Internacional

II Encuentro feminista internacional sobre la caza de brujas y campaña por la memoria de esas mujeres perseguidas por brujería

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  • Una historia ridiculizada. Una historia invisibilizada. Una historia olvidada, condenada a repetirse
  • Mujeres con poderes ocultos, mujeres que se ocultan y aparecen en todo tiempo histórico
En el momento en el que las «brujas» se convierten en objeto de leyenda, juego, folklore, parte de un mundo imaginario de duendes y hadas, la bruja real/histórica, la campesina/artesana/proletaria/mujer esclava horriblemente torturada y asesinada se hace invisible, queda eliminada de la historia e incluso ridiculizada. ’Campaña por la memoria de las brujas’

SemMéxico/AmecoPress, Madrid, España, 27 de abril, 2022.- La caza de brujas es la historia de miles de mujeres que fueron torturadas y asesinadas acusadas de brujería, un crimen atroz nunca reconocido como tal y tergiversado, que hoy es representado a partir de leyendas, mitos e incluso con la venta de muñecas que reproducen la imagen de los perseguidores en aquellos lugares donde fueron ejecutadas. Si dejamos atrás la leyenda y el mito, nos queda una persecución impulsada por el Estado y la Iglesia en muchas comunidades de la Europa occidental entre los siglos XV y XVIII, que a partir del siglo XVI se trasladaría a las Américas -especialmente a Brasil, Colombia y Perú- utilizando la caza de brujas como instrumento de conquista y colonización.

Entre 1450 y 1750 data el capítulo más siniestro de la historia de Europa, los procesos contra la brujería y la quema de miles de mujeres protagonizan este hecho tan poco estudiado como olvidado por los historiadores, hasta que las feministas “lo sacaran del limbo histórico en el que estaba confinado”, como escribió la escritora Silvia Federici en los 90. Aunque es casi imposible saber exactamente cuántas víctimas hubo, estudios oscilan que alrededor de 100.000 personas en su mayoría mujeres fueron acusadas y procesadas por brujería. En 1486, se publicaba el manual para la identificación, persecución y caza de brujas por parte de los monjes dominicos Heinrich Kramer y James Sprenger, quienes ya habían ejercido de inquisidores en el sur de Alemania. Este manual, ’Malleus Maleficarum’, fue una de las más influyentes demonologías y reimpresa varias veces después de su publicación a lo largo de dos siglos. En su libro, ’Calibán y la bruja’, Silvia Federici sostiene que las cacerías de brujas que ocuparon los siglos XVI y XVII fueron tan importante para la formación del capitalismo como la colonización y la expropiación de propiedades al campesinado, elementos que Marx incluye es su término “acumulación primitiva”.

Las cacerías de brujas ocuparon tres siglos en Europa y en las regiones que los europeos colonizaron y, tal y como señala Federici, en la actualidad la “mayoría de los gobiernos de los países en los que se atacó y asesinó a mujeres por brujas no reconocen este crimen”, siendo este el caso de España.

En el reconocimiento de estos crímenes reside la preservación de la memoria

En Noruega, se conmemora año tras año la persecución y ejecución de 91 víctimas de la caza de brujas que tuvo lugar en un pequeño pueblo de Vardø, al noreste de la península escandinava en 1600 y 1691. ’Steilneset Memorial’ fue una obra que Peter Zumthor junto a la artista Louise Bourgeois, que realizaron en conmemoración de estas víctimas en 2011. El monumento está compuesto por madera y vidrio, se accede por una pasarela donde hay 91 ventanas cada una iluminada con una bombilla, en honor a cada una de las víctimas. Esta obra es, sin duda, un paso en la dirección correcta. Mientras tanto, en España, somos testigo de cómo se utilizan estos crímenes como reclamo turístico y no como memoria. En Toledo, por ejemplo, hay tours y exposiciones sobre la brujería que reproducen la imagen que los inquisidores propagaron, haciéndonos creer que aquellas que fueron asesinadas no fueron víctimas inocentes sino culpables de su monstruosa persecución.

