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Desobediencia| Que las madres se subleven y decidan

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Sobre el regreso a clases

Desobediencia

Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico. Zaachila, Oaxaca. 16 de agosto 2021. – No conozco aún a ninguna madre que esté segura de cómo proceder ante el regreso a clases. Hasta este momento, no hay respuestas a todas las posibles inquietudes. Es más, con la proliferación de la variante Delta del Coronavirus 19 y su comportamiento regresamos a un estadio de duda total. ¿Sabemos algo del bicho que nos diezma?

A esta incertidumbre, hemos de sumar el abono del Gobierno mexicano que no sabemos cuándo informa, cuándo desinforma y cuándo nos manipula. En todo caso, no puede confiarse en lo que nos dicen: ¿la variante Delta no está ahora incidiendo en las generaciones más jóvenes? ¿No es un peligro mortal para las niñas y niños?

“Llueve, truene o relampaguee. Se tienen que correr riesgos como todo en la vida.” Así sentencia López Obrador con el tacto del elefante empático con un desenfado que no corresponde a referirse a riesgos de vida y muerte; o de respeto a la zozobra de no saber si se enfrentan riesgos mortales.  Las madres y aquellos padres involucrados necesitan garantías más que una advertencia autoritaria.

Me imagino también a las madres, con ese deseo de desembarazarse unas horas al día del tutelaje maternal y tener tregua. Pero no puede ser como la “decisión de Sophie” a costa de que sus hijas e hijos lo arriesguen todo.

Dice esta nota del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF del 7 de junio de 2021 con respecto de México que“El regreso presencial a las escuelas, tras más de un año de cierre por la pandemia de COVID-19, es un paso clave para la continuidad de la educación y la recuperación de aprendizajes que contribuirá a mitigar problemas vinculados a la malnutrición, la violencia y el embarazo adolescente, entre otros.”

Y que “La experiencia a nivel internacional demuestra que un cierre prolongado de escuelas puede afectar negativamente a toda una generación en el corto, mediano y largo plazo, provocando pérdida de conocimientos y habilidades que, en el caso de México, se suma a una crisis de aprendizajes ya existente antes de la pandemia.”

Ni que dudar que a las niñas y niños, estar en confinamiento, remitidos al ámbito familiar, les está causando graves afectaciones, pienso en las tiernas infancias, que están perdiendo la etapa de la socialización, cuando se hacen personas, forman su identidad, despliegan su personalidad, adquieren autonomía y se miden con sus pares. Tiempo irrecuperable. Me da pena que yo soy la única amistad de una niña de cuatro años.

Pienso también en la violencia a la que cataliza el confinamiento y que se cierne sobre su vulnerabilidad y en el abuso sexual. Esos embarazos adolescentes y matrimonios tempranos, cuando no se trata de franca violencia de mayores a menores. En contextos de promiscuidad.

Y la violencia intrafamiliar. ¿Cómo se resuelve psíquicamente el hecho de vivir violencia paterna, y tener una madre víctima y a su vez violentadora? 

La casa familiar no es el lugar más seguro para las infancias. Mejor la escuela.

Delfina Gómez, la Secretaria de Educación, ha difundido esta semana el Decálogo para el regreso a clases presenciales https://www.capital21.cdmx.gob.mx/noticias/?p=25827 . Este Decálogo está bueno para condiciones estándar de funcionalidad, no en las escuelas precarias de por sí desde antes y ahora en la pandemia, vandalizadas. Las condiciones en las que esté cada escuela es condición para salvaguardar la salud de la comunidad escolar.  Agua corriente en los baños, agua en los lavabos, agua en los bebederos y el abasto continuo de los insumos para la higiene y la profilaxis. Espacios abiertos para observar la sana distancia y el correr del viento y techados que no todas las escuelas tienen ni en todos lados son apropiados, por ejemplo, donde los climas extremos.

El cubreboca permanente y bien colocado. Tiendo a creer que la gente más menudita es la que se adapta mejor. En tanto más grandes más necios y distraídos.

En el Decálogo se hace saber a “Los padres de familia (que) deberán entregar en la escuela, diariamente, una carta compromiso, asegurando que su hijo o hijos no presentan síntomas de enfermedad o de COVID-19.” Debidamente firmada. Y a eso le llaman en el punto diez “Carta compromiso de corresponsabilidad”. Me parece que es para eximirse la SEP de toda responsabilidad. Y me parece una majadería mayúscula.

Dice una joven madre de mi pueblo (Zaachila) que si ella es la responsable de lo que pase en su casa y en la escuela con sus hijos, entonces se quedan en su casa para poder hacerse responsable de ellos; que le manden las tareas. Es decir, el riesgo lo corren las niñas y niños, sus mamás; la escuela se deslinda.

El contingente de madres de las crías de preescolar, primaria y secundaria, son quienes deben decidir si regresan y cuándo. También los padres que sean responsables. Decálogo en mano cada escuela debe garantizar que lo previsto en él es posible cumplirlo y cada mamá debe exigirlo. De otro modo no hay condiciones. Es decir, lo primero es que hagan el diagnóstico del estado de la escuela.

Deben tomar las decisiones sin permitir manipulaciones políticas de las autoridades, de los gobiernos y de las estructuras sindicales como el SNTE y la CNTE. Es decir, para velar por la salvaguarda de sus hijas e hijos, que se acuerpen y estén al tanto de manera autónoma. Y que tengan toda la claridad y la certeza. Conviene que se acerquen y conozcan la organización de la entrada y la salida y sepan cómo van a estar durante el tiempo de la jornada escolar.   

Es imprescindible que conozcan los protocolos de manejo en situación de contagio, porque hay que saber si vino de dentro de la comunidad escolar o de fuera y resguardarse.

Y por supuesto, considerando el estado general de la pandemia.

Hagan valer su voz, mamás.

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Twitter: @euphrasina (amor por la elocuencia)

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