Mujer y PoderNatalia Vidales

Mujer y Poder

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• La Protesta de… Cambiar la Constitución

• Peña Nieto con cara de niño regañado

Natalia Vidales

SemMéxico, 3 diciembre 2018.- Los 136 artículos de nuestra Constitución han sido reformados  –hasta ayer–  699 veces, y solo 22 se mantienen tal cuales a partir de su promulgación en 1917.

Uno de los inmaculados es el artículo 87 referido a la toma de protesta del titular del Poder Ejecutivo, y  que contiene la única frase entrecomillada de nuestra Carta Magna: el Presidente, al tomar posesión de su cargo dirá lo siguiente, «Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande». 

Los 19 mandatarios federales (20 ahora con AMLO) anteriores han pronunciado exactamente esas mismas palabras leyéndolas de un escrito en el podium, de la misma manera que los sacerdotes leen la sacramentación de la comunión en las misas citando palabra por palabra la sentencia de Jesucristo de hacerlo en conmemoración suya. En ambos casos no debe faltar ni una sola letra para que el acto sea válido y tenga su debido significado.

En su comentario respecto a ese acto protocolario dice Juan A. Ruibal Corella en uno de sus libros que se constituye “en una solemnidad del más alto contenido cívico: es un acto que significa un formalismo de legitimidad para marcar el inicio de una gestión gubernamental, pues el origen y sustento para asumir el cargo se encuentra en el respeto a la Constitución”. Y agrega que la protesta sustituyó históricamente a la ceremonia del juramento católico  establecida en la cartas magnas anteriores a 1857 y que Juárez y Lerdo de Tejada proscribieron (en los Estados Unidos, por cierto, se sigue jurando, con la mano derecha puesta sobre la Biblia que se gobernará al amparo de Dios).

Si usted observó a López Obrador el sábado pasado –al igual que todos sus predecesores– recordará que a cada momento bajaba la vista para leer con puntualidad aquellas palabras. Sin embargo, nada impide agregarle algunas de sus propias cosechas: Fox, por ejemplo, cuando tomó posesión de la presidencia  al año 2000 le agregó entremedio que  protestaba para ver “ por los pobres y marginados” del país (lo cual, todos lo sabemos, no ocurrió); y López Obrador apuntó que el cargo que se le confería era “democrático”, para enfatizar –como lo señaló después ya en su discurso–  los fraudes de los que fue objeto en las anteriores elecciones: la que perdió por una pestaña el 2006 y más ampliamente, aunque igual de engañosa, según él, hace seis años ante Peña Nieto (quien por cierto lució una cara de niño regañado durante toda la ceremonia del pasado día primero).

La mayor parte del discurso del ya mandatario constitucional tuvo que ver con el tema de la corrupción, lo cual nos recordó al presidente Miguel de la Madrid y su eslogan de la renovación moral de la sociedad en 1982,  cuando señaló que la  corrupción en el gobierno era “ la forma más intolerable de la inmoralidad social”    (y que, por cierto, fue cuando más se extendió hasta su grado máximo con la restauración priista de Peña Nieto). Y de ahí el voto de hartazgo a favor de AMLO.

Y ya para terminar: que paradoja, que López Obrador haya protestado cumplir y hacer cumplir la Constitución, al mismo tiempo que ordenó su modificación  para adecuarla a su mandato. Y que sumado a tantas enmiendas que ha tenido tal vez sea hora de modificar el artículo 87 arriba señalado, para que dijera: “protesto modificar y hacer modificar la Constitución cuantas veces me parezca necesario”.

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