Internacional

Evitar que las situaciones de sinhogarismo en mujeres se cronifiquen es posible

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  • Durante la pandemia, muchas mujeres se vieron en la calle.
  • Para crear un hogar y su recuperación nace la Casa de las mujeres

Gloria López

SemMéxico/Ameco Press, Madrid, 6 de octubre, 2021.-  Durante la crisis desatada por el coronavirus, personas que vivían en situación de vulnerabilidad, pero no de exclusión extrema se vieron en la calle. Muchas de ellas eran mujeres que trabajaban en el sector de los cuidados y que, bien porque las personas a quienes cuidaban murieron, o porque tenían miedo de ser contagiadas y “prescindieron de sus servicios”, se encontraron sin domicilio y sin trabajo. Conscientes de esta necesidad la Fundación Luz Casanova abrió un espacio en la sierra de Madrid destinado a mujeres sin hogar. La directora de la Fundación, Julia Almansa, explica para AmecoPress las claves de este proyecto, que tiene un “enfoque eminentemente preventivo” y que incorpora la perspectiva de género “para abordar una problemática aún muy invisibilizada”. “La casa de las mujeres”, la llaman en el pueblo donde se ubica.

El centro tiene como objetivo evitar las situaciones de sinhogarismo en mujeres y su cronificación, a través de la detección temprana y la prevención. Está inspirado en la iniciativa británica No Second Night, que busca evitar que las mujeres pasen una segunda noche en la calle y aunar esfuerzos para que la situación de sinhogarismo se detenga lo antes posible. Julia Almansa insiste: “son personas que nunca pensaron que la crisis económica, sanitaria y social las dejaría sin nada”.

Puede sonar a tópico eso de que “nos puede pasar a cualquiera”, pero es cierto que la “postal” que define a una persona sin hogar en el imaginario colectivo no se parece a la realidad: “la situación de calle es multiproblemática, cuenta con muchas aristas y está llena de historias de vida complejas”, argumenta Julia Almansa. En numerosas ocasiones son procesos en los que se ha ido acumulando una serie de circunstancias y que en un periodo muy corto enfrentan una situación que actúa como desencadenante que hace que esa persona se encuentre sin hogar: una pérdida de familiares y de empleo, violencia, divorcio, etc. En todo caso, el sinhogarismo está relacionado con la pobreza y la desigualdad de oportunidades y se debe, fundamentalmente, al fracaso de nuestro sistema social.

En el caso de las mujeres, el maltrato ocupa un lugar importante entre las causas que conducen a estar en una situación de calle. Un 70% ha sufrido agresiones físicas y un 50% sexuales. “Son heridas muy profundas, en algunas ocasiones se trata de una sucesión de maltratos: en la infancia, en el ámbito de la pareja o violencia institucional”. “Cuando el agresor te ha aislado y decides separarte, ¿con qué redes cuentas?”. También, una vez que quedan en la calle, están más expuestas que ellos a la violencia, especialmente a la violencia sexual por parte de desconocidos y a la violencia institucional.

Unas 35.000 personas viven sin hogar en España, de ellas, alrededor de un 17% son mujeres, un colectivo que ha aumentado en los últimos años pero que permanece invisibilizado

Unas 35.000 personas viven sin hogar en España, de ellas, alrededor de un 17% son mujeres, una cifra que ha aumentado en los últimos años. Esas mujeres constituyen uno de los colectivos más vulnerables y más invisibilizados. “Hay menos presencia de mujeres en la calle porque ellas han generado redes”, cuenta la directora de la Fundación. Esto ha hecho que los recursos estén construidos para los hombres y las mujeres pasen desapercibidas, a pesar de que la pobreza y la exclusión se ceba especialmente con ellas, tengan o no tengan hogar: según datos del INE, casi un tercio de las mujeres de entre 16 y 30 años está en riesgo de pobreza en España.

“Nos cruzamos con ellas por la calle y no las vemos porque, además, el imaginario colectivo no coincide con la realidad que están viviendo las personas sin hogar”. Si ampliamos el foco y advertimos que “vivir sin hogar” es estar en la calle, pero también es estar en una infravivienda, o pasar las noches en casa de una amiga y los días en comedores sociales y en los parques, la presencia de las mujeres es mayor, aunque sean difíciles de identificar.

“Sin embargo, cuando se trata con especificidad un problema la respuesta es mucho mejor”. Esa es la apuesta de la Fundación Luz Casanova desde hace años: trabajar con perspectiva de género. El Centro de Alojamiento de Emergencia para Mujeres Sin Hogar tiene en cuenta estos rasgos diferenciales y los incorpora en los recursos y medidas que implementa.

“Hay que incorporar las múltiples violencias que enfrentan las mujeres y ayudar a tomar conciencia”, expone la experta. “Es importante que las mujeres cuenten con un espacio propio, íntimo y personal, porque eso también te construye”. Y el elemento de la seguridad es fundamental. “Un recurso específico de mujeres les da mucha más tranquilidad que un espacio mixto”. “Estar en la calle es una situación de miedo y estrés permanente”, comparte, avalada por la experiencia de años trabajando con el colectivo, “las mujeres agradecen mucho esa sensación de seguridad para poder empezar a liberar el corazón y la cabeza y comenzar a buscar posibilidades y alternativas”.

Desde esa perspectiva de género e interseccional, la Fundación ayuda a generar las condiciones necesarias para una vida con dignidad: un hogar desde donde iniciar la recuperación, un espacio que respeta la individualidad y la privacidad, pero que fomenta la convivencia y la generación de vínculos, red y comunidad.

De las mujeres que han pasado por el centro, ninguna ha quedado en el sistema de personas sin hogar

De las mujeres que han pasado por el centro, el 87% ya ha salido consiguiendo un trabajo, el acceso a una vivienda o habitación con familiares o amistades. Otras han pasado a vivir en sistemas de protección estables, en función de sus problemáticas. Ninguna mujer ha quedado en el sistema de personas sin hogar. “Eso es lo que queremos”, precisa Almansa con satisfacción para añadir que la clave está en la “detección temprana”. “Abordamos el acompañamiento profesional de forma multidisciplinar y a través de una estrecha cooperación con otras entidades y profesionales de la medicina, el mundo del derecho o la vivienda”, explica, abogando también por el trabajo arraigado en la comunidad donde se ubica el centro. “Parte del equipo profesional está integrado por gente de la zona”, “es importante que se pueda buscar empleo o recursos en el entorno cercano”, eso también ayuda cuando se producen tensiones y dificultades, que, como en cualquier proyecto, se dan.

La experiencia demuestra que “evitar que las situaciones de sinhogarismo en mujeres se cronifiquen es posible”, concluye Almansa.

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