Internacional

Violencia sexual en Ucrania: punta del iceberg

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Redacción

SemMéxico/AmecoPress, Madrid, España, 22 de junio de 2022.- La violencia de género, incluida la violencia sexual, es un arma de guerra de uso generalizado, aunque permanezca invisibilizada y en el  caso de Ucrania, la ONU ya ha registrado 124 denuncias por este delito; que solo es la punta del iceberg, ya que muchas mujeres tienen miedo de hacer visible dicho delito frente a las autoridades porque la impunidad y revictimización podrían ser las principales razones del subregistro de casos.

Alianza por la Solidaridad-ActionAid, que trabaja con organizaciones feministas locales en la zona de conflicto, denunció que la atención a las mujeres refugiadas, víctimas de violencia sexual, es deficiente en los países de acogida por falta de protocolos, recursos y legislación adecuada

La violación, el embarazo no deseado, trata de personas y otros abusos sexuales se convierten en una táctica de control y humillación para las víctimas de las guerras, y también en un instrumento para minar la moral del adversario. Sin embargo, para las mujeres y niñas, se convierte en una cicatriz que puede ser invisible, pero que queda incrustada en sus mentes y determina su personalidad y su recuperación después del conflicto.

Alianza por la Solidaridad-ActionAid, que actualmente trabaja en la respuesta a la guerra de Ucrania, subrayó la necesidad de proporcionar la asistencia y el acompañamiento necesarios a las supervivientes de violencia de género, incluida la violencia sexual, tanto dentro de Ucrania como en los países donde buscan refugio.

Sobre el terreno, la ONG ha podido constatar que, en muchos casos, los servicios públicos en esos países no garantizan cuidados esenciales, como la gestión clínica de la violación, por varias razones: falta de medios y de protocolos adecuados, falta de habilidades y conocimientos o, como en el caso de Polonia, políticas muy restrictivas en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas, lo que supone un serio obstáculo para las víctimas.

De hecho, la prohibición del aborto en este país ha provocado que mujeres refugiadas se vieran obligadas a regresar a Ucrania para que se lo practicaran, antes de volver a huir de la guerra.

Los protocolos de referencia para las supervivientes siguen teniendo muchas deficiencias en países vecinos de Ucrania. En el caso de la Gestión Clínica de la Violación (CMR), uno de los primeros pasos es proporcionar a la persona que han sufrido violencia sexual profilaxis posexposición (PEP) en las siguientes 72 horas.

El protocolo recomienda administrar antirretrovirales y antibióticos, con el objetivo de evitar enfermedades de transmisión sexual y otras infecciones, y anticonceptivos. Sin embargo, los llamados PEP kits no están disponibles de manera generalizada y tampoco se garantiza una atención médica especializada en los países de acogida, incluido el examen forense y el enfoque centrado en la superviviente.

En Ucrania, también es difícil encontrar centros donde se realice la gestión clínica de la violación debido a la falta de medios. A esto se suma que muchas mujeres priorizan otras necesidades y las de otras personas, como dependientes a su cargo, a las suyas propias.

Enfoques centrados en las supervivientes

“La vergüenza y el miedo hacen que un gran número de casos queden invisibilizados y sin denunciar. Esta situación se agrava si las víctimas no disponen de recursos ni información sobre los servicios disponibles. Experiencias previas con los proveedores de servicios que hayan sido desagradables también juegan un papel importante”, dice Atria Mier, especialista en género y coordinadora de humanitaria de Alianza-ActionAid para Moldavia y Ucrania.

Según la ONG, es necesario que el personal de las organizaciones y los agentes en fronteras sepan atender a quien pueda haber sufrido violencia sexual y/o violencia de género y sepan derivarla a los servicios adecuados. En este sentido, Alianza-ActionAid aboga por enfoques centrados en las supervivientes, en las que ellas decidan por sí mismas y se preserven la confidencialidad, la seguridad y la dignidad. Invertir en el desarrollo de capacidades del personal que está en primera línea es clave durante la respuesta y el proceso de recuperación.

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