Internacional

La trata de personas se nutre de la vulnerabilidad en la invasión a Ucrania

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Los tratantes se aprovechan de la ola solidaridad en las fronteras para captar a mujeres y niñas

Desde el comienzo de la intervención de Rusia en Ucrania, millones han huido de su l país en busca de cobijo.

Olatz Silva Rodrigo

SemMéxico/AmecoPress, Madrid, 10 de abril, 2022.-  La trata de personas aumenta en situaciones de conflictos armados, dado que la vulnerabilidad es el elemento clave para que exista este peligro. Desde el comienzo de la invasión de Rusia en Ucrania, millones de mujeres, niños y niñas han huido de Ucrania. Los tratantes se hacen pasar por voluntarios en las fronteras para captar a estas personas.

«Las mafias y las redes de trata de personas están en la frontera de Ucrania desde el minuto cero», alerta Eva Márquez, Coordinadora de lucha contra la trata en Diaconía España. El estallido de la guerra ha producido «un caos» en Ucrania y en las fronteras con otros países. Millones de personas han tenido que abandonar apresuradamente el país, lo cual ha generado una confusión: «Es un escenario magnífico para toda aquella persona que se quiera aprovechar de esa desesperación para hacer negocios».

Según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), desde el 24 de febrero más de cuatro millones de personas refugiadas han salido de Ucrania y 6,5 millones permanecen desplazadas dentro del país. La mayoría de ellas son mujeres, niñas y niños, dado que los hombres entre 18 y 60 años no pueden abandonar Ucrania. Las principales víctimas de trata son aquellas que huyen del país.

Márquez aclara que muchas de las mafias se están «camuflando» en la ola de solidaridad y entre las personas voluntarias que están acudiendo a las fronteras. Se acercan para «ofrecer un sueño migratorio o una promesa de una vida mejor» a las personas refugiadas. Estas personas se aprovechan de la situación de vulnerabilidad en la que están estas mujeres, dado que ese es el elemento clave para la existencia de la trata de personas: «Ahí donde hay vulnerabilidad, ahí hay trata».

Lubja, mujer ucraniana de 31 años, es una de las personas que huyó de Ucrania en situación de vulnerabilidad. Perdió su trabajo antes del comienzo de la guerra y tenía dificultades para ocuparse de su hijo de cinco años. Según le contó a la ONG Alianza por la Solidaridad, el 24 de febrero huyó a Rumanía sin su hijo, con un señor que conoció en una aplicación de citas. En Rumanía este señor le robó todo el dinero, por lo que Lubja se quedó en un país que desconocía por completo, sin dinero, sola y aterrorizada. Una organización rumana que acoge a familias ucranianas que han huido de la guerra le proporcionó soporte para continuar su viaje a Alemania, creando un grupo de WhatsApp con todas las personas que le iban a ayudar. Lubja, «asustada y nerviosa», tenía que atravesar cinco países. Además de la organización que le intentaba tranquilizar, otra persona contactó con ella a través de Facebook: quería conocer todos los detalles de su viaje, le iba tranquilizando e insistía en ayudarle. Al llegar a Alemania, el voluntario que acudió a por Lubja consiguió bloquear a este presunto bienhechor de Facebook, sin nunca llegar a saber quién era realmente.

No todas las personas tratantes actúan igual. La Coordinadora de lucha contra la trata en Diaconía España explica que hay redes que lo hacen «de manera muy abierta». Países como Alemania o Países Bajos tienen legalizada la prostitución. Acuden a donde estas personas para ofrecerles trabajo en prostitución, «pero lo que no saben estas personas son las condiciones en las que estarán».

Diferentes países, misma situación

Después de Polonia, Rumanía es el país vecino que más personas refugiadas ha acogido. Según ACNUR, más de 643.000 personas han cruzado la frontera para entrar en este país. «De todas esas personas, tres cuartos son mujeres y niñas», comenta Lee Webster, Asesora de Protección de la Mujer (Women’s Protection Adviser) de la ONG Alianza por la Solidaridad-ActionAid, quien ha estado siete días en Rumanía. Según Webster, las responsabilidades de las mujeres se han multiplicado con el comienzo de la guerra: «Las mujeres tienen que hacerse cargo de todo, tienen la responsabilidad completa de su familia y del futuro de su familia, de los demás parientes, hijos e hijas de otras personas, etc.».

Webster lamenta que la trata de personas es un problema realmente grave en Rumanía, dado que es el centro de tráfico en Europa. Hasta mediados de marzo, el número de casos reportados de trata de personas eran 15.

Atria Mier, gerente de género y protección (gender and protection manager) de la ONG Alianza por la Solidaridad-ActionAid, lleva poco más de una semana en Moldavia. Más de 394.000 personas han cruzado la frontera entre Ucrania y este país vecino. Mier explica que no tienen ninguna información sobre detenciones de redes de trata de personas, pero «por desgracia, son regiones donde tradicionalmente se ha producido y hay mafias de trata de personas».

Ambas resaltan que las primeras personas en salir fueron mujeres y niñas con más recursos económicos, contactos en otros países y también con más información. «Ahora cruza un perfil más variado», explica Mier, a lo que Webster añade: «Ahora vemos mujeres y niñas cruzando fronteras sin nada, sin tener ningún plan».

Según Mier, la escasez de recursos económicos, la diferencia del idioma o el no tener redes familiares aumenta la situación de vulnerabilidad de las mujeres, facilitando la trata de personas: «Hace que sea mucho más fácil abusarlas, engañarlas o aproximarse a ellas con distintos tipos de promesas y captarlas para las redes».

La gerente de género y protección en Moldavia ha querido resaltar la situación de la población gitana. Existen varios factores que hacen más fácil reclutar en la trata de personas a esta población: hay algunas personas que no tienen papeles identificativos, no hablan el idioma y muchas no tienen teléfonos móviles. A todo eso hay que sumarle la discriminación que sufren. «Cualquier persona que se acerque a donde estas personas pretendiendo ’buenas intenciones’, lo tiene relativamente fácil», explica.

Necesidad de medidas a corto, medio y largo plazo

Márquez alerta que está siendo «muy preocupante» la ola de solidaridad que está acudiendo a las fronteras: «Por supuesto que la solidaridad es buena, pero tiene que estar canalizada o acorde con las autoridades para no favorecer que estos delincuentes se hagan pasar por personas altruistas y voluntarias». Después de haber estado en Rumanía, Webster añade que no cree que la mejor manera de ayudar sea acercarse a la frontera: «Es mejor trabajar localmente con servicios locales y centros de recepción de apoyo».

Dadas las circunstancias, lo que ahora mejor puede funcionar, según Márquez, «es informar e intentar que la mejor herramienta en estos casos sea la propia autoidentificación de las personas». Es necesario dar a las personas que llegan de Ucrania información para que generen el conocimiento suficiente para que ellas mismas puedan identificar alguna de estas situaciones. «Es importante proporcionarles información para que ellas mismas puedan pedir ayuda o sepan con quien tienen que irse y con quien no, para que no sufran estas situaciones», agrega.

Además de las medidas preventivas en los puestos fronterizos para cubrir las necesidades más básicas y urgentes, Márquez explica que tienen que ir acompañadas de otras medidas a medio y largo plazo: «Se tienen que desarrollar todas las legislaciones o protocolos necesarios que prevean que estas personas van a estar en el país un tiempo indefinido y tienen que integrarse de manera correcta». Fallar en la integración, no ofrecerles oportunidades laborales, no dejarles participar en la vida comunitaria o la posible creación de guetos supone desarrollar otras situaciones de vulnerabilidad: «Son otras situaciones con una oportunidad magnífica para que los explotadores y tratantes puedan captar a estar mujeres».

«Es más, ya lo estamos viendo a día de hoy», denuncia Márquez, «en páginas de prostitución ha subido exponencialmente la ’oferta’ de mujeres ucranianas». Además, según sacó a la luz el proyecto Desactivalatrata impulsado desde la organización Diaconía España a mediados de marzo, «chica ucraniana», «porno ucraniano» o «porno de refugiadas» fueron los términos más buscados de forma masiva en Google y Pornhub desde el comienzo de la guerra.

El peligro es mayor, pero la situación no es nueva

La Coordinadora de lucha contra la trata en Diaconía España subraya que, para entender la situación de la trata de personas en Ucrania, «hay que partir de la base de que antes de la guerra, Ucrania era uno de los países de donde provenían las víctimas de trata en Europa». La situación de vulnerabilidad de las mujeres no es un hecho que haya surgido con la guerra de febrero: «Determinadas situaciones a nivel social generaban determinadas vulnerabilidades en el país».

El informe ’Not a private matter: domestic and sexual violence against women in Eastern Ukraine’ de Amnistía Internacional de 2020 subrayaba que en Ucrania las mujeres siguen estando insuficientemente representadas en la esfera política y que tienen posibilidades limitadas de elaborar leyes y políticas que puedan afectar a sus vidas. Además, son más desfavorecidas que los hombres en los puestos de trabajo de menor categoría y remuneración. Los espacios públicos y los medios de comunicación están saturados de imágenes sexualizadas de cuerpos de mujeres representados como mercancías. Todo esto normaliza la violencia de género contra las mujeres en todo el país.

La situación empeora para las mujeres que viven en las regiones de Donetsk y Lugansk, donde comenzó el conflicto armado en 2014. Estas mujeres tienen mayor riesgo de sufrir diversas formas de violencia por razón de género, que también se oculta con más frecuencia, debido a diversos factores, por ejemplo, la presencia militar, la falta de seguridad y la omnipresencia de la impunidad real o percibida para los perpetradores. Esta violencia se ve afectada por la crisis económica y la vulnerabilidad de los desplazamientos, entre otros factores.

Asimismo, según el estudio ’Well-Being and Safety of Women’ de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) de 2019, alrededor de 60 millones de mujeres, es decir, el 70% de las mujeres del país, han sufrido alguna forma de violencia desde los 15 años de edad. Además, el 45% de las mujeres, aproximadamente 10,2 millones de mujeres, han sufrido acoso sexual.

«A la situación del país ahora hay que sumarle el estallido de la guerra», explica Márquez. El conflicto armado de febrero ha agravado la vulnerabilidad que ya sufrían anteriormente las mujeres.

Foto: archivo AmecoPress.

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