Hace pocos meses y con la necesidad de comprender las causas de la nueva oleada de violencia contra las mujeres en la actualidad, la filósofa Silvia Federici publicaba ’Brujas, caza de brujas y mujeres’ donde va algo más allá de la investigación histórica, y muestra cómo la persecución de la brujería cobra nueva forma y vigor. Parte del libro se centra en el “cercamiento”, por un lado, en los procesos de cercamiento de tierras y privatización en relación con la caza de brujas; y en el progresivo cercamiento del cuerpo femenino por parte del Estado para su control. Los nuevos cercamientos en África, India y en el sudeste asiático los entiende como una nueva caza de brujas, de nuevo en contra del cuerpo de la mujer a quién persiguen, mutilan y asesinan.

La memoria de las brujas

Opuestas a los cuentos, a los mitos y al atractivo turístico que oculta la tortura y ejecución de miles de víctimas, un centenar de mujeres se organizaba en 2019 en Pamplona. Traficantes de Sueños, espacio que participa en el proyecto y junto la librería Katakrak, nos cuenta que este encuentro feminista desembocó en un proyecto de investigación y acción sobre la historia de la caza de bruja, principalmente en España. El encuentro generó este proyecto de reconstrucción de la historia de brujas, una forma de confrontar la imagen de las brujas reproducidas por los inquisidores y la mezcla de la caza de brujas histórica con el arquetipo de mujer malvada y poderosa. Así, y como dice Federici, “desde abajo”, nace la ’Campaña por la memoria de las mujeres perseguidas por brujería’, organizada en distinto grupos locales que se han propuesto investigar la caza de brujas histórica y su relación con el capitalismo, así como la caza de brujas actual, analizar las representaciones de la memoria de estos sucesos y desarrollar nuevos memoriales, poner en relación la violencia contra las mujeres del inicio del capitalismo con la violencia contra las mujeres de nuestro días.

La campaña cumple tres años desde su primer encuentro y de su trabajo ya podemos ver frutos. Una de ellas es la realización de un mapeo colaborativo de lugares donde hubo persecuciones de mujeres por brujería, su intención es dibujar la persecución y representación de estas mujeres. En el mapa, nos encontramos con numerosos de estos casos, como el de las brujas de Laspaúles: en 1593, en este municipio de Huesca, 24 mujeres fueron torturadas y ahorcadas acusadas de brujería. Los manuscritos que describen los hechos fueron hallados en el campanario de la iglesia durante su rehabilitación en 2001, actualmente hay un parque temático.

En el municipio de Laspaúles, en Huesca, 24 mujeres fueron acusadas de brujería y, en consecuencia, torturadas y ahorcadas.

Uno de los grupos de la campaña, el Grito Brujo, decidió investigar sobre los casos que tenían más cerca en la Comunidad de Madrid, en concreto en la zona de la Sierra de Madrid. Encontraron los casos de María de Manzanares y Ana de Nieba en la localidad de Miraflores de la Sierra. Entre 1644 y 1645, se dieron una serie de muertes infantiles inexplicables en el pueblo de Miraflores de la Sierra, Ana de Nieba y María de Manzanares, dos ancianas viudas y mujeres pobres, fueron enviadas a las Prisiones Inquisitoriales de Toledo por delito de brujería. Treinta testigos denunciaron a estas mujeres y declararon con todo tipo de argumentos. Fueron sometidas a tormento y castigadas. En 1646, Ana de Nieba y María Manzanares son acusadas de brujería y juzgadas por la Inquisición de Toledo, culpadas de infanticidio y de prácticas heréticas. A partir de esta historia recuperada y para contarla, hicieron una intervención en una zona rural en los alrededores de la sierra y presentaron su trabajo en un pueblo de la sierra, también en Córdoba, Argentina, de donde son parte del colectivo Grito Brujo. Dentro de poco mostrarán su pieza en Madrid.

Investigar los archivos históricos de estas mujeres acusadas de brujería, así como cuál fue su destino, nos permite comprender, como dice Federici, la nueva oleada de violencia contra las mujeres en todo el mundo. “La caza no ha terminado, las mujeres siguen siendo acusadas de brujas y sometidas a una violencia institucional comparable a una cacería de brujas”.

