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Primeras Damas, trabajo impuesto y sin remuneración

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Mar de Ideas

Me preocupa lo que se valida desde el poder

Martha Barragán

Mar Barragán,
SemMéxico, 30 enero 2018.- Hace algunos días me dispuse a ver un documental sobre Barack Obama en una charla con David Letterman, por cierto lo recomiendo mucho.

En un momento de la conversación, le preguntaron si Michelle Obama se lanzaría a la presidencia, y él respondió que siempre le reclamó haber sido la Primera Dama de los Estados Unidos, sin sueldo, y que ella tomaría esa decisión después. 

Me llamaron la atención muchas cosas sobre ese pequeño y poderoso fragmento: lo primero fue ¡que no tienen paga las primeras damas! fue una bofetada de nuestro sistema, hundido en estereotipos de género desde el poder.

Increíble que siempre estuvo en mis narices y no lo veía. Irremediablemente me hizo reflexionar sobre lo que pasa en el nuestro y en otros países. Y me di cuenta que en la mayoría es así. 

Y claro que me ha causado total indignación por lo que valida este “cargo” impuesto. Si hubiera un anuncio en un diario para el cargo diría algo así:

“Se solicita buena esposa, con altas expectativas morales, bajas profesionales, que dé buenos resultados en el trabajo altruista, sin ambiciones políticas ni profesionales, y de ninguna manera más altas que su marido. Sin pago”.

Terrible, ¿Verdad? pero el terror no termina ahí. Desde luego, no pude resistir revisar que decían las esposas de los precandidatos de las precampañas en juego, observé lo siguiente y rescaté estas frases, las creencias que manejan estas mujeres, esposas de dos de los precandidatos:

– “Cuando soñamos hay que soñar con los pies en la tierra”
– “A mi no me gusta exhibirme mucho, es ‘por la debida prudencia’, mantener perfil bajo, un 
lugar marginal porque no es mi campaña”
– “La mujer debe dejar de competir contra los hombres”
– “Yo estoy para apoyar a mi esposo”
– “Para mí, mi prioridad es mi familia”

También está lo que dicen los medios, como evalúan o validan a la esposa de los candidatos como buena opción, y de este sector se escucha algo como esto:

– “El acierto de ella es que lleva una línea constante en su estilo, es conservadora al vestir y no llama la atención”…. Opinión de diseñadora de moda.
– “Ella es muy buena en el trabajo de voluntariado, le gusta pintar y lo hace bien”
– “Ella es una pintora aficionada con “cierta suerte” de exponer sus pinturas en algunas exhibiciones en este país y en Estados Unidos”
– “La pintura es su gran pasatiempo”
– “Ella se ha dedicado al voluntariado, y divide sus actividades entre la crianza de sus hijos y su afición por la pintura”.

Permítanme un momento queridas lectoras y lectores… fui a devolver el estómago.

Leo estas frases y me dan más náuseas. Si revisan lo que dicen las personas que apoyan a sus candidatos ponen como un gran acierto tener una mujer con pocas aspiraciones políticas y profesionales, y mejor aún, ninguna, como garantía de no molestar al “Rey” de no opacarlo, de que no gobierne detrás del escritorio, porque obvio, ni pensar que fuera presidenta de la República.

Otra idea que me retuerce la panza es cuando dicen con orgullo que tienen carreras que no ejercieron, como si fuera algo muuuuuy bueno, ¿por qué creen?… claro, por dedicarse a la familia. Y ya lo que me mata es que son buenas por que son artistas desconocidas, escriben libros sin mucho éxito y hacen exposiciones que con “cierta suerte” se exponen en México y Estados Unidos. Desde luego, porque para exponer no se necesita talento, se necesita “cierta suerte”. ¡Ay!, perdón, se me pasaba que no debe ser notorio su talento.

¡Ay no!, ya no puedo más con esto, este afán de no ser muy notoria, de ser mesurada, de guardar la “debida prudencia”, de que se considere “buena esposa” y mejor Primera Dama, porque se quedará en su lugar sin llamar demasiado la atención. Eso sí, con un comportamiento impecable, de tal forma que la Madre Teresa de Calcuta sea la niña más rebelde del grupo.

Que dé altos resultados en el altruismo, que adorne bonito las fotos del señor presidente. Que se vista reservada, sin llamar la atención, oootra vez, que lo acompañe en todos los eventos cumpliendo el protocolo de una primera dama. Es decir que se vea pero no mucho, que sea visible como buena esposa pero invisible como mujer profesional. 

Noté importantes diferencias cuando hay una mujer empoderada acompañando a un presidente, me refiero a Michelle Obama, quien estaba en desacuerdo en hacer el papel de primera dama por ser un trabajo arduo y no remunerado. 

¿Qué podría ser más desempoderador que la esposa del presidente teniendo el trabajo de “primera dama” no remunerado?

Otra diferencia es las muchas veces que se escribió sobre Michelle, quien es una exitosa abogada, con una carrera desarrollada, reconocida, empoderada. Incluso se escribe con cierto orgullo que cuando su esposo era senador ella ganaba más que él. Se refieren a Michelle como otra persona, con una identidad propia, una profesión propia, una presencia en el mundo propia, no como “la esposa de…”

Claro que también los medios fueron implacables con ella, la juzgaron por las mismas razones que la distinguen. 

¿Qué tal esta reflexión?, ¿no les queda un sabor de cierto agridulce? o más bien amargo… Me preocupa lo que se valida desde el poder, lo difícil que es cambiar la cultura patriarcal, el culto a los reinados, la ignorancia de nuestros roles sociales.

En una empresa del sector privado, si un hombre es presidente o director de la organización, la esposa, es la esposa y nada más. No adquiere ningún rol estereotipado de género o de monarcas. Ellas son libres de hacer carrera profesional que quieran y trabajar en lo que quieran. Ya se que me dirán que sí hay empresas así, pero son de la vieja escuela, ya no es la tendencia. Ahora las empresas han adquirido responsabilidad social, es decir ser organizaciones conscientes que se hacen cargo de su contribución social. Aunque no son todas las empresas es la nueva tendencia.

Es importante poner atención en los discursos de los y las candidatas, de cual es su postura frente a nuestro género, qué validan a través de sus acciones, cuáles son sus creencias respecto a las mujeres y el poder. Cómo tratan a las mujeres que los rodean, ya que es lo que habla fuerte y claro de sus verdaderas creencias. 

Tenemos serios problemas de violencia de género y todos ellos son resultado de lo que se valida desde el poder; quienes tengan intención de dirigir nuestro país no pueden dejar a las mujeres fuera de políticas y acciones que garanticen sus derechos y el camino hacia la igualdad.

En fin, aún queda mucho por reflexionar. ¿Qué opinas tú?

Martha Barragán Mar
Meta Coach & Caricaturista

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