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Okupa. A quién le corresponde qué

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Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico, 21 de septiembre, 2020.- Por fin un Manifiesto, un blanco y negro dirigido a “Las Mujeres que se sientan convocadas, y a las Feministas de México”, explicando su causa. Sí me siento, cómo no, interpelada por la OKUPA de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, por mujer feminista. Y esperaba este ejercicio de explicación pública de primera voz, la de las actoras.

Llegó el momento de la acción directa, para un movimiento en resistencia frente a la decadencia moral de una sociedad prejuiciosa, degradada y cínica; y la indiferencia como política de Estado. Un movimiento que, ante el agobio de la violencia en todas sus manifestaciones, la incertidumbre como el signo epocal, y el agotamiento del modelo que ya no puede simular democracia, reacciona desde las entrañas sublevadas de sus voces jóvenes: no más cotidianidad en alerta por la amenaza   omnipresente que las acecha, por ser mujeres y nada más que por eso.

El separatismo de las feministas de los hombres reducidos a facción es anecdótico. Yo no lo comparto, me parece que el movimiento feminista tiene un espíritu pedagógico y que aprendemos todas, todes y todos. Y las “todas” que aprendemos, también nos deconstruimos, no estamos libradas por la rabia, del colonialismo mental del patriarcado heterosexual y binario y sus creencias y hábitos. Pero entiendo que la violencia, la injusticia social y la deuda de justicia penal, sentidas en la piel propia, las orilla a posturas tajantes. Me parece que podría ser bienvenida toda muestra de solidaridad y simpatía y que, si de no perder la identidad y visibilidad propias se trata, bien se puede ser anfitrionas de un movimiento hospitalario que ofrezca sitio. ¿Dónde van los invitados?

Las demandas de los grupos del Bloque Negro, o de las Madres de Víctimas de desaparición forzada, representan una herida social y una deuda de Estado, frente a las que hacer caso omiso desde el Poder del Estado es indudablemente criminal. Desde la sociedad no enjuiciemos, hagámonos cargo de que no son la causa, sino nuestro síntoma en tanto cuerpo social. Ambos movimientos, feministas y madres de personas desaparecidas reclaman vida, en un sembradío de muerte.

  No quiero hablar de legalidad, porque no se inscribe allí el actual debate. Ilegalidad es la omisión gubernamental en atender con eficacia la violencia hacia las mujeres en sus diferentes formas; mismas que no pueden considerarse aisladas de la violencia generalizada en la cual entra también el fenómeno de la corrupción. Hablemos mejor de legitimidad, porque es a partir de este concepto que hay que jalar el hilo de lo que estamos atestiguando: estos brotes de resistencia, que significan hartazgo y desesperación, infinito dolor, tienen derecho a alzar la voz; tienen derecho a hacerse visibles; tienen derecho a ser atendidas. Pero antes de eso tenían derecho a vivir, tenían derecho a la igualdad y a tener oportunidades, tenían derecho a una vida libre de violencia, tenían derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, tenían derecho a la justicia. Tenían derecho a que sus hijos les sobrevivieran.

Tampoco me parece que la discusión se encuentre en si son financiadas o no. Para todo efecto práctico, son mujeres jóvenes convencidas de su necesidad de manifestarse, conscientes o no en su caso de ser usadas y aun cuando fueran unas mercenarias a sueldo -o las haya entre ellas-, es triste pensar que haya contingentes que encuentren empleo de esta manera. Sea una o sea otra, el cuestionamiento regresa al mismo lugar: hay una base inicial de violencia e injusticia que las ha conducido al lugar que han llegado. Por una, por otras o todas las razones, estamos ante disidencias en busca de lugar y sentido como pueden o como creen que les corresponde.

Estas disidencias se sitúan en confrontación con el Estado, en desafío del Estado, en increpación del Estado. Del Estado al que nada le deben, ni el Bloque Negro ni las madres. Y no nos confundamos, el hecho de que la organización Ni Una Menos abandone la OKUPA. Indica fines específicos y estrategias diferenciadas. Esencialmente el clamor es el mismo: justicia y responsabilidad del Estado. Y es el mismo llamado de atención hacia la sociedad.

Bajo esta lógica se comprende que esta acción Okupa demande impunidad, y exoneración ante la toma de la casa de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en las calles de República de Cuba en el Centro Histórico de la Ciudad de México; ellas han logrado hacerse escuchar, y no hubo otro modo de poder hacerlo. Ellas han logrado audiencia y con la toma del edificio, un lugar simbólico para que no las volvamos a perder de vista. Lo encuentro legítimo. ¿Ustedes no? Yo también reclamo cese a la represión, a detenciones ilegales, al “acoso a las entregas a bazareñas” en el Metro y Zona Metropolitana que son alternativa social frente a la crisis económica. Es decir que estos brotes de disidencia no pueden acallarse violentamente o con represión, o con extralimitación policial.  

El pliego petitorio de las Okupa revela que el reclamo más inmediato es el del cese a la violencia de Estado, porque eso es lo que sienten que se les cierne encima, el acecho estatal el que es por omisión o por comisión.

No les corresponde a estas jóvenes sistematizar su visión de Estado en un pliego petitorio; es al Estado al que sí le corresponde estructurar una respuesta, que va más allá de sus peticiones.

No sólo es el sistema de atención a víctimas, sino ir hacia que no haya víctimas. No es castigar o capacitar policías, sino es dar respuestas que eviten que haya confrontaciones de la sociedad con las fuerzas de seguridad.

No es tener una política contra la violencia, sino una estrategia de Estado omnicomprensiva que propicie el proceso de cambio de mentalidades y actitudes; de una reorganización social que no descargue su impotencia en las mujeres o descanse la moral y la economía en su opresión. 

Mitad de septiembre. Pasó la fecha fatal de la rifa del avión presidencial. Exhibición lastimosa del pueblo bueno creyente de patrañas. Y de las fiestas patria más inocuas de la historia. ¡Ah! Y el ridículo del sátrapa con su desfile exclusivo. Memorable.  

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Twitter: @euphrasina   (gusto por la elocuencia)

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