La representación de las mujeres que resisten

Las creadoras del libro ‘Brujas, salvajes y rebeldes’ también fueron parte del encuentro. Algunas de sus autoras, con muchas ideas y antes de que estas se convirtieran en libro, se sumaron a la convocatoria para lanzar la campaña por la memoria de las brujas y volaron desde Quito a País Vasco. Eva Vázquez, coautora del libro, nos cuenta cómo siguieron el proyecto de vuelta a Ecuador. La cuestión inicial que querían deshilar era la de cómo se hacen presente esas persecuciones hoy en día en los distintos territorios de Ecuador, a partir de diferentes luchas o historias de defensa territorial. Ellas estaban interesadas en cómo afectaba a la actualidad la dimensión histórica, poco estudiada o trabajada en América Latina, pero también otras expresiones como la reactualización de la dominación colonial o los fundamentalismos religiosos. Todo ello se entrelazaba además con distintos actores, nos cuenta Eva, como empresas extractivas, el Estado o las iglesias evangélicas que están actuando tanto en comunidades indígenas como en las ciudades.

Decidieron explorar todas estas cuestiones o hilos, como las llama Eva, y preguntar a compañeras de todo tipo y de todos los ámbitos: historiadoras, activistas, defensoras del territorio, feministas, médicas, teólogas… La pregunta fue abierta: cuáles eras sus acercamientos a estas cuestiones. A partir de las respuestas que recibieron, pensaron en dejar todas esas palabras por escrito. El libro tiene entradas bien diversas, que van desde teólogas y una espiritualidad feminista hasta compañeras que vivieron un exorcismo por sus condiciones de mujer afro y rural. El libro muestra las narrativas sobre las mujeres temidas, la vinculación de las mujeres con el mal, el control de los cuerpos y su relación con la índole colonial, pero también abordan los saberes y los poderes, poniendo en valor las resistencias que parten de los conocimientos que tienen las mujeres.

Las brujas condensan buena parte de la imaginación del presente en torno a las mujeres. Mujeres con poderes ocultos, mujeres que se ocultan y aparecen en todo tiempo histórico. Mujeres temidas y perseguidas, encarnación de todos los «males» de lo femenino. Mujeres feas que se metamorfosean en hermosas y puras. Que hablan con los animales y las plantas, que las conocen y usan para sus encantamientos. Las brujas siguen saturando los imaginarios del machismo y la misoginia en cuentos, relatos, tradiciones y dichos diarios. ’Brujas, salvajes y rebeldes’

Las interrelaciones entre el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo ha sometido a América Latina a un proceso de separaciones y violencias, donde el extractivismo es supuestamente necesario para que las naciones se desarrollen. La industria extractiva minera y petrolera, motivada por una incansable demanda mundial de materias primas y recursos, apunta en contra de las comunidades indígenas, las campesinas y amplios segmentos de la población urbana en América Latina y México, como cuenta la socióloga Mina Lorena Navarro en su estudio ’Mujeres en defensa de la vida contra la violencia extractivista en México’. Las políticas extractivas controlan, extraen, explotan y mercantilizan la naturaleza, suponen un acelerado y destructivo impacto “sobre la salud humana-natural y en general de los ecosistemas y tejido de la vida”, señala Lorena Navarro.

La casa de la destacada activista amazónica Margoth Escobar fue incendiada tras numerosas amenazas y ataques.

Contra las políticas extractivas, las mujeres activistas y defensoras de la tierra viven la persecución en sus cuerpos. De la misma forma que la caza de brujas del siglo XVII sirvió de disciplinamiento del cuerpo de la mujer, se despliegan nuevos ataques para el control de las mujeres que defienden sus territorios. Atentados que van desde amenazas hasta asesinatos: desde el asesinato de Berta Cáceres, activista indígena y lideresa de movimientos sociales, sobre todo del pueblo lenca, según el informe de defensoras de la tierra de Mesoamérica, al menos 21 mujeres de tierras y territorios han sido asesinadas en Mesoamérica y hasta 45 defensoras de derechos humanos han sufrido intentos de asesinatos. El caso de la activista amazónica Margoth Escobar supone una metáfora casi perfecta de la caza de brujas, junto a años de amenazas, su casa fue incendiada. Como nos dice Eva Vázquez, y tal como reflejan ella y sus compañeras en su diverso libro, “la incriminación por terrorismo y la violenta ofensiva judicial del Estado ha pasado por controlar estos cuerpos rebeldes relanzando una y otra vez la caza de brujas”. La resistencia de las mujeres frente al extractivismo, la defensa de sus tierras, igual que se enfrentaron al colonizador. Estas mujeres son indígenas, mestizas, campesinas y, especialmente, amazónicas. Las imágenes que construyen la Amazonía son de rebeldía, “lugar inexpugnable, hostil y salvaje; auténtica frontera natural y social de la colonización”.

Todavía es necesario proteger a las brujas

Durante la década de 1990, las acusaciones y ataques a “brujas” se han intensificado de un modo nunca visto en África e India. En el estado de Jharkhand, al noroeste de India, 123 personas, en su mayoría mujeres, fueron asesinadas tras ser acusadas de brujería entre mayo del 2016 y 2019. Al menos 23.000 mujeres acusadas de brujas fueron asesinadas en África entre 1991 y 2001. Actualmente, unas 3.000 mujeres exiliadas en los campamentos de brujas al norte de Ghana, obligadas a huir de sus comunidades ante las amenazas de muerte y las acusaciones por brujas. En el sudeste de Kenia, en el distrito gussi (Kissi), decenas de personas asesinadas, en su mayoría mujeres. Se han registrado ataques a brujas, siendo ya nombrados como habituales, en la República de Benín, Camerún, Tanzania, República Democrática del Congo y Uganda. Hay graves persecuciones en Sudáfrica en la provincia de Limpopo. En Zambia, había 176 cazadores de brujas activos durante el verano de 1998. Desde 2008 las cifras de asesinatos justificados por supuesta brujería se han disparado: en Tanzania se calcula que son acusadas y asesinadas 5.000 mujeres al año.

Entre los muchos factores que parecen haber provocado esta reaparición de la caza de brujas, Federici señala en su último libro la desintegración de la solidaridad comunal o la predicación de que la pobreza está causada por los defectos personales o por la acción maligna de las brujas. Sin duda esta pobreza está siendo provocada, pero no por brujas sino por una incansable campaña en contra de la agricultura de subsistencia que promueve el Banco Mundial. Los movimientos contra las brujas en África no comenzaron hasta el periodo colonial, a la vez que se introdujeron las economías monetarias que crearían nuevas formas de desigualdad. Dice Federici: “antes de la colonización, las «brujas» eran a veces castigadas, pero raramente asesinadas; de hecho, es cuestionable que podamos hablar de ‘brujería’ refiriéndonos a la época precolonial, pues el término no se comenzó a usar hasta la llegada de los europeos”.

Es difícil contestar de manera firme que esta nueva oleada de violencia a las mujeres tiene aspectos en común con la caza europea del siglo XVII. Hay muchas motivaciones distintas tras las acusaciones de brujería y grandes diferencias en el contexto histórico y cultural, mas nombrar los elementos comunes nos puede ayudar a entender la persecución de brujas actual. Por ejemplo, en ambas se ataca con más frecuencia y violencia a las mujeres mayores, en su mayoría son campesinas y viven solas. También, las cazas de brujas africanas se están dando lugar en sociedades donde, como señala Silvia Federici en el libro, “se están expulsando de la tierra a muchos campesinos, se establecen nuevas relaciones de propiedad y nuevos conceptos de valor, al tiempo que se rompe la solidaridad comunal bajo el impacto de las presiones económicas”, pudiendo traducirse como un proceso de acumulación originaria.

La caza de brujas es una persecución contra el cuerpo de la mujer, de la campesina y de la activista, una herramienta de disciplinamiento que ha pasado a representarse con figuras de mujeres con verrugas, escobas y sombreros puntiagudos. Es importante que entendamos la lógica que sigue a la caza de brujas, con la historia de entonces y su presencia ahora. Como concluye Silvia Federici: “solo si mantenemos viva esta memoria podremos evitar que sea puesta en nuestra contra”.

El II Encuentro feminista internacional sobre la caza de brujas. Colonialismo, extractivismo y violencia contra las mujeres ayer y hoy» tendrá lugar en Madrid en octubre en el Ateneo La Maliciosa. Para colaborar con el encuentro, se están vendiendo bonos de apoyo que da acceso al vermú-presentación del encuentro el próximo domingo 8 de mayo de 12 a 18 hrs en La parcería.

Ilustraciones de la caza de brujas y pancarta en manifestación presentes en web Memoria de las brujas; portada del libro ‘Brujas, salvajes y rebeldes’. Archivo de AmecoPress cedidas por la «Campaña por la memoria de las mujeres perseguidas por brujería».

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