Cultura

Lo mío no es tuyo, o ellas frente al espejo del patriarcado

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  • El monólogo revisita la obra del dramaturgo estadounidense Eugene O’Neill, Antes del desayuno.

Lisandra Fariñas*

SemMéxico/SEMlac, La Habana, Cuba, 29 de noviembre del 2022.- Ella en el hastío, atrapada en un bucle de abuso y subestimación, traicionada, sometida, silenciada e invisibilizada como mujer, juzgada, anulada…Ella recomponiendo sus pedazos, eligiendo entre la penumbra y la luz. “¡Soy fértil!”, grita. “Me pusiste frente al espejo y he visto mi belleza”.

Ella puede ser cualquier mujer. Tiene un poco de cada una, carga con todas. Ella es real hasta la médula y la actriz, profesora y directora de teatro Eva González nos la devuelve, sin moldes ni estereotipos, en su más reciente obra: Lo mío no es tuyo.

El monólogo, de una hora de duración y concebido para el teatro íntimo o de pequeño formato, revisita la obra del dramaturgo estadounidense Eugene O’Neill, Antes el desayuno.

La pieza da voz, a través de Eva y su proyecto Irreverencia Producciones, a un personaje femenino de mediana edad, construido desde la conciencia sobre el abuso y la violencia cotidiana que sufre de parte de su marido Alfredo. A esta experiencia se puede acceder mediante la iniciativa Irreverente a la carta, contactando a través de las redes sociales de la artista.

La trama transcurre justo antes del café de la mañana, cuando la protagonista se despierta y, mientras se alista para un nuevo día de trabajo, ¿dialoga? con el esposo que no escucha, no la nota… No se levanta siquiera de la cama ante el reclamo de una esposa cansada y agotada, que lleva sola las cargas de la economía familiar y la organización de la vida de la pareja, a partir de un oscuro trabajo de oficina donde, también, se agolpan otras violencias.

Pero Eva -directora de la puesta- no coloca sobre el escenario a una mujer modélica; no le interesa.

“Elegí un personaje que tocara lo grosero, la mujer no paradigmática; una mujer que ya se ha tirado por el barranco. Porque pudiera resultar muy fácil defender los derechos de una mujer ideal, ¿pero acaso una mujer así, imperfecta, no merece respeto?”, dijo a SEMlac la actriz.

En pocos minutos, el espectador tiene ante sí a una mujer que lidia con la adicción a las drogas, las ideas suicidas, la imposibilidad de ser madre, la escasa valoración personal y profesional; una mujer traicionada por su pareja, humillada, utilizada e invisibilizada como creadora.

Este último elemento es uno de los puntos fundamentales sobre los que problematiza la propuesta escénica, que establece un diálogo emocional e intelectual con las y los espectadores y los coloca frente a la historia de falta de reconocimiento y legitimidad a la obra de muchas mujeres a lo largo de la historia.

Las relaciones desiguales de poder asoman constantemente en el monólogo, y sacuden, incluso, las ideas preconcebidas que se podría tener del amor romántico y las relaciones de pareja. Al mismo tiempo, hurga en la dinámica de maltrato que se establece en una relación tóxica, tema sobre el que la actriz señaló haber investigado, con el propósito de ilustrar en la pieza todo el abuso psicológico que entrañan.

“Naturalizamos la agresión cotidiana. Somos seres tóxicos, abusivos, violentos. Nuestras relaciones intra/interpersonales destilan afectos contaminados de miedos, obsesiones, posesividad, envidias y un sinfín de contradicciones. Las jerarquías impuestas, siglos de dominaciones y supervivencias marcan el tatuaje imborrable de cada generación en cualquier geografía”, declara la directora de esta puesta en la presentación de la obra.

A su juicio, “las trampas del abuso, servidumbre e invisibilidad de las mujeres existieron y existen legitimadas en todo tipo de entornos y realidades”.

