COLUMNASOlimpia Flores Ortiz

LA GANSOCENSURA

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El cinismo de la franqueza como resistencia

*Cuando la libertad de palabra en la ciudad se vio prohibida por la sumisión al monarca de turno, el cínico reivindicó, a título personal, la franqueza más absoluta, la parrhesia. Carlos García Gual, helenista español nacido en 1943.


Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico, Zaachila, Oaxaca, 4 de julio, 2021.- El pasado miércoles 30 de junio, el Presidente López Obrador inauguró en su ejercicio matutino de desinformación, la sección a la que nombra “Quién es quién en las mentiras” cuyo propósito es denostar a las ideas que lo contradicen y peor aún, a las personas que las enuncian. Una postura persecutoria desde el poder político.
Ante los señalamientos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que consideró que el ejercicio presidencial afecta a la libertad de expresión y la democracia, exaltado reaccionó “les debería dar vergüenza defender un periodismo de mentiras” “es una interpretación muy ventajosa de parte de quienes no quieren que haya confrontación de ideas, que haya un diálogo circular que nada más quieren ellos tener el monopolio de la verdad y que nadie puede replicar” “esa posición es lo más antidemocrático que puede haber.”
Esa misma crítica se le puede revertir a él mismo que desde su voz y desde su tribuna con su sofisma efectivamente pretende detentar el estatuto de la verdad ejerciendo el poder presidencial para inhibir la confrontación de ideas, coartar la libertad de expresión y socavar a la democracia.
Dejo asentado que no es mi interés defender ni denostar personalidades, sino pronunciarme por preceptos y derechos, aun cuando los pobres fueran primero.

La censura viene con la civilización y ha sido inherente a la organización del poder. La censura de todos los tiempos se ejerce sobre los cuerpos y su sexualidad, la desinhibición moral, las lenguas, la libertad de expresión, los libros, los medios públicos de comunicación, el arte en todas sus expresiones, las situaciones gregarias, los cultos, las posturas políticas; los dictadores han suprimido la documentación de la historia e incluso han liquidado a sus adversarios. La posesión de la verdad es el bien más preciado del poder y está por encima de la vida misma.
Pero ¿qué es la vida si no un concepto sobre la “realidad transaccional” que se produce entre los meandros del poder, sus relaciones y los mecanismos para la gubernamentalidad?
En este sentido, el poder político no es “EL PODER” sino un agente. Foucault pensó al poder, no como sustancia, sino como efectos, funcionamientos, dispositivos; es decir una estrategia. (Microfísica del Poder)
En la entrevista Verdad y Poder que le hizo M. Fontana en rev. L’Arc, n.° 70 especial. Págs. 16-26. Foucault dice “Cuando se definen los efectos del poder por la represión se da una concepción puramente jurídica del poder; se identifica el poder a una ley que dice no; se privilegiaría sobre todo la fuerza de la prohibición. Ahora bien, pienso que esta es una concepción negativa, estrecha, esquelética del poder que ha sido curiosamente compartida. Si el poder no fuera más que represivo, si no hiciera nunca otra cosa que decir no, ¿pensáis realmente que se le obedecería? Lo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir.”
Digamos entonces que el poder en tanto estrategia está abocado a la normalización mental de los individuos en cada época histórica. Lo que Foucault entiende como genealogía es una forma de historia que da cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, que al cabo constituyen a los individuos en su estatus normal, productivo, decente, sano.
Si ese es el estatuto de verdad que sostiene el poder, entonces ¿dónde queda su cientificidad? ¿Quién detenta la verdad? ¿Cuál es el discurso de la verdad? Siguiendo el hilo foucaultiano, ningún discurso es verdadero, nadie detenta la verdad. Lo que se detenta es un poder desde la fuerza de ciertos saberes asumidos socialmente. El problema de la verdad es un problema de poder.
A partir de la Modernidad, cuando la vida ya puede explicarse ateológicamente el origen y la constitución de las y los sujetos de la Humanidad, los dispositivos del saber y del poder cambian de eje: en esta ruptura epistemológica, que la teología ya no tiene el monopolio del saber, aparece el discurso de la biología bajo la forma de “biopoder” ejercido por las disciplinas para ocuparse de los cuerpos y su constitución en el ordenamiento espacio-temporal; y para formarlos económicamente productivos y políticamente obedientes. Este discurso es operado por la biopolítica que captura los procesos vitales de la población.
Concebir de este modo a la biopolítica implica ubicarla en el marco de la racionalidad gubernamental en el que se ejerce, que acompañando a la Modernidad en un principio fue el liberalismo y ahora es el neoliberalismo.
El surgimiento del Homo œconomicus, del neoliberalismo, acepta sin cuestionar lo que se le presenta como realidad y frente a las variables del medio y del momento responde sistemáticamente como un elemento manejable. “El homo œconomicus es un hombre eminentemente gobernable”, con una forma de vida autoproducida que afronta convencido de que “actúa libremente inscribiendo su vida y sus comportamientos en una curva estadística. Es el hombre-empresa, el empresario de sí mismo”.
Es esta la fórmula entre el poder en tanto estrategia, la vida como biopolítica y los procesos de subjetivación.
En cuanto al problema del saber-poder y las reglas según las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y sus efectos políticos, entendamos entonces que el papel de los intelectuales y el periodismo, no se inscribe en un combate a favor de la verdad, que no existe, sino de desenmascarar el estatuto de verdad y al papel económico-político que juega. No está en el campo de la ideología, sino en el del binomio “verdad/poder”.
Hoy que, en Occidente, las/los individuos se han convertido en objeto de sí mismos, el problema no es el de concientizar a la gente, sino de alentar la constitución de una nueva política de la verdad, de develamiento del régimen político, económico, e institucional de producción de la verdad, que sea cual fuere nunca será ajena a cualquier sistema de poder, porque ella misma es poder. Sino de despojarla de sus formas de hegemonía sociales, económicas bajo las cuales funciona por hoy.
Es allí en donde hay que persistir en enunciar con todo el cinismo de la franqueza; de la parrhesía en tanto resistencia.

 

[1] Parrhesia.- Es un término griego que proviene de pan (todo) y de reo (decir); decir todo valientemente a quien fuere sin callarse nada. Hablar con franqueza y sin miedo aún a riesgo.

 

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Twitter: @euphrasina (amor por la elocuencia)

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