Mujer y PolíticaSoledad Jarquín Edgar

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Conchita, las fallas del Estado mexicano

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, 6 de julio, 2020.- María Concepción A.C. tenía 17 años cuando fue asesinada, en una población cercana a la capital oaxaqueña, el pasado 28 de junio, yo no la conocí, pero hoy conozco las injusticias que contra ella se cometieron.

Primero porque no se le garantizó un derecho fundamental a vivir libre de violencia, como dice una ley publicada en México el 1 de febrero de 2007, cuando Conchita tenía cuatro años y publicada en Oaxaca en 2009, ya para entonces esta niña tenía seis años.

Pensaríamos que desde su infancia podía vivir libre de ese mal que, está visto, se volvió pandemia y no aplica en Oaxaca ni en México en ningún espacio y se manifiesta de muy diversas y terribles maneras.

Un fenómeno inexplicable que en lugar de disminuir aumenta.

A Conchita, como a muchas mujeres mexicanas de su edad, el país le falló, así de simple.

Conchita fue asesinada junto con su hijo, un bebé de apenas un año y 10 meses de edad. Y esa es otra falla del Estado mexicano para con ella, una madre adolescente, que se embarazó cuando ni siquiera era adolescente sino una niña de 14 años, si pensamos que la adolescencia en el rimbombante “Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente”, se entiende entre los 15 y 17 años de edad.

Los datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) señala que México ocupa el primer lugar, con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años de edad y se destaca el hecho de que en niñas de 10 a 14 años ese fenómeno aumenta y buena parte de ellos son resultado de violencia sexual en contra de ellas. No sé, desconozco cuál es el origen del embarazo infantil de Conchita, aclaro.

Pero hay una evidencia que no podemos omitir, me refiero a la falta de educación sexual dirigida a las niñas y las adolescentes, pero también a los niños y los adolescentes, otro derecho violado a Conchita. El siglo XXI es como si aún viviéramos en los tiempos del oscurantismo inquisidor, nadie, ni las familias ni las instituciones, quieren hablar de un hecho real, las relaciones sexuales a muy tempranas edades.

No hay, claro está, la posibilidad de brindar asesoría y es aún más difícil tener acceso real y directo a los servicios de anticoncepción, de ahí que el embarazo de Conchita seguramente fue producto de cualquiera de estas no razones. Para quienes gobiernan, la consejería moral de grupos poderosos de la derecha conservadora se traduce en miles de embarazos de niñas y adolescentes.

Yo no conocí a Conchita ni a su pequeño niño, hoy lo que sabemos es que ambos fueron víctimas del Estado que no garantizó los derechos de ambos.

Por otra parte, me resulta preocupante que en la Cámara de Diputados de Oaxaca siga durmiendo el sueño de los justos una iniciativa que busca que en los medios locales, al menos, no se publiquen fotografías de estos reprochables actos, porque sigue pasando cada día y Conchita y su niño no fueron la excepción. Hay que despertar, porque también así se le ha fallado, desde las instituciones, a una adolescente y un niño.

Y bueno ya ni que decir de la Secretaría de las Mujeres de Oaxaca donde lo que no hay son políticas públicas reales, claras y efectivas para construir una sociedad más igualitaria. Menos poses y más resultados es lo que exige la sociedad oaxaqueña.

Ahora, la Fiscalía del Estado anunció, con bombos y platillos, que ya detuvieron a un presunto responsable, no esperen aplausos, es su obligación, ahora exigimos que se concrete la justicia.

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