera llegado al poder, como se dice, por la vía pacífica.

7 Es verdad que las ONG, como Mexicanos contra la Corrupción, México Evalúa o Signos, por mencionar unas cuantas, están apuntaladas por el empresariado mexicano, que históricamente se ha opuesto a políticas nacionalistas, “liberadoras”, como cuando se opusieron a los libros de texto o al feminismo y la política de género, como a la educación sexual, el aborto y las libertades fundamentales de las mujeres. Así fueran fuegos artificiales.

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