“Reflexionamos, debatimos, progresamos y defendemos nuevos códigos éticos que cuestionan los pasados. Aspiramos justamente a superarlos, pero, ¿podríamos enjuiciarlos fuera de cada contexto? ¿Cuánto hay de discurso y cuánto de cambio real?, ¿cuántas mujeres seguimos lastradas, juzgadas y oprimidas bajo el lento discurrir de las políticas que apenas llegan aún a las vivencias de lo privado?, ¿cuántas seguimos sojuzgadas en lo social o profesional? Avanzamos con resolución y hoy concienciamos lo que ayer normalizábamos”, reflexiona Eva.

Eva González en Lo mío no es tuyo.

“Sentirnos” más humanos, la apuesta de Irreverencias

La actriz asegura a SEMlac que de esa realidad parte su apuesta por hacer al público partícipe de una vivencia descarnada, incómoda; hacerlo parte del conflicto y llevarlo al punto del cuestionamiento, donde las fronteras de lo real/teatral se borran.

“Hay una gran necesidad de decirnos cosas y autovalorarnos. Alfredo no es un hombre, Alfredo somos todos. Alfredo es todo eso que durante tantos siglos de historia nos humilla, empequeñece, desestimula y nos hace reconocernos y crecer para despojarnos cada una de nuestros propios Alfredos”, enfatizó.

De la propuesta que le hicieran para llevar a escena, en medio de la pandemia, Antes del desayuno, nace Lo mío es tuyo. El texto, de su autoría, si en un principio le parecía hasta cierto punto ajeno en cuanto a lo que narra, terminó descubriéndose como parte de ella misma.

“Visité historias de personas cercanas que han vivido todos esos conflictos. Y de pronto, hacia el período final, me he dado cuenta de que yo también estaba ahí, visitando mis propios monstruos e intentando salir a salvo de ellos. No es una catarsis, ni un psicodrama, ni un tratamiento psiquiátrico psicológico; pero sí tiene un poco de todo eso en el sentido de que te toca no solo subir al escenario desde la anécdota o la denuncia, sino desde tu implicación personal”, apuntó González.

Ese “sacarnos a flote un poco más limpios, más humanos” es una de las características que marcan al personaje de este monólogo, que vemos transformarse ante nuestros ojos y crecer.

Se reconstruye esta mujer en apariencia y alma. Va cuidadosamente componiéndose y borrando los signos de la sumisión y el autoabandono, para brillar y decidir, en un ejercicio de elevación de su autoestima, que tiene potencial suficiente para tomar las riendas de su vida y ser reconocida por lo que es.

“Hay muchas maneras en la vida de ser fértil”: lo grita ella, lo grita Eva, lo gritamos todas, justo antes que el monólogo acabe y queda una última imagen, como un espejo, para que nos miremos, en una incitación a romper las ataduras de un sistema machista y patriarcal entrenado por siglos en apagar luces.

Lo mío no es tuyo defiende esa condición de hecho vivo, de comunicación artística del teatro que también pondera Irreverencias Producciones.

Arte transformador

Luego de concebir puestas en escena como Salomé o ¡La candela!, un texto de la propia Eva; El diccionario (sobre la obra del dramaturgo Manuel Calzada, acreedor del Premio Nacional de Teatro en España), una serie de breves audiovisuales teatrales producidos y presentados durante los años de la pandemia, la actriz cubano española trae al escenario dramatúrgico cubano este monólogo que recién comienza su trayecto frente a los públicos.

Lo mío no es tuyo defiende la condición de hecho vivo, de comunicación artística del teatro que también pondera Irreverencias Producciones, una iniciativa sociocultural, creativa y educativa fundada y dirigida por Eva González en 2010 y que, desde 2016, forma parte del catálogo del Centro de Teatro de La Habana. Entre sus objetivos está realizar, promover y visibilizar proyectos independientes y asociados a instituciones desde ideales interactivos, solidarios, interculturales e integradores.

Crear redes y dar voz desde un arte comprometido socialmente es otra de las apuestas de este espacio íntimo que tiene la actriz en su propia casa, en el Vedado capitalino, su sede. Allí tienen lugar, junto a debates e intercambios, las funciones de Lo mío no es tuyo, una obra que, en medio de la Jornada por la No violencia contra las mujeres y las niñas, se convierte en una oportunidad de reflexión y activismo.

* lisycolor5@gmail.com

SEM/MG

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