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• Se dice que un pesimista es un optimista informado

Por un 2019 Optimista

Natalia Vidales

SemMéxico. 31 de diciembre 2018.- Se dice que un pesimista es un optimista informado, porque la humanidad es concupiscente por naturaleza. Y  quien no lo crea  que solo abra cualquier página  de la Historia del mundo y encontrará siempre  guerras y millones de injusticias, de abusos, de pobreza, de marginación y discriminación. Aun en la niñez con su aparente inocencia: ¿Quién no recuerda haber sido cruel de pequeño con algún animalito y, ni se diga, víctima o victimario del bullying?.

Sí, el nuestro no es un mundo ideal, ni de broma. Tal vez por eso el pastor Harold S. Kushner decía que la creación de Dios estaba inconclusa; que le había faltado un día para darle su debido acabado.  Señalaba que, tal vez, el Séptimo Día, cuando satisfecho de poner orden en el caos se dispuso a descansar, en realidad nos dejó   a los seres humanos la tarea de completarla.   De ser así ¡menudo quehacer! porque nos hemos dedicado a lo contrario: al tiradero de basura en la tierra ya le sumamos los desechos de los satélites artificiales en el espacio.

Del  optimista, también se dice, que es aquel que sonríe cuando todo mundo corre despavorido simplemente porque no ha entendido la magnitud del problema. Y de que ve el vaso medio lleno en vez del pesimista que lo ve medio vacío. “No es cuestión de enfoque -dijo un científico- es de exactitud: se trata simplemente de un vaso con agua a la mitad: exactamente con 125 mililitros”. Pero un filósofo jamás aceptará ese reduccionismo.

Para nuestra fortuna –o para nuestra desesperación, diría el desanimado–  las desgracias y las penas están esparcidas por el mundo  y a cada cual  nos van tocando solo  de vez en vez y, así, disfrutamos de épocas enteras de estabilidad y en que estamos a salvo (las que deberíamos disfrutar en vez de   desperdiciarlas  en torturarnos a veces  a nosotros mismos), que nos sirven para  reponemos mientras llegan el resto de las penas (la mayoría de las cuales, por cierto, son pasajeras, y solo una, nuestra muerte, es la definitiva y que nos librará de éste mítico valle de lágrimas, melancolías aparte): “Cierto, a mis lozanías va llegar el Invierno / más nunca me dijiste que Mayo fuese eterno” (En Paz, de Amado Nervo).

Míster Scrooge, el villano de la Navidad en el cuento de Charles Dickens diría que si hoy  estás feliz, no te preocupes que mañana se te pasará; pero él mismo cambia de actitud haciendo las paces con el mundo,   y termina disfrutando de la vida al saber qué le esperaba de seguir su camino huraño y despreciable.    

Julio Bevione escribió un inspirador  ensayo acerca del dolor en que aconseja dejarse abrazar por él cuando nos toque y preferible a la inutilidad de intentar evitarlo. Y también, cuando nos deprimamos, cuando la oscura noche nos aceche con sus sombras y demonios,  lo conveniente es gritar en solitario nuestra frustración para expiarla y regresar sanados al día con día.

Tan necio es quien sufre por todo como quien ríe por nada. Ser optimista no tiene nada que ver con la ingenuidad; de hecho es un estado de ánimo que debemos aprender a conservar para armonizar nuestra vida interior con las circunstancias de nuestro entorno.

Y, para las mayores desdichas,  el poeta Archibald  MacLeish nos ayuda con la siguiente receta: “Cuando las velas de la  iglesia estén apagadas / cuando hayan desaparecido  las estrellas del firmamento / encendamos el carbón del corazón. Y veremos luego…

Feliz y optimista Año Nuevo para Ustedes, amables lectores

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