Claudia AlmaguerCOLUMNASCOLUMNISTAS

Violencia vicaria: los hijos como instrumento

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*Al llegar el momento de la separación definitiva el riesgo de un incremento en las agresiones es una constante, si algo cohesiona a la violencia machista es la búsqueda de control y dominación sobre la víctima.

*Desde la Mano Izquierda

Claudia Almaguer

SemMéxico, San Luis Potosí,  12 de junio, 2021.- Este jueves las autoridades españolas han dado a conocer el hallazgo del cuerpo de una niña de seis años, estaba en el fondo del mar dentro de una bolsa atada al ancla del barco de su padre que la llevó allí junto con otra hermana de un año de edad cuyo paradero a estas horas aun es desconocido. Ese país llevaba desde abril esperando por noticias luego de la denuncia hecha por su madre, una historia desafortunadamente conocida para muchas víctimas, la amenaza de: “Te voy a quitar a los niños”, “No les vas a volver a ver”, “Te voy a dar en donde más te duele”.

La psicóloga Sonia Vaccaro ha hablado recientemente en un programa de radio  de este conjunto de actos a los que denomina violencia vicaria, una forma de maltrato que se ejerce sobre la mujer mediante el daño a terceros, cuando son los hijos, las conductas pueden ir del descuido hasta el asesinato como medio para herir a su madre y casi siempre se produce con posterioridad a que ella consigue terminar su relación.

Sabíamos por ejemplo, que en este tipo de casos al llegar el momento de la separación definitiva el riesgo de un incremento en las agresiones es una constante, si algo cohesiona a la violencia machista es la búsqueda de control y dominación sobre la víctima, de allí los actos de hostigamiento, las peticiones reiteradas de perdón, la alianza con familiares y amigos para convencer de brindar otra oportunidad, de volver, de retirar la denuncia o la demanda de divorcio y sí, también sale a colación un supuesto bienestar para los hijos en común.

En sociedades como la nuestra la mujer que se separa o se divorcia tiene por delante un camino en solitario, la alteración del mandato de género respecto a la tolerancia que su rol debe tener en una familia suele reprocharse con facilidad, se pierde la seguridad económica y hasta el entorno social, pero desde afuera de una relación con violencia los cercanos habrán alcanzado a intuir una proporción mínima de la dimensión real del problema.

Este es el terreno donde la violencia vicaria sucede, idas y vueltas donde los niños no son entregados a la hora prevista, ni hay respeto por los acuerdos, las madres describen situaciones de negligencia dirigidas a culpabilizarlas: “han comido mal porque no tengo que darles”, “se ha orinado porque no llegas a tiempo”, ayuda a invisibilizar todo esto el mérito extra atribuido a los varones por hacerse cargo de sus hijos en el tiempo que toca, si hay negligencia, inclusive al grado de causar lesiones la justificación alude a la madre por separarse y no cumplir su papel, por dejarlo solo si “naturalmente” no sabe cuidarles.

Tampoco es algo que se valore adecuadamente en el interior de los juzgados y juegan en contra sendos estereotipos, se consiguen cantidades miserables de pensión alimenticia a cambio de amplísimos tiempos para visitas, no es hábito considerar la remoción de la custodia o la patria potestad, ni siquiera con el respaldo documental de denuncias previas: el pater sigue siendo en el Derecho, inmaculado al grado de que las decisiones judiciales se toman en torno suyo.

Insistimos, no se puede valorar de manera neutral una dinámica de relaciones donde existe la violencia, la igualdad ante la ley no puede tornarse en ceguera o en incompetencia habiendo vidas en riesgo. Un agresor siempre se resiste a perder el control que tiene sobre su víctima y eso se vuelve lo más importante, por encima ya se ve, hasta de sus propios hijos, no hay enfermedad que lo explique, no hay trastorno, se trata de hombres comunes formados como cualquier otro, con la creencia de que sus compañeras les deben sumisión.

Pero un maltratador nunca será un buen padre. A ver.

Twitter: @Almagzur

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