Botella al MarCOLUMNASMartha Canseco

Pobrecito Satanás

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Botella al Mar

Martha Canseco González.

SemMéxico, Pachuca, Hidalgo, 26 de abril, 2021.- “Pobrecito Satanás, practicando el mal a todo das…has perdido ya tu juventud y las fuerzas no te rinden más… Pobrecito Belcebú eres cándido como una flor… piensas que no hay nadie como tú y hay muchísimos que son peor. Pues la gente te ha robado el tenedor y se pinchan unos a otros con furor… inocente piensas que causas pavor y conozco yo a un señor que sin rabo y sin cuernos te ha expulsado del infierno…pobrecito Satanás al final el arpa tocarás… Impotente continúas tú labor y conozco yo a otro señor rey del vicio y de la trampa que se ríe de tu estampa…pobrecito satanás”

Así cantaba hace 24 años el grupo español Vainica Doble integrado por Carmen Santoja y Gloria van Aerssen refiriéndose a la decadencia de este sistema patriarcal que apoyado en la religión nos causó miedo con la figura del diablo con el objetivo de controlarnos y para que no nos diéramos cuenta de la enorme crueldad y maldad que aplican tantos hombres para seguir mandando.

A pesar del paso del tiempo, esta canción está ahora más vigente que nunca sobre todo por lo que está pasando con tantos hombres.

¿A quién en su sano juicio se le puede ocurrir llamar a un día de la violación? Pues a muchos hombres que hicieron este llamado a través de las redes sociales. Es así como ancestralmente los hombres han sojuzgado a las mujeres, a través de violentar sus cuerpos, lo siguen haciendo, lo que llama la atención es que lo hagan tan abierta, descaradamente sin ningún límite.

Claro, ante tal reacción adversa tuvieron que salir a decir que se trataba de una broma, su estúpida excusa de siempre.

Por supuesto no se trató de una broma sino de una seria intención, porque para que sea broma nos tenemos que reír ellos y nosotras, resulta que sólo se ríen ellos, en consecuencia, no es una broma es violencia pura y dura.

Lo cierto es que ese llamado es una muestra más de la total falta de empatía de tantos hombres, niños, adolescentes y adultos con respecto a las mujeres.

Mi querida amiga Kika Fumero actualmente directora del Instituto Canario de la Igualdad y su equipo organizaron las jornadas “Coeducando que es Gerundio” El lunes pasado la investigadora española Mónica Alario Gavilán presentó una ponencia llamada Pornografía: La pedagogía de la violencia sexual.

Inició con la pregunta ¿Por qué a tantos hombres les excitante realizar prácticas “sexuales” con una mujer que no desea realizar esa práctica con ellos?, primero aclaró que no es lo mismo el deseo que el consentimiento, es decir una mujer puede tener deseo de tener una práctica sexual, pero no dar su consentimiento para hacerlo. Pero hay una abrumadora mayoría de mujeres que no dan su consentimiento para tales prácticas sexuales, pero que se ven obligadas a ello.

Por la presión de sus parejas, por que sienta que no tiene derecho a decir que no, por miedo a la violencia extrema que puede sufrir si se niega, o por necesidad económica. Eso, dice Mónica no es sexo, es violencia sexual.

Es necesario indica, saber reconocer la diferencia entre una y otra cosa, la verdad dijo, es que no se reconoce. Para que sea sexo señaló, es imprescindible que esté basado en la reciprocidad, que es necesario que cuente con el deseo de las mujeres y con un consentimiento, que nazca de ese deseo, no de la presión. Por el contrario, en la violencia sexual, no hay reciprocidad, no cuenta con el deseo de las mujeres y mucho menos con su consentimiento.

En este último se ubica la pornografía, ahí el único sujeto con deseo es el hombre y va a satisfacer ese deseo accediendo por la fuerza al cuerpo de una mujer o una niña, ambas se convierten así en un objeto para la satisfacción de ellos y eso las deshumaniza por completo. Dice Mónica, no he visto ningún video pornográfico donde la mujer o la niña diga que no quiere participar en ese acto y su negativa sea respetada, pero he visto decenas y decenas de videos donde las mujeres expresan tajantemente su negativa y son obligadas con violencia.

Es decir, señala la investigadora, la pornografía no es sexo explícito, es violencia sexual explícita y eso, aclara, tiene que ver con el abuso del poder, no tiene nada que ver con lo sexual. Ese no de las mujeres en la pornografía que nunca es respetado, tiene una función política, añade Alario, es decir, ese no permite al hombre tener una mayor sensación de poder en el acceso al cuerpo de esa mujer o de esa niña, que la que obtendría sí ellas dieran su consentimiento.

En suma, imponer su deseo, es la base de la excitación masculina en el patriarcado, ¡les da placer someter! En consecuencia, arrebata a las mujeres la posibilidad de poner límites en lo relativo al acceso de sus cuerpos a los hombres, y violenta así su derecho a una vida libre de violencia.

Pero, señala que como siempre se ve en la pornografía que los hombres cumplen sus deseos, ellos concluyen con uno de los mitos ancestrales al respecto, que, aunque las mujeres digan que no, en el fondo lo desean y entonces resulta que lo que ven niños, jóvenes y hombres adultos en la pornografía, es sexo no violencia.

La estrategia de la pornografía es sexualizar la violencia sexual, pero la presenta de tal manera que lo que captan los estúpidos consumidores, es sexo, no violencia sexual.

Saben que el video pornográfico más visto tiene más de 225 millones de visitas y muestra a una mujer que ha sido secuestrada y es violada oral, vaginal y analmente por cuatro hombres.

Y esto es lo que están viendo niños, jóvenes y hombres adultos con la complacencia de todo el sistema patriarcal, de las autoridades que poco hacen por evitarlo o dan castigos de tía consentidora para los criminales, porque esto es un delito. Ocurre además con la ayuda de las plataformas tecnológicas que ganan millones y millones de dólares con el sufrimiento de mujeres y niñas y con la actividad criminal de quienes se dedican a la producción de estos materiales a quiénes no les importa de qué manera ganan sus fortunas.

La investigadora concluye que ellos se excitan al ver esos videos pornográficos porque no sienten la menor empatía por el sufrimiento de las mujeres y las niñas y eso dice, es lo que provoca la pornografía.

Por eso es fundamental terminar con esta industria criminal.

Ante esta realidad sólo queda decir ¡Pobrecito Satanás que risa das!

botellalmar2017@gmail.com

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