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Por la Cuarta| Paridad en el espacio universitario

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Enriqueta Burelo Melgar

SemMéxico, Chiapas, 6 de octubre del 2022.- “En una universidad pública de apoyo solidario como la UNICACH, es tiempo de hablar en positivo y brindar alternativas de solución para hacer llegar los elementos que todavía nos hacen falta, para esto se requiere mayor compromiso, dedicación y trabajo”. Con estas palabras, la doctora María Elena Tovar González, rindió su IV Informe de Actividades 2005, ante los órganos de gobierno que rigen la vida interna de la institución.

Al dar cumplimiento a este mandato, Tovar González se convirtió en la primera mujer rectora en Chiapas en concluir el plazo establecido por la Ley Orgánica, a diez años de su creación y cinco de su autonomía.

Desafortunadamente por lo que respecta en Chiapas, el tiempo de mujeres no ha llegado a las universidades locales, en lo que respecta a la UNACH se han logrado conquistas no podemos negarlo, la presencia en la administración que está por terminar de dos académicas en la Secretaria General y la Secretaría Académica, es digno de señalar, así como en la Dirección de Investigación y Posgrado, sin embargo, vemos con decepción que en el registro actual para ocupar la oficina de la Colina Universitaria, solo se registró la maestra Marilú Camacho, cuando tenemos en dicha institución académicas y administrativas de gran valía para ocupar dicho cargo.

Recuerdo que quien fue la primera en aventarse al ruedo, fue la Doctora Lilia González, académica de gran mérito, exdirectora de la Facultad de Humanidades, coordinadora de la Maestría en Psicopedagogía, siempre crítica y proactiva, participa como única presencia femenina en el Club de Tobi, en esa ocasión, quien asume la rectoría es el ingeniero Jorge Ordoñez, y reconociendo la trayectoria académica de la Doctora González, la nombra Coordinadora de Desarrollo Educativo, aunque ella pudo ser la Secretaria Académica.

En dos convocatorias, no hubo mujeres registradas como candidatas para la Rectoría, en una salió victorioso el Doctor Ángel Rene Estrada Arévalo y en la segunda el Maestro Jaime Valls Esponda. El primero, quien llega recién desempacado de la Secretaría de Salud, tuvo mujeres valiosas muy cerca de él, como la doctora Gloria Molina Gamboa, actualmente, Secretaria de Salud en Tamaulipas, la Doctora Hilda Jiménez en el CEDES, y se inicia la presencia de mujeres como directoras de facultades o diversas áreas.

Sin embargo, dado el contexto estatal y nacional de mayor participación femenina en la contienda que llevó a la colina al Doctor Carlos Eugenio Ruiz Hernández, la presencia femenina se desbordó si no mal recuerdo, que cerca de 8 aspirantes, recuerdo entre ellas a la mtra. Hilda Jiménez, Lourdes Adriano de Biociencias Tapachula, y la doctora Leticia Flores, a quien me tocó acompañar a su registro. A pesar de ello, esta administración no se distinguió por la presencia femenina en los puestos de toma de decisiones.

Ya entrada en materia, mi tema es la paridad y por ello con gusto apoye a María Eugenia Culebro, hoy secretaria general, para Rectora, y quien ocupara el puesto por un tiempo de secretaria académica, hoy jubilada después de una brillante trayectoria universitaria tanto en la Facultad de Medicina como en la Universidad Virtual, la doctora Leticia Flores se inscribió de último minuto. Por primera vez en una administración tuvimos a dos mujeres ocupando dos cargos que habían sido en términos metafóricos y reales espacios masculinos. La doctora Guillermina Vela Román, distinguida académica  de la Facultad de Derecho, sustituye en la Secretaria Académica a la doctora Flores.

Después de estos avances sorprende que en la actual convocatoria solo se haya registrado la doctora Marilú Camacho, sin embargo, todavía falta una semana y podría haber sorpresas. Creo que a estas alturas de la vida universitaria, debería haber un buen número de universitarias aspirando a suceder al actual rector,  lo que merece un análisis si todavía a las académicas de esta casa de estudios les falta romper el techo de cristal, ese techo invisible que enfrentan las mujeres al momento de tratar de escalar en la estructura organizacional, por otra parte debemos aprender a negociar «el primer paso es que las mujeres asuman que la mayoría de las cosas en su vida son negociables, que no tienen por qué aceptar el status quo”.

En una contienda, uno no le apuesta al todo o nada, hay espacios de negociación, si los Hados favorecen la reelección del Doctor Carlos Natarén, considero prudente para la unidad universitaria, la integración a su equipo de la doctora Marilú Camacho, u otras posibles candidatas con trayectoria y antigüedad en la Universidad Autónoma de Chiapas o viceversa.

Hablar de la paridad de género en el ámbito universitario resulta complejo, no sólo para México y América Latina, también lo es para el resto del mundo; prueba de ello es que de acuerdo al ranking de Times Higher Education solo 17 por ciento de 200 de las mejores universidades mundiales están dirigidas por mujeres (Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia, Canadá, Francia y España). El director de Iesalc-Unesco Francesc Pedro, señaló que se requieren políticas públicas activas que promuevan el acceso a la mujer a puestos directivos y que las instituciones educativas, y en particular las universidades sean un ejemplo a seguir. El liderazgo en las universidades públicas y privadas de México continúa, en su mayor parte, en manos de hombres a pesar de que la matrícula femenina sea mayor. Actualmente, en México hay siete rectoras.

Los techos de cristal se han incrementado con el Covid-19 y se ha visibilizado la falta de estrategias que fortalezcan el liderazgo femenino y han mostrado el impacto de los estereotipos en los espacios físicos y virtuales. Lo asombroso de esto es que en pleno siglo XXI sigamos hablando de la invisibilidad de las mujeres en el campo universitario.

Las Universidades Públicas en México, al igual que en el sector empresarial o sector público, deben enfrentar los nuevos desafíos que demanda el entorno global, como es la diversidad y la paridad de género. En este contexto, avanzar hacia la igualdad y equidad de género en dichos cargos es un reto para las universidades públicas mexicanas.

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