A fondo

Las mujeres por la paz y contra el militarismo siguen proponiendo soluciones a los conflictos armados

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Urge erosionar la visión patriarcal de los conflictos, y desaparecer la violencia sexual durante la guerra

Editorial

SemMéxico, Ciudad de México, 22 de octubre, 2022.- Las organizaciones de mujeres que trabajan por la paz han abrazado múltiples causas: el fin de los conflictos armados y la búsqueda de salidas negociadas a la violencia, el antimilitarismo, la abolición de las armas nucleares, la defensa del medio ambiente, la denuncia de la violencia sexual como arma de guerra, la denuncia de las desigualdades económicas, la discriminación y las injusticias sociales, entre otras muchas.

 La paz positiva, la paz cargada de múltiples significados y no la mera ausencia de violencia directa, unida a un cuestionamiento del patriarcado que la legitima, es el horizonte por el que trabajan.

Algunos avances importantes en el ámbito de la construcción de la paz han estado impulsados por organizaciones de mujeres, que de manera conjunta con otras organizaciones de la sociedad civil han promovido formas alternativas a la violencia para abordar los conflictos.

Si bien las mujeres siempre han formado parte del movimiento por la paz internacional, de las organizaciones antimilitaristas y de oposición a la guerra, no es hasta la década de los noventa que se logra dar visibilidad a relatos diferentes de los conflictos armados en los que la experiencia de los hombres no sea presentada como universal.

Es decir, la narrativa masculina de los conflictos armados que invisibiliza a las mujeres comienza a erosionarse gracias a las alianzas que el movimiento internacional de las mujeres por la paz ha tejido, dando visibilidad al impacto específico que las guerras tienen en las mujeres de los países afectados por conflictos armados.

Si, por ejemplo, la violencia sexual como arma de guerra ocupa actualmente un lugar importante en la agenda internacional sobre paz y seguridad es gracias al esfuerzo de las mujeres, que tras los terribles conflictos que asolaron los Balcanes y Rwanda durante los años noventa denunciaron internacionalmente como la violencia sexual había sido utilizada de manera sistemática y generalizada como un arma de guerra en estos contextos, lo que llevó a su inclusión en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Se abrió así una puerta importante a su persecución y castigo.

La participación es uno de los ejes fundamentales de la agenda de las mujeres, la paz y la seguridad. Sin la presencia activa y significativa de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, se perpetúa la visión estereotipada y nada representativa de la realidad de las mujeres como víctimas pasivas de la violencia y la acción de los actores armados.

 Las mujeres no sólo han denunciado los efectos de los conflictos armados sobre ellas mismas y sobre la población en general, sino que han puesto sobre la mesa innumerables propuestas para construir una paz sostenible, inclusiva, duradera y transformadora.

Sin embargo, siguen continuamente excluidas de las negociaciones de paz formales y de otros esfuerzos de construcción de paz.

Las mujeres que a principios del siglo XX alzaron su voz contra la barbarie de la guerra quisieron construir una paz que fuera mucho más que la mera ausencia de violencia, hasta el punto de hacer impensable la guerra. Un siglo después, con algunos logros importantes en el camino, mujeres de todo el mundo continúan desafiando el patriarcado para que la guerra y la violencia lleguen efectivamente a serlo y solo formen parte de nuestra memoria.

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