COLUMNASFlorencio Salazar Adame

Tardes de Café

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Florencio Salazar Adame

La poesía está acechando a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento.

Jorge Luis Borges.

SemMéxico. Chilpancingo, Guerrero. 14 de julio 2021.- Jorge Luis Borges ha dicho en su Arte Poética casi todo lo que se puede decir sobre poesía. La poesía es indescifrable. Hay tantas definiciones como poetas. Son palabras acumuladas en el sentimiento; irrumpen para expresar los ocultos designios de la idea poética. Es la parábola de la creación, el arco que dibuja arco, la flecha que se inventa para ser también el mismo blanco.

Los primeros poemas suelen ser producto de la espontaneidad, del arrebato lirico, del momento de un toque celestial, a partir del cual el pensamiento dicta y crea. Pero no, no hay divinidad que inspire. Son los sentidos y las palabras acumuladas en el sentimiento; irrumpen para expresar los ocultos designios que expresan la idea de vivir.

Fernanda Ortiz comparte sus Tardes de Café. Son 27 poemas en tres apartados y se advierte en los textos el ascenso del verso libre hasta arribar a la poesía en prosa, en un discurrir que parte de lo amoroso hasta la lírica proclama del carácter femenino. Algunos han dicho que hacer poemas amorosos es lo fácil y decadente o se espera acceder al monopolio femenino de los poemas eróticos, según advierte Piedad Bonet.

En vías de su inexorable extinción el adjetivo “poetisa” –Juan Ramón Jiménez califica de “poetisos” a los malos poetas– afortunadamente cada vez hay más mujeres poetas. Mujeres que se atreven, en esa larga distancia de la pluma al papel, a ser amorosas, eróticas, armadas, broncas, justas, irreverentes, a salir al viento para navegar en sus corrientes y en contra de ellas. Tardes de Café es elocuente en esa fila.

La producción literaria reseña muchas vidas, tantas como haya leído, visto, oído, vivido, investigado, imaginado, el autor o la autora. El ser humano es eco, filtro y espejo. Sus sentidos son los vectores de su memoria, la memoria de su imaginación, la imaginación de su lenguaje y el lenguaje de su obra. Y deja sueltos los deseos como animales salvajes:

Tus besos y tus lecturas/ provocándome, / mordiscos que siembran alaridos, / huellas lúbricas, / dedos que escriben en mis muslos / poesías malditas.

Los textos de Ortiz germinan y relevan la complacencia. La poesía es misterio, carece de instructivos para su lectura y se ofrece a la imaginación del lector para que descifre su cábala.

En la segunda parte del texto, la poeta se aleja de su propensión al amor dispuesto al ónix del sacrificio. Su voz madura hablando hacia su interior, con las heridas cerradas está a salvo del naufragio

Aprendí a ser yo misma, / a ser mi brújula, a encontrar / la voz de mi leyenda.

En algún momento parece desleída de la poesía y con antigua resonancia encuentra paraísos donde nadie canta/ sin dios ni dioses. Pero sigue la huella perdurable de las palabras y en ellas concentra su naturaleza lógica y abstracta: Sólo creo en ti, poesía que me incendia/ y humedece mis ausencias, que asciende desde la locura instalada en los tobillos, poesía que se vuelca de luna ardiente:

Soy ave migratoria / en el periplo de los cuerpos,

El libro va en ascenso. En el tercer fragmento de Tardes de Café sorprenden sus poemas en prosa. En este segmento sigue siendo ella y el amor, pero también ella y su entorno, ella y la vida, ella y los desafíos de la vida. Se entretejen la prosa, el verso libre y el ímpetu de los versículos.

La complejidad del poema es mayor que la de cualquier otra obra literaria. Supongo la interpretación diversa de la poesía –siguiendo la línea de Octavio   Paz– por la abusada ambigüedad y porque «ahora palabra clave es indeterminación». La poeta y el lector son dos sujetos distintos: la poesía es la intención y el lector el propósito. Los títulos de los poemas son indicativos: Despertar, El café, Porvenir, Siete motivos, Caminar, El arte de la negación, No moriré del todo, Aprendí a vivir, A mis cuarenta.

La poesía de Fernanda Ortiz coincide con Antonio Orihuela en su nota introductoria Tan lejos, tan cerca en 21 Balas, Antología de poesía mexicana actual: “Estamos, pues, ante una poesía que lucha contra el olvido, atravesada y trasmutada por los más altos valores, construida desde la solidaridad y la conciencia crítica, abierta a la complicidad y el abrazo, magnética y sólidamente construida sobre las palabras que convoca a la humanidad en lo mejor de cada uno y en el convencimiento de que otro mundo es posible”.

En la madurez de su juventud, Fernanda Ortiz, encontró su voz resonante, que se incorpora sin humildad ni soberbia al concierto lirico en donde La poesía es torbellino que escribe y reescribe las metáforas, con el deseo de que esta santa descalza en los jardines, que aprendió a vivir con la piel herida, desollada, aflore en más poesía y sea Camino en los muros del alba